Donde empieza la revolución

En el 2014, cuando estaba en grado once, durante la alcaldía de Petro se finalizó la reconstrucción de mi colegio que llevaba ocho años sin usar por desgaste y unas grietas graves producto del sismo del 2008. Hecha de afán, como casi toda construcción colombiana, el agua falló por los primeros meses del año. Ya se podrán imaginar los baños sin agua usados por cientos de estudiantes. Nuestros directores, mediocres profesionales, pusieron baldes grandes de agua en el patio para que allí nos lavaramos las manos docenas de personas y nos restringieron el uso de los baños en toda hora que no fuera descanso. ¿Higiene? ¿Qué es eso? No ve que esto es un colegio público, aquí no hay de eso. 

Un día, cansados de los baños inmundos y la falta de respuestas de los rectores, una amiga y yo decidimos sentarnos en la mitad del patio, esperando a que nuestros compañeros se nos unieran, no íbamos a entrar a clases hasta que alguien nos respondiera por el bendito agua. Rápidamente nuestros compañeros de clase se sentaron junto a nosotras y con ellos, la mayoría del colegio. 

La campana que dictaba el final del descanso sonó y nosotros nos mantuvimos firmes, sentados en el patio, gritando, algunos hasta hicieron carteles improvisados con hojas de cuaderno expresando que necesitábamos un requisito mínimo vital. Agua. El profesor de matemáticas nos amenazó con que iba a entrar al salón y el que no estuviera ahí tenía cero en la próxima calificación… no nos importó ni sus gritos ni su ira, nosotros éramos más, estábamos unidos y no teníamos miedo.

Finalmente, tras varias horas de plantón, la rectora y el coordinador tuvieron que ceder, salieron a negociar con nosotros y un par de días después teníamos agua. 

Casi había olvidado este hecho cuando hace unas semanas me encontré en Mubi una película Brasileña que se llama ESPERO TU (RE)VUELTA. Una producción fresca y jovial donde se retrata la evolución de la protesta social en Brasil hasta la llegada de Bolsonaro al poder. Lo que más me impactó de esta película fue lo que pasó cuando intentaron privatizar las escuelas públicas

Jóvenes, menores de edad, estudiantes de bachillerato se organizaron y se tomaron las escuelas. No estuvieron una tarde o un par de noches, prácticamente se mudaron a los colegios en acto de protesta por días, y a falta de la presencia de profesores decidieron crear sus propias clases donde se incluía música, baile, autoestima y empoderamiento afro, feminismo, entre otras. La organización llegó a tal punto en que lograron crear grupos para cocinar y formas sistematizadas de repartirse la comida, hacían aseo a las instalaciones y armaban camas donde dormir. Lo que empezó en una escuela se extendió rápidamente a cientos de escuelas alrededor de todo Brasil… Al final no se logró la privatización de la educación pública.

Por supuesto, muchos de estos jóvenes se vieron obligados a tener encuentros violentos con la policía, muchos de ellos vivieron experiencias traumáticas, sufrían ataques de ansiedad o paranoia por culpa de la violencia ejercida sobre ellos. La película la crearon estos mismos estudiantes, y contrario a lo que uno pensaría, es una producción altamente profesional y original, no les bastó con tomarse las escuelas si no que también grabaron y explicaron todo el proceso de la revolución.  

En esos días se me ocurrió escribir sobre la importancia de que los jóvenes de bachillerato aprendan a exigir sus derechos. El colegio es un simulacro de la experiencia ciudadana. Es un ambiente controlado donde hay deberes y derechos, donde se tiene que convivir con diferentes entes de poder y donde hay reglas. De hecho, es en el colegio donde experimentamos por primera vez el ejercicio de la democracia, a comienzo de año se vota por el monitor, representante de curso, contralor y personero. Yo me lancé para personera en once, tristemente lo vi como una oportunidad para faltar más a clases y ser más popular. Realmente quería incluir clases de educación sexual de calidad, incluir visitas a los humedales, y tener espacios de recreación, pero sabía que con los directores que tenía, toda esa democracia era una farsa y una pérdida de tiempo. No fue del todo así, mi compañero Juan Carlos y yo logramos incluir visitas periódicas a diferentes humedales y generar concientización de estos espacios, pero no más. Creo que tardé mucho tiempo en comprender el poder que tenía en mis manos y que por la falta de información, no pude usar mejor. Ahora, tantos años después pienso que tal vez si se me hubiera enseñado la importancia de conocer mis deberes y derechos me hubiera organizado a mi y a mis compañeros para obtener mejores resultados en nuestra experiencia educativa. Y es que ese es el problema, en el colegio no nos enseñan acerca de la protesta, no nos enseñan a exigir nuestros derechos, ni nos incluyen en la toma de decisiones, es un ambiente represivo, cuadriculado, abusivo, no se nos invita a preguntar ni a pensar más allá, ni a debatir y menos a no estar de acuerdo. 

Salimos al mundo real sin saber la verdadera historia de nuestro país, sin saber el contexto político en el que estamos, no sabemos cómo se organiza el gobierno, no sabemos nada. Y le cogemos pereza a la democracia, a la política, a la historia, y cuando vemos el resultado de toda esta falta de información y alienación que vivimos en los colegios ya es tarde, y ya estamos siendo gobernados por una dictadura disfrazada. Y nos suben el precio del bus y no decimos nada, y no podemos entrar a la universidad y no decimos nada, y no conseguimos trabajo, y la gente se muere de hambre, y hay más feminicidios, masacres y violencia, y nosotros, callados. Nos masajean el cerebro para que estemos conformes y cómodos, que no nos preguntemos demasiado acerca de nada, que se nos olviden rápido las cagadas y las muertes.

¿Pero y qué pasa si un diente de este engranaje se rompe? ¿Qué pasa si los padres dejan de castigar a los hijos por protestar? ¿Qué pasa si alentamos a nuestros adolescentes a preguntar, a debatir, a investigar?. ¿Qué pasa si los profesores se vuelven más receptivos a la individualidad de cada estudiante? ¿Qué pasa si se le enseña al bachiller a ejercer la democracia y a empoderarse de sus derechos? ¿Qué pasa si la historia se cuenta diferente? 

El sistema educativo está manchado por la mermelada corrupta de nuestro gobierno, yo tenía profesores con dos pensiones que seguían trabajando, viejos que leían el mismo libro de hace cien años y tenían los métodos educativos de hace décadas. Tenía profesores de danza dando clases de informática o profes de español dando clases de educación física. Estudié en colegios que se inundaban cuando llovía y otros donde había plaga de ratas…

claro que es comprensible que a un profesor que le pagan mal, que tiene una EPS de mierda, y que trabaja en instalaciones deplorables no quiera hacer su trabajo al cien por ciento, pero es que precisamente esos problemas son causados por el mismo círculo vicioso de tirar ciudadanos jóvenes a la calle con pereza de conocer las problemáticas de su país y alzar la voz contra ellas. 

No solo tenemos una policía corrupta y un escuadrón antidisturbios violento, machista, y asesino que mata y mutila a nuestros jóvenes (que en paz descanse Dylan cruz) si no que también tenemos un sistema de educación que les está matando a los niños las ganas de ejercer la ciudadanía y la democracia. 

Cierto es que nos quieren ignorantes y manipulables y encima nos ponen a pelear entre nosotros, como animalitos. Porque divide y … reinarás, dice el dicho.

Finalmente me animé a escribir este texto por lo ocurrido el pasado 26 de octubre en Chile donde el pueblo votó SÍ a reformar la constitución hecha bajo el mandato del dictador Pinochet y que esta nueva constitución sea redactada por una asamblea plenamente elegida y avalada por el pueblo en un segundo plebiscito. Recordemos que hace un año Chile explotó en protestas masivas que se hicieron virales por todo el mundo, protestas que curiosamente empezaron porque un grupo de mujeres, estudiantes de bachillerato, se organizaron para exigir que no se le subiera el precio al pasaje del transporte público, este acto creció como una bola de nieve, y un año después, un país logra crear su propia constitución.

Es cierto que el futuro está en los jóvenes, pero qué futuro nos espera como jóvenes en un país donde el desempleo crece cada día, donde muchos no tienen las habilidades para pasar a universidades públicas (resultado de una educación mediocre y despersonalizada) y tampoco tienen el dinero para universidades privadas, un país donde mucha gente pobre y perteneciente a minorías ni siquiera puede terminar el bachillerato. ¿Qué futuro nos espera en un país donde un policía asesina a un joven de 15 años por pintar paredes, o a uno de 18 por protestar, o viola muchachas en cais y patrullas de policía?. ¿Que nos espera en un país que se vende a los extranjeros con leyes medioambientales laxas y mediocres. ¿Que nos espera si seguimos tan dormidos?.

Nos espera una dictadura violenta, una dictadura que se cuece a fuego lento, así como quien no quiere la cosa. Nos espera un país lleno de muertos, un país sin agua, sin territorios indígenas, un país dividido y egoísta. 

Joven, en ti está el poder, alza la voz y no tengas miedo. Con organización y juntanza se logran cambios tangibles, la violencia espera afuera e inunda las calles de rojo, ármate de arte, de letras, de pancartas, de pintura, escribe, debate, edúcate, infórmate, y sal a la calle, ahí estamos todos construyendo la revolución y te necesitamos a ti. 

Dedicado al estudiante por Ángeles Yepes

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