A parar para perder: Lecciones de estrategia y táctica y una carta abierta a los cómplices del desperdicio

La tendencia a la desmovilización es una radiografía simple y vaga que cualquiera puede hacer cuando un movimiento social va en declive, la renuncia generalizada a soportar la violencia, el pánico a salir, la necesidad inherente de volver a la normalidad es uno de los tormentos permanentes de los desapegados. En Colombia los paros explotan con fuerza, nos mueven el piso a todos y nos recuerdan que nada está bien, que llevamos años comiendo mierda y que nada pinta para mejor, que la democracia no sirve y que los huesos de los desaparecidos aún vibran por entre las raíces de las matas de coca en el Cauca, Ituango, Catatumbo y prácticamente cualquier cañada de este vertedero sicarial con gallinazo por símbolo patrio.

Ver la naturalidad con la que la gente usa el baile y el arte como expresiones de confort es algo que me resulta tierno, inofensivo y totalmente inútil, el arte que no incomoda a nadie no es una protesta, es un feriado gratuito, un desperdicio de fuerzas y energías. Quiero ser muy claro con esto, la gente que reivindica los afrotambores, las gaitas, el palenque, la maricada y el mestizaje como símbolos de resistencia tiene que recordar que resistir no es ganar, la resistencia no puede vivir resistiendo, resistiendo llevamos todos desde que nacemos en este país y ya no debemos apuntar a resistir, sino a vencer.

De nada sirven mil paros si en ninguno logramos victorias decisivas, porque con el tiempo la gente creerá menos en las estrategias usadas por las expresiones sociales para movilizar a los escépticos. Y esta palabra es esencial, el escepticismo y la apatía son los mayores enemigos de la misma población. Por ejemplo las estrategias barriales de las bandas criminales y las mafias para aprovechar el pánico y ensanchar su poder como fuerzas de apoyo a las poblaciones en estos tiempos de desprecio policial han demostrado su efectividad para atomizar a las personas y encerrarlas en un fuego cruzado que en un principio parecía ser legítimo, es por esto que si no actuamos ahora, esta temporada de protestas caerá en saco roto como ya sucedió anteriormente.

En noviembre del 2019 un amigo nos comentó en medio de una reunión “estamos viviendo la primavera latinoamericana” claro un análisis preciosamente abanderado por las revueltas en Chile, Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia, nosotros, inocentemente, creíamos que estábamos frente a un momento histórico que cambiaría al país para siempre, pero no fue así, el paro se desarticuló y perdió fuerza, la pandemia llegó y nos encerró a todos con el pánico de que se acabara todo, creímos en el gobierno y le entregamos la batuta para que nos dirigiera de forma organizada frente a una nueva amenaza desconocida, pésimo error.

El gobierno no solo nos desarticuló sino que desmembró todos los esfuerzos por oponernos a su mano totalizadora, y como una criatura hambrienta empezó a acumular poder y a prepararse para resistir lo que sabía que vendría, el Centro Democrático se enfocó en lo que le importaba, imponer el orden a toda costa para defender sus intereses y los de su núcleo político, entidades y gremios asquerosamente ricos y pudientes. Después del hibernar del COVID el país despertó de su letargo y empezamos nuevamente a reconstruir sobre el dolor de las jornadas de septiembre del 2020, a organizarnos frente a una policía oscurantista e inquisitiva que actúa de manera pérfida fuera de las cámaras, pero al aparecer una lente se amenizan sus gruñidos y escondían las garras, pero ya a estas alturas no hay maquillaje que los salve.

Sin embargo para el día de hoy los diálogos siguen siendo deficientes, los personajes de la política del establecimiento aparecen como unos oportunistas ineptos que roban pantalla para ganar protagonismo, los líderes sindicales y de gremios dan vueltas como gallinas despescuezadas al encontrarse frente a su propia inexperiencia, la discusión política cada día gana menos importancia y las marchas y manifestaciones se vuelven reuniones rumberas en las que se baila la macarena mientras que el país se disuelve lentamente en su propia e inoficiosa organización. Las redes sociales, las campañas de pánico, la comunicación inmediata fueron armas de doble filo para todos nosotros, nos sembraron la ansiedad colectiva, pero nos dieron motivos para entender que en este país no se ha acabado la guerra y que siempre ha sido una guerra en contra de los miserables, o sea todos los que no estamos en los clubes campestres celebrando con fernet importado y una botella de champán Luis Roeder.

Pero acá no hay espacio para el discurso lastimero por nuestros muertos, esto no es un llamado a incitar la violencia, es un llamado a acabarla de una vez por todas y de la única forma que se puede hacer, con estrategias reales, no con bailatones, besatones, plantones canabicos, plantones metaleros, ni ninguno de estos instrumentos sedientos por automoción que pareciera solo hacen publicidad a restaurantes, marcas y bandas underground que poca o ninguna discusión política proponen (¿y como iban a hacerlo si la mitad terminaría dándose cuenta que milita con nacionalismos casi fascistas?) y aquí viene la parte más importante.

La legendaria película de Felipe Aljure, “La estrategia del caracol” lo resume todo y siempre lo hará mejor que yo, todo es una cuestión de dignidad, no se puede exigir respeto si no se incomoda un poco a los apáticos y los escépticos, si no se les invita, si no se les hace SU PROBLEMA, todo es una cuestión de estrategia, no es solo hacer el plantón, sino donde lo haces, si vas a tocar metal, punk, cumbia o lo que sea en una vía comercial y tipicamente concurrida tu sonido “revolucionario” se va a quedar ahogado por los pitos y motores, hazlo en los barrios altos, en donde vive la elite, en donde se molesten por tu corroncheria, en donde viven los que ni les va ni les viene. Pero recordemos que es esto solo son Tácticas, es la estrategia lo que nos lleva utilizar efectivamente nuestros esfuerzos para saber hasta que punto vale la pena extralimitarse, por ejemplo ¿vale la pena llevar el plantón y la música hasta Ruitoque alto? ¿Después de tanto esfuerzo que nos queda? Probablemente solo cansancio y un enfrentamiento incómodo con celadores y policías.

¿Entonces que proponer? ¿Qué podemos decir o hacer si siempre estamos bajo el juicio omnipresente de los pseudointelectuales blancos y los universitarios privilegiados? Sencillo, primero entender que esto no es un juego de niños por ask.fm buscando respuestas picantes y chismes sustanciosos para crear polémica, no, esto es un conflicto a gran escala por todo el país llevado por vías democráticas y pacificas y como todo buen conflicto es el arte de la guerra sin recurrir a ella. Aquí hay unos reclamos en contra de una clase política, hay una estrategia trazada que es la de paralizar el país, pero si no ganamos pronto, moriremos en la lucha más radical de todas, la lucha contra el hambre, los que tienen acumuladas riquezas, no mueren de hambre, porque viven preparados para ello, son osos listos para invernar, por eso la pandemia y las crisis constantes de este país no les han afectado jamás.
La táctica debe ser y ha sido siempre incomodarlos, quitarles lo que juraban que era suyo, pero como estamos en el país donde la propiedad privada es un bien sagrado que se defiende con tanqueta y lacrimógeno lo único que podemos hacer es la guerra simbólica, acabar con su legitimidad, demostrar que son topos ciegos en los ductos de un restaurante que persiguen hambrientos el poder y los placeres a los que están acostumbrados sin importarles quienes caigan por las ventilaciones mientras los siguen, esto es lo que debemos hacer como estrategia de contexto urbano.

1. Aplicar tácticas de ocupación: construir puntos de resistencia y acopio como ya ha sido hecho en Cali, si el paro no para, no podemos volver a nuestros hogares hasta no terminar la lucha. Acampadas, ollas comunales, ocupaciones del movimiento estudiantil a colegios y universidades deberían ser la norma, no la excepción, tomas simbólicas de centros administrativos como los consejos municipales (donde no hay nadie ni pasa nada)  para organizar desde ahí asambleas populares reunidas con representantes barriales y de las comunidades, aquí se puede utilizar la música y la danza como instrumento para la moral y el entretenimiento, no hace falta recordar que la lucidez es esencial en circunstancias en las que la vida corre riesgo y cuando fungimos contra el estado, ese es panorama permanente.

2. Movimientos barriales: Las asambleas barriales son indispensables para organizar las fuerzas populares, saber a qué recursos se tiene acceso, hacer la lucha contra el hambre desde ollas comunitarias y comedores urbanos, si todos ponemos parte de lo que hay en nuestras cocinas podemos asegurarnos lo más importante para resistir y esto debe ser responsabilidad de comités alimenticios apoyados con las brigadas de salud. Tener representaciones dignas y directas que ejerzan como vocerías, construyendo liderazgos claros elegidos democráticamente por las asambleas que organizan los comités y sus responsabilidades, tener autoridades rotativas fundadas en el trabajo colectivo y símbolos de unidad caritativa entre vecinos, amigos y familias.

3. Movilizaciones, plantones, corredores humanitarios y planes tortuga: Todas y cada una de estas tácticas requiere objetivos y finalidades claras, pueden ser campañas pedagógicas, llamados a la solidaridad, búsqueda de recursos, boicots o mítines. A lo largo de este paro lo único que hemos afectado han sido el transporte y el comercio, mientras que las industrias parecen impolutas mientras aceleran su productividad por pánico a perder capacidad en medio de tanta incertidumbre, hay que llamar a los trabajadores de todos los sectores, metalúrgicos, talleres, callcenters, papeleros, lecheros, de acopio, de recolección, de envasado, de basuras (este último es necesario para mantener los espacios en condiciones salubres y óptimas) y todos los roles que cumplen un papel en los sectores industriales, colectivizarlos dentro de la misma dinámica, ya que si tal vez por coerción no pueden parar por lo menos se puedan organizar para hacer mítines y que se sienta que no son mano de obra dispensable.

4. Observación: contar permanentemente con apoyo de la prensa, el periodismo independiente y cualquiera con capacidad de grabar, editar y reproducir todo lo que sucede, tanto en tiempo real como con retoques, esto es esencial para que la opinión internacional por los medios que sea genere presión en el gobierno y que todos los medios tanto independientes como tradicionales abran sus puertas y publiquen lo que se está viviendo, no solo la tragedia y la persecución sino también el florecimiento de la unidad la cordialidad, la solidaridad y el amor, recordar que la prensa también incluye ideología y que en la lucha por la comunicación siempre habrá discursos hegemónicos que combatir, para eso, el uso de la propaganda, a las primeras líneas, las asambleas, las brigadas de salud y las organizaciones comunitarias.

5. El tropel como último recurso: las fuerzas represivas y violentas del estado siempre estarán presentes como las fauces de una bestia listas para destrozar las huelgas y las marchas, es para esto que la simultaneidad es la mejor de todas las estrategias, no concentrarnos, dividir las fuerzas policiacas y paramilitares, tomar varios puntos de resistencia en la ciudad para poder asegurar rutas de abastecimiento y corredores seguros para que los actos simbólicos se lleven a cabo de manera segura pero siempre contar con la presencia de las primeras líneas y distribuirlas a lo largo y ancho de la ciudad para poner en jaque alcaldes y gobernadores cómplices de la lambonería y la dilatación de los diálogos directos con la población colombiana.


Ahora sí, he propuesto y espero poner no solo con esto mi grano de arena a organizar las fuerzas de la indignación y la reivindicación, como periodista estaré siempre en el fuego cruzado, viviendo en propia carne el dolor que significa la violencia del estado y es por esto que me rehusó a desperdiciar un minuto más mis fuerzas en misivas absurdas y sin claridades, por respeto a todos los que he visto morir desde el 2018 hasta el día de hoy y espero poder decir que el luto no existe en Colombia, porque a los muertos se les honra alzando la voz.

1 comentario

  1. Importante su aporte, a tener muy en cuenta en las próximas luchas, que se entienda que esto no puede ser solo rumba, que las protestas no pueden convertirse en fumódromos, que además de ganas se necesita estrategia. Como bien lo dice ¿QUE DESPERDICIO?

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