Salvador Molina nosotros sí sabemos quién es usted

Desde el Acto Legislativo 01 de 1986 se creó una sub élite política en Colombia. Si bien, el clientelismo desde La Nueva Granada se ha encontrado presente a partir del café mañanero hasta la trasmisión de “Padres e hijos”, este normalmente se concentraba en la capital delegando el poder al resto de departamentos. Desde Bogotá mandaban la parada quién robaba, quién mataba y quién abusaba de su poder. Este documento, para bien o para mal le cede a las regiones una pizca de lo que el poder puede hacer desde la capital.

Un “mira, huele, toca pero no pruebes”.

Se puede comparar con el popular reto de la botellita, los famosos “5 minutos en el cielo”, muy popular entre jóvenes calenturientos y dispuestos a besar a quien el azar les permita, sin embargo en esta analogía y en la vida real, no es más que una falsa ilusión de que se podrá hacer de todo, cuando a la hora de la verdad se es simplemente víctima de un pajazo mental (y literal).

El ciudadano que entró en la política para su beneficio propio antes de 1986 tenía unos profundos celos de la élite “cachaca”. Mientras éstos le ponían los cachos a su pareja, en pleno acto le surgían todo tipo de preguntas, como:

¿Por qué no puedo robar como los de Bogotá?

¿Por qué no tengo las mismas camionetas o los mismos escoltas?

Para su suerte, esta nueva forma de democracia cambió y dividió desde sus bases la estructura del poder santandereano, pero aún poseen el mismo engranaje corrupto y sociópata en honor a sus inicios desde el poder nacional.

La primera generación de estos personajes que tenían cierta influencia socioeconómica en el departamento como los Galvis, los Puyana, los Jaimes, los Serrano, y los Marín; al ver que ya no necesitaban estar de ‘panas’ con el Presidente de turno, se organizaron y estructuraron una elite si bien es organizada sigue siendo corrupta, y muchos dirían que hasta mas descarada que la elite nacional.

Mientras tanto la gente, los hijos de las comunidades vulnerables, hijos de los verdaderos liberales santandereanos vieron la política como una forma de ayudar a cubrir ciertas necesidades. Lastimosamente se trataban de las necesidades individuales, no de su comunidad y en compañía de un padrino político, bajo la promesa de una pizca de poder, fueron capaces de arrebatarles al aparato nacional recursos y optan (incluso hoy en día) por traicionar, manipular, y atacar a su misma gente ¿por qué? por poder.

Entre esos esta el concejal de Floridablanca Salvador Molina, que a pesar de que traiciona a su misma comunidad, que gana sus honorarios como Concejal y a pesar también de algunos (presuntos) escándalos de corrupción, puede satisfacer sus necesidades. Para la élite politiquera sigue siendo un “huevón”, alguien al que usan para poder obtener votos de una comunidad vulnerable y así poder posicionar sujetos cuestionables en el congreso y otros cargos de elección popular.

Salvador Molina sigue siendo un “Don Nadie” hacia los poderosos, nunca entrará a un Club Campestre como los Puyana, nunca participará en los medios como los Galvis, nunca infundirá el terror que infunden los Serrano y mucho menos podrá hacer la plata que hicieron los Marín. Él lo entiende, pero su ego no le permite quedarse ahí.

Como el típico joven que es abusado en casa por sus padres y se dedica ser el “bully” de sus compañeros en el colegio, para así poder contrarrestar su frustración así y poder vivir consigo mismo, Salvador usa el poco poder que tiene de la misma forma que sus superiores lo hacen con él. Humillar y amenazar a los que él cree que son “socialmente inferiores”. Así puede vivir consigo mismo y de esta forma logra interiorizar que sus padrinos políticos representados por los Mantilla, los Tavera, y los Aguilar lo traten como un simple peón por unos cuantos voticos.

Esto es evidenciado en ciertas acciones que comete el Concejal contra la misma ciudadanía, se le escucha decir mas “usted no sabe quién soy yo” que el “presente” en la plenaria. Ya se ha hablado de como este señor tuvo la grandiosa idea de amenazar a un periodista de este mismo medio en plena plenaria del Concejo Municipal, se ha hablado de que, presuntamente, ha usado la entidad de Bomberos voluntarios para sus campañas políticas. La denuncia sobre dichas actividades irregulares le molestó tanto que instauró acciones judiciales contra la concejal Milady Tovar, acciones que ganamos con el apoyo de nuestro compañero Alejandro Alvarado Bedoya.

Pero al parecer este sujeto no tiene limites.

¡Salvador Molina uso su poder para arrebatarle un hijo a una madre!

¿Cómo?

Desde el 7 de diciembre Nidia Cardozo Gelvez le entregó a su hijo Evan Jessef Molina Cardozo, de 7 años, al señor Jonathan Molina (hijo del Concejal y el cual es el padre del menor) para que pasara uno días con él, cosa expresa y clara en la ley. Desde ese día la madre del menor no tiene ni idea donde está, no se ha podido comunicar con él. Cortaron todo tipo de conexión que se tenia entre ella y el padre. Ella optó en comprar un dispositivo para que su hijo a través de este para que pudiera comunicarse con ella, en caso tal pasar algún incidente, sin embargo este celular fue también apagado. Ella ha usado todos los recursos que ha podido para volver a verse con su hijo nuevamente, ha hablado con la comisaría de familia, con la Fiscalía y hasta con la policía; pero estos al parecer no pueden hacer mucho ya que es nieto del “poderoso” concejal Salvador Molina.

Ahí si me perdonan la expresión pero ¡HAGANME EL HPTA FAVOR!

¿Cómo es posible que le quiten el hijo a una madre y que “no se pueda hacer mucho” porque es nieto de un concejal?

¿Desde cuándo la ley exime a los concejales para que puedan hacer y deshacer en su nombre?

Cabe aclarar que la señora Nidia es la que posee la custodia del menor, así que en ese orden de ideas señores Luis Ernesto Garcia y Oliden Riaño ¿Un concejal esta por encima del código penal? Por si les olvido lo que aprendieron en la Universidad Santo Tomas y Sergio Arboleda yo de una forma amable les recuerdo:

Artículo 230-A. Ejercicio arbitrario de la custodia de hijo menor de edad

El padre que arrebate, sustraiga, retenga u oculte a uno de sus hijos menores sobre quienes ejercen la patria potestad con el fin de privar al otro padre del derecho de custodia y cuidado personal, incurrirá, por ese solo hecho, en prisión de uno (1) a tres (3) años y en multa de uno (1) a dieciséis (16) salarios mínimos legales mensuales vigentes.”

Nidia, su mamá y su hermana afirman que el mismo Salvador Molina ha llamado a intimidar y amenazar con quitarle el niño a su familia. Frases como “Yo puedo hacer lo que se me de la gana porque tengo las influencias necesarias” son las que tienen que escuchar cada vez que intentan contactarse con su hijo. La familia del niño dice que el menor pasó la cuarentena con su papá y que él mismo dijo “que no quería volver a donde su papa ya que este lo maltrataba”.

Yo, gracias a este caso tengo la necesidad de seguir haciendo varias preguntas ¿Las autoridades van a permitir esta vagabundería? ¿Salvador Molina puede hacer lo que quiera?

Bueno, está ultima me gustaría poder responderla diciendo ¡No Salvador, usted por ser lavaperros y tener unas “supuestas influencias” no lo hace un intocable, usted no puede hacer lo que se le da la gana! Y se lo vamos a demostrar.

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