Crónica de las Revueltas Bogotanas

TENÍA MAS EN COMÚN CON TODOS NOSOTROS QUE CUALQUIER OTRO ENTE MAGNÁNIMO…

En vísperas del cumpleaños número cincuenta y nueve de mi tía el asesinato de Javier Ordóñez a manos de la policía desato una serie de revueltas y desmanes que destruyeron casi la totalidad de los comandos de atención inmediata, los mal llamados CAI’s centros de legalización de crimen donde se cobraban vacunas y los agentes oficiales operaban a modo de una mano negra, administraban los arriendos de los puestos de venta informal, cobraban deudas del microtráfico y autorizaban robos o se organizaban oficiales y criminales para actuar de manera conjunta y creíble, esta era una realidad de la que todos estábamos consientes; lo que paso esa noche es que nos sobraban razones, Javier no fue una mecha previsible, sino interruptor,

porque ese hombre que no era ni un político, ni líder social ni nada, tenía mas en común con todos nosotros que cualquier otro ente magnánimo, un taxista con título de abogado, al parecer atormentado y fiestero fue la figura que ignicionó las calles de la ciudad. 

Al día siguiente la policía asesinaría a Julieth Ramírez, de 19 años, en Suba La Gaitana, Christian Hernández, de 24 años, y Jaider Fonseca, de 17 años, asesinados en Verbenal la misma noche del 9 de septiembre. Germán Smith Puentes, de 25 años, también fue asesinado  por la policía en Suba Rincón de un disparo en el tórax; en esta última locación la policía atacó  a los manifestantes de frente, en videos se ve como huyen las personas a través de las canchas mientras les disparan. Por último, Christian Hurtado Menecé, de 27 años en Soacha Ciudad Verde siendo este el caso mas alejado al centro urbano. 

Pero la rabia no quedo en una masacre injusta, los enfrentamientos resultaron en CAI’s, Motos oficiales y hasta buses del SITP incinerados, sin mencionar el articulado que quedo reducido a cenizas en Bosa.

Los informes de la policía hablan de 15 buses del sistema de transporte vandalizados y unas decenas mas de vehículos policiales junto con algunos vehículos particulares, en tiempos mas fundamentalistas serian llamas divinas purificando los dañinos productores de hidrocarburos. Polvo eres y polvo serás. 

Mi abuelo murió ese mismo día, no de enfrentarse a la policía, sino a causa del alzhéimer y el párkinson degenerativo que le venía corroyendo su cuerpo ya oxidado por la edad, algo muy similar a lo que ya hace el esquema policial en todo el país; sin embargo gracias a las revueltas el luto fue un carnaval fúnebre para mí, esa es la belleza que hace de Bogotá un espectáculo escalofriante, noches oscuras que por el frío paramuno por el cual los abrigados grupos suburbanos ganaban su estética particular, era una feria típica y coloquial embellecida con punketos, hippies, estudiantes, trabajadores, extranjeros y a veces un solo individuo podía serlos todos al tiempo. 

Entre el 10 y el 11 de septiembre se levantaron bibliotecas populares, huertos comunitarios y centros culturales donde quedaron los restos de las estaciones de policía que fueron incineradas, erguidas no por iniciativa del distrito sino como una forma de los habitantes de rendir homenaje a los muertos de la violencia, el CAI de la Gaitana paso a llamarse Centro Cultural Julieth Ramirez y se hizo un mural en su memoria (el cual borraría la policía de manera insensible y cruel con la comunidad);

En el Parkway de Teusaquillo, durante mas de 5 horas seis escuadras de oficiales del Escuadrón De “Muerte” Antidisturbios (ESMAD) tuvo que vernos bailar, beber, declamar, pintar y compartir como comunidad la fiesta de emanciparnos de una vigilancia corrupta e inescrupulosa, bueno, eso mientras duro,

al poco rato el ESMAD avanzo despejando y retomando el CAI de manifestantes, que al día siguiente se aglomeraron nuevamente tomando la locación y haciendo ejercicios de discusión sobre temas como la necesidad de las cárceles en el país.

Ahora, con el COVID respirándonos en la nuca, la seguridad alimentaria en el piso y sin mencionar el desempleo y la desigualdad social en una ciudad masiva y ridículamente atrasada como Bogotá, las personas se preparan para nuevas jornadas de paro el 21 de septiembre, jornadas que quieren manifestar la inconformidad, pero aun mas importante, organizar la digna rabia y el dolor dejado por un sistema mediocre y abusivo en todas sus esferas, un modelo económico injusto y desigual que debe ser abolido y reemplazado totalmente, porque de lo que venimos siendo no es mas que reinvenciones y reencauches de los nichos gobernantes y sus largas dinastías y linajes que han repartido el país a gusto y poder hacer un país para Javier, Julieth, Cristian, Jaider, Germán y Cristián H, para que los desadaptados, los marginados, para los maricas, las trans, para los indígenas, y donde se puedan confrontar ideas en paz, donde la polémica y la crítica sean el centro de las discusiones diarias para llegar a acuerdos comunes sin la necesidad de tener entidades violentas, represivas y asesinas. 

Desarmar a la policía Bogotana es una obligación urgente, para con nuestros muertos, hijos y seres queridos. 

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