Crónica de un paro mil veces anunciado

Mis queridos lectores ávidos por desmenuzar algo interesante en mis palabras, tal vez sí o tal vez no, notarán la referencia a Gabo y su novela “Crónica de una muerte anunciada”. Dicha referencia no sólo se basa en una aparente falta de ideas para poner un título mínimamente ingenioso sobre un tema tan sonado como el Paro Nacional. Usted amigo y amiga se harán la pregunta lógica de

¿por qué un paro es mil veces anunciado?

Marcha Centro de Bucaramanga.
Créditos al autor

Bueno, pareciese ser cada vez algo más común en la jerga de la gente hablar de paros. Unos a favor y otros en contra (como en todo). Lo cierto es que gracias a los múltiples proyectos de ley aterradores ejecutados en lo legislativo, a los múltiples abusos por parte de las autoridades, a los escándalos de corrupción, a las actitudes permisivas en favor de la explotación a las personas, las instituciones, los valores y el ambiente ó, incluso, en las meras ineptitudes características de este gobierno y otros anteriores, el pueblo perteneciente a múltiples sectores no ve otra manera de responder ante la inconformidad frente al Estado mas que con la amenaza de un alzamiento.

Así reza la historia de los primeros movimientos independentistas como el de los comuneros, así mismo lo han sido los movimientos de masas obreras, sindicales y estudiantiles a lo largo de las décadas, quienes han puesto en jaque la estabilidad económica de los poderosos cuando su cinismo colmó la paciencia de la gente. Sin embargo, hoy en día vemos una tendencia hacia los alzamientos momentáneos, a un mero ‘stop’ en las actividades diarias o al ritmo vertiginoso de alguna avenida, calle, parque o andén.

Hace un año pude vivir por primera vez, en carne propia, el fulgor de esa efervescencia patria. Y a veces de forma irónica me pregunto:

Marcha 25N .Fotografía por Frank Asado

¿Esto es la Patria?

En medio de todo, ese sentir nacional era un llamado para que como individuos pudiésemos conectar con esa tierra natal que tantas veces solo nos causa vergüenza o dolor describir. El falso patriotismo con el que nos venden ideas nacionalistas absurdas que elogian aspectos totalmente desagradables de nuestra cultura se erradicó totalmente de mi diccionario cuando el amor implícito por el terruño, por lo bueno, por las personas honestas que aún lo habitan y sobre todo por ese ‘no sé qué’ que se mueve dentro de cada uno de nosotros, por allá en las fibras mas ilusas de la juventud, resultó siendo el motor para que, como yo, muchos jóvenes, adultos, mujeres, ancianos y hasta niños, salieran a las calles a protestar en 2019 y parte del 2020. Eso habla muy bien de nuestra generación sin embargo queda un sin sabor en el aire.

El porqué es tan simple como que habremos de recordar en el futuro que tratamos de luchar por una consigna clara en favor de la dignidad y no hicimos nada más allá para retenerla, multiplicarla en nuestro inconsciente colectivo y que no fuese una mera ilusión. Salir a las calles en 2019 sí creo que fue un primer aviso para quienes, como Santiago Nasar el personaje de Gabo en su novela, se levantan todos los días sin imaginar que algún día podrían caer de ese pedestal autoimpuesto por su poder económico y político; y pues una persona común y corriente viendo el panorama actual en 2020 se plantearía lo siguiente: ¡las cosas deben cambiar!

Conmemoración de Dylan Cruz. Fotografía por Frank Asado

No obstante, nuestra sociedad es pesimista y en caso de no pasar, me temo que seguiremos inmersos en el hielo de la desesperanza, que terminará casi por carcomer el espíritu revolucionario hambriento de los colombianos y que, al fin y al cabo, es quien impulsa a cualquier sociedad hacia delante.

Dado el grado de fuerza con que una mera idea agolpó entorno suya múltiples expresiones de rechazo a décadas de actuares insólitos, casi que olvidados por nosotros mismos como ciudadanos, tan cotidianos y tan deshumanizados en el peor de los casos, es que llenaba de emoción que ríos de gente salieran de su apática monotonía a gritar esa ira retenida, esa indignación (momentánea por desgracia) pero también histórica, acumulada tal vez en el rincón mas lejano de nuestra conciencia colectiva para no agobiarnos con el día a día de un caos constante al que con dolor llamamos Colombia. La idea convocó estudiantes, trabajadores, funcionarios, artistas, amas de casa, lesbianas, gays, chicos y chicas trans, indígenas, campesinos, al vecino y a la vecina, al perrito, al mototaxista, al sector mas ‘play’ y al mas ‘populacho’, y eso es algo que no se logra todos los días.

El puñal con el que tratamos de dar la estocada final en las puertas del poder, se transformó muchas veces en megáfonos a tope dando discursos cortos y otras veces en tarimas entorno a una plaza llena de gente. Se transformó en cacerolas, en pitos, en guitarras, tambores, carteles, aplausos, gritos, cantos, saltos, abrazos, piedras, escudos improvisados y en memoria.

Presentaciones musicales conmemoración del paro 21N, fotografías por Juan Reyes.

Y es esa última clave para que quienes hacemos parte de esto y que revivimos en el día a día la misma historia básica de violencia en nuestro país. Este año, tan lleno de tristezas patrias con el que lastimosamente la lista de masacrados aumentó por la guerra absurda y por ese poder oscuro que sigue atornillado en todos los aspectos sociales, políticos y económicos; parecería un barbarie a los ojos de cualquier pensador critico y con sentido común pero para los que viven en estas tierras son producto únicamente de ese ser fantasmagórico al que nunca le damos nombre .

“La mano Negra” que los medios llaman con múltiples eufemismos sin dar con el correcto… pero no. Esto es producto de un constructo oficial violento que a lo largo de los años ha venido constituyéndose en el poder gracias a la política, a las armas, a la coca, al dinero o a la ignorancia de sus gentes.

La única certeza que se tiene es la muerte como bien lo retrata Gabriel García Márquez con su personaje de Santiago, sin embargo yo tengo la seguridad que en el tiempo en medio de nuestras mas angustiosas carencias, inseguridades y desesperanzas, será la memoria la que alimentará con plena vitalidad las vidas de quienes lo entregan todo por mejorar las cosas.

Será entonces cuando ese lógico final tendrá más sentido al momento de buscar razones para que finalmente se nos quite lo “reaccionarios” y pasemos a la acción. No dejar apagar la llama es algo que este año también hicimos algunos, así nos toque como nos toque.

Así nos toque hacer mil paros ó más.

1 comentario

  1. Totalmente de acuerdo, excelente trabajo! felicitaciones Azucena 🙂 y que no se nos olvide que el silencio no es parte de la vida de la gente valiente y tu eres un ejemplo, que se escuchen las voces y las conciencias de los jóvenes de hoy que son el futuro de nuestra amada Colombia.

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