Si es bayer, es bueno

Es muy probable que ya no sepa qué hacer con usted mismo, con el cansancio, la incertidumbre y el estrés que padece desde que inició la pandemia.

La COVID-19 llegó sin avisar y para quedarse. Es una situación que en un abrir y cerrar de ojos le dio un vuelco a nuestra realidad, nos obligó a quedarnos en casa y a “echar pa´ delante” con nuestra vida, como sí nada.

Si bien “la pandemia nos agarró con los pantalones abajo”, como dice ese discurso tan de moda que tras seis meses nos siguen echando para excusar la incompetencia en la toma de decisiones, no es mentira decir que la poca consciencia, prevención e intervención por parte del estado en cuanto a  salud mental, viene desde hace años mostrando los calzones,  y ahora mismo, pasando factura en plena crisis.

En primer lugar hay que reconocer que la pandemia en  salud mental precede al Covid, esa ya estaba ahí, latente y cobrando estabilidad emocional a quien le toque. Lo que pasó con la cuarentena es que muchas personas se enfrentaron por primera vez a su salud mental, al encierro, a la incertidumbre, al silencio, a un nuevo contexto social y a un millón de preguntas que no se habían hecho antes, de manera que, el principal problema radica en que la situación por si misma ha dejado a un resto de gente de todas las edades, sedientas por tener el lenguaje y las herramientas para hablarlo, identificarlo, reconocer qué les ocurre, que tienen y por qué se sienten así. 

según cifras del Ministerio de Salud las líneas territoriales de salud mental han mostrado un aumento en las consultas hasta del 30% durante la pandemia, siendo la depresión, ansiedad y violencia los motivos más frecuentes.

Aunque estas cifras pueden ser muy alarmantes al consignar que la demanda de consultas ha subido, es mucho más preocupante si hacemos un análisis del sub registro enorme que estas podrían estimar, teniendo en cuenta que no muchas personas deciden o pueden acudir a servicios de salud mental. 

Lastimosamente en Colombia uno se puede morir a la espera de una radiografía; asimismo, la realidad es que pedir una cita psiquiátrica o psicológica por EPS puede convertirse en una actividad aún más difícil y el acceso a los tratamientos terminar siendo una cuestión de quien tiene los recursos para costearlos.

Es normal que ante el cambio experimentemos emociones intensas como el temor, el miedo, la tristeza, la impaciencia, entre otras, de modo que debería ser aún más normal pedir ayuda. Dejemos el tabú, no repitamos esa estigmatización de que quien acude a terapia está “loco” o “rayado”, no seamos cómplices de ver como otro se derrumba, o hasta nosotros mismos, por miedo a qué van a pensar. 

¿Cómo no permitir sentirnos mal si  fuimos extrapolados de nuestro modus vivendi a una nueva realidad casi fílmica e increíble para muchos de nosotros un año atrás?

Solo pensemos en todas las personas que se ven obligadas y expuestas  a ir por el rebusque para dar de comer a sus hijos; en los docentes haciendo de las suyas para poder incentivar y dictar clases de calidad a los estudiantes, en los jóvenes de sectores  rurales sin acceso a internet para cumplir con sus obligaciones escolares, en las mujeres encerradas con su agresor, en los niños y niñas con padres analfabetas y sin quien guíe su proceso educativo, en las personas que tienen COVID-19 y están  viviendo estigmas sociales insanos, en las condiciones precarias que está trabajando el  personal de la salud, en las  miles de  personas que perdieron su empleo, en los  jóvenes  extrañando a sus amigos para rumbear o reírse, en los adultos mayores en casa desesperados y temiendo por su vida, en los adolescentes a la espera de pronunciamientos sobre su ingreso a la U, o para ponerlo general, en Colombia entera encerrada en casa viendo como masacran a sus jóvenes, indígenas y líderes sociales.

Si lo pensamos bien, es hasta dicotómico el discurso en un país que ha sido tan violentado y que tiene tantas heridas por examinar y sanar. Ojalá todo lo que estamos viviendo voltee la conversación hacia donde es, hacia el reconocimiento, la empatía y la prevención.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: