El ministro se tenía que ir, ¿por qué?

Viendo el debate que se estaba dando en el Senado de la República noté, además de los pobres argumentos de los senadores Lemos y Cabal, que el Ministro de Defensa con mucha astucia blandió dos argumentos interesantes sobre la situación nacional: primero, que la gente no denuncia las desapariciones ocurridas en los últimos días —cuestionando implícitamente el acontecimiento de estas— y segundo, que es el “vandalismo” el que desencadena las respuestas agresivas de la fuerza pública. A decir verdad, sé que es pedirle demasiado a un miembro del gabinete de Duque una argumentación medianamente razonable, pero es justo y necesario señalar porqué su argumentación es defectuosa y por qué el ministro se tenía que ir.

Molano mencionó que hasta este momento había sólo una denuncia de desaparición —cosa que de entrada me parece cuestionable, pero démosle el beneficio de la duda— como si esto fuera una prueba irrefutable de que gente no está desapareciendo. Sé que sólo esto ya suena terriblemente irresponsable, pero espere, la vaina no termina ahí. A esto, añadió que en el momento que se da la denuncia, la Policía va a cooperar y trabajar para dar con el paradero de la persona desaparecida. ¿Se da cuenta, querido lector, de la ironía del argumento de Molano?

Es incluso risible. Yo quiero preguntarle al Ministro, ¿quién cree que está desapareciendo a los jóvenes que salen a manifestarse? ¿Será que el ministro señalará al ELN, a las insurgencias de las FARC, o a los “vándalos”?

¿También son ellos culpables de los desaparecidos y al mismo tiempo, según él, de las manifestaciones ciudadanas? No es nadie más que la Policía Nacional, desarrollando arrestos extrajudiciales, quienes son los responsables de estos desaparecidos, porque si no ¿quién más? Un ávido lector podría decirme: ¿Pero qué si son “vándalos” a quienes están capturando? Pues yo le respondo que si se trata de una captura en flagrancia, entonces lo apropiado es judicializar a la persona como dice la ley, pero en el momento en el que se desaparece, que se le asesina tras bambalinas y se le tira a la calle o a un río, no estamos hablando de justicia, estamos hablando de un delito de Estado. Y ojalá la policía fuera tan cuidadosa de arrestar únicamente a quienes cometen delitos, pero ya es bien sabido que al camión se llevan a los que no alcanzaron a huir de la represión estatal, culpables o inocentes. Ahora, si es la Policía Nacional la que desaparece a la gente, ¿cómo va a ser la Policía la encargada de hacer aparecer a la persona? Nada raro sería que sólo haya una denuncia, de ser cierto lo dice Molano, ¿pa’ qué carajos denunciará uno la desaparición frente a la Fiscalía si ellos mismos son los cómplices de dicha desaparición? Aquí la conclusión no puede ser que “no hay desaparecidos”, la conclusión es que no hay garantías para la ciudadanía. ¿Quién protege al pueblo de la Policía?

Sobre el tema del “vandalismo”, y le pongo las comillas adrede, el Ministro también usó su labia para defenderse. Sí, querido lector, que si han habido actos vandálicos, eso nadie lo cuestiona —aunque vaya a saber uno cuántos son infiltrados de la policía y cuántos son sobornados por la fuerza pública para tener un pretexto de reprimir una protesta, pero igualmente, supongamos, aunque no sea así, que estos son casos aislados—, sin embargo, yo quiero preguntarle al Ministro, ¿en qué momento del video de abajo los manifestantes incitan la agresiva respuesta del ESMAD hacia ellos? Yo he vivido de primera mano, en Bucaramanga, que desde que se ordenó al ESMAD y a la Policía no intervenir, las protestas han tenido conclusiones pacíficas y civilizadas. Qué coincidencia, ¿no? E incluso si los actos de la fuerza pública fueran una respuesta a los llamados actos vandálicos, ¿por qué no capturan a los perpetradores de dichos actos? Uno pensaría que la policía está para hacer cumplir la ley, pero el foco evidentemente no es judicializar a personas que incumplen con la ley, sino dispersar las protestas del pueblo colombiano.

¿Será porque el primero en tirar la piedra es un policía vestido de civil? Quién sabe.

¿Dónde están los manifestantes capturados por la policía? ¿En un río? ¿En un almacén Éxito? ¿En el monte con las botas al revés?

La Policía Nacional y el ESMAD son quienes desaparecen a los colombianos y quienes inician los disturbios para disolver la protesta ciudadana. Y por más gracioso que sea, los senadores que defienden a Molano tampoco tienen en mucha estima a la fuerza pública. Le mencioné al lector a los senadores Lemos y Cabal al inicio de esta columna. Le cuento, Lemos dijo que los senadores se quejan del fascismo del Estado colombiano, pero que no dicen nada del genocidio de la URSS a manos de Stalin, Cabal dijo que se quejan de los actos de la Policía y el ESMAD pero que no se quejaron de los secuestros y asesinatos de las FARC. ¿Sí se da cuenta, querido lector, de la comparación tan diciente?

¿Quién dijo que ambas cosas no son tan macabras como los actos policiales? Fíjese que para los representantes de la U y del Centro Democrático la diferencia entre la Policía y el Gulag o las FARC son meramente ideológicas, es como si reconocieran, consciente o inconscientemente, que la brutalidad policial ha llegado a los niveles del genocidio. Que lo sepan todos los partidos de gobierno, ni a mí, ni a ningún colombiano que está en las calles, nos tiembla la lengua para decir que se rechaza tanto a los actos de la URSS y las FARC, como a los de la Policía Nacional.

Ahora, ¿por qué el Ministro de Defensa debía irse?

Unos argumentan que esto no cambia nada, que pondrán otro igualito. Quiero que piensen en el caso de George Floyd, el hombre de raza negra que fue asesinado a manos de la policía en Estados Unidos el año pasado. Cuando Derek Chauvin —su asesino— fue declarado culpable, sí, no se acabó el racismo, no se acabó la brutalidad policial y no se trajo de a Floyd de vuelta a la vida. Pero se dio un paso en la dirección correcta. Se sentó un precedente de que los policías asesinos no se saldrán con la suya, que sus acciones son inaceptables, y de la misma forma funcionaba la moción de censura.

El ministro se tenía que ir porque en Colombia no hay garantías para la protesta, los policías desaparecen ciudadanos y atacan de primera mano a las manifestaciones pacíficas. Si se iba el ministro, no se acababa con la represión policial, tampoco con la desigualdad y tampoco regresaban los manifestantes asesinados, pero se sentaba el precedente de que un Ministro no puede permitir que la fuerza pública masacre a los colombianos, que ya no vamos a aguantar ni un solo ojo perdido en una marcha, ni un solo manifestante que no volvió su casa. Y aunque para nadie era un secreto que la moción de censura iba a fracasar, en las calles vamos a seguir haciéndonos escuchar. Jamás vamos a desistir de la oposición al desgobierno y a los asesinatos y desapariciones del gobierno de Iván Duque.

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