Cuando el Estado nos falla: el caso de Jeferson Navarro

Por: María Alejandra Arciniegas Rueda

Cuando vi la noticia del joven ladrón al que mataron siete hombres, me demoré un poco en procesar el asunto. Los hechos fueron los siguientes: Jeferson Andrés Navarro Rueda, de 19 años, ingresó junto con otro hombre a un billar, donde se disponían a robar con arma de fuego a todos los presentes. Poco después, una de las personas que allí se encontraban, se abalanzó sobre él, seguido por otros seis comensales. Los hombres le dispararon a Jeferson Navarro con la misma arma que él tenía para robarlos, le clavaron los tacos de billar en repetidas ocasiones y finalmente lo lincharon.

Por un lado, en un país donde la injusticia es el pan de cada día, en el que en más de una ocasión se capturan a los delincuentes para dejarlos en libertad a los pocos días, la justicia por mano propia se convierte en la alternativa más efectiva en el imaginario de la ciudadanía. Como ejemplo, está un caso sonado: el de Carmen Cecilia Contreras, una mujer de 56 años que denunció al hombre que la robó. Aquel hombre fue a la cárcel por unos días pero fue puesto en libertad, libertad que aprovechó para matar a Carmen Contreras. Esta clase de fallas en la justicia son las que hacen que muchas personas sientan que es más útil castigar por sí mismas al delincuente.

Según datos publicados en 2020 por el “Rule of Law Index” (un índice que suministra  datos sobre ocho dimensiones referentes al estado de derecho), en el indicador de justicia civil, que mide factores como la ausencia de corrupción y la aplicación efectiva de este tipo de justicia, Colombia obtuvo 0,49 puntos, donde 0 es la calificación más baja y 1 la más alta. En cuanto al factor de justicia penal, que estudia puntos como la efectividad del sistema investigativo penal y la ausencia de corrupción en el mismo, la puntuación fue de 0,34. Estos resultados nos ubican, en cuanto al primer indicador, en la posición 79 (de los 128 países donde se hizo el estudio) y en el puesto 101 respecto al segundo. 

De cierta forma es entendible que en nuestra sociedad capitalista se valoren de sobremanera los bienes materiales, porque al fin y al cabo se obtienen a partir de la fuerza y las horas de trabajo de cada individuo. Quizás muchos se sientan miserables trabajando 12 horas diarias o más para ganar un mínimo con el que pueden sobrevivir y de vez en cuando darse algunos lujos.

Esto se explica en el artículo Justicia por mano propia en Colombia: un análisis desde los conceptos de ira e ira transicional, en donde el profesor de la Universidad de los Andes, Iván Javier Mojica Rozo, afirma que “cuando nos convertimos en víctimas de un delito sentimos ira, ya que consideramos que hemos sido dañados de manera injusta por alguien que no tenía ningún derecho a violentarnos, y eso hace que sintamos un deseo de retribución”.

Por otro lado, hay otro factor para tener en cuenta y es la desigualdad . En cuanto a ello, Colombia tiene experiencia. Según el coeficiente Gini, nuestro país cerró el 2020 con 0.544 puntos. Cabe aclarar que este varía entre cero y uno, siendo que cero refleja una sociedad igual, y uno, una completamente desigual. Además, con la pandemia, el indicador de pobreza cerró el 2020 con un 15,1%, es decir, aumentó 5,5 puntos porcentuales.

Si bien, la desigualdad no es el único factor que puede llevar a la violencia, sí es determinante. El economista Hernan Winkler afirmó en una entrevista para el Banco Mundial que “la actividad criminal también se puede explicar por un análisis costo-beneficio; cuanto más escasas sean las oportunidades económicas para los más pobres y mayor sea la brecha de ingreso entre pobres y ricos, los beneficios económicos de crímenes como robos o secuestros […] tienden a ser mayores”.

Y no, con esto no busco justificar a los ladrones o a las personas que buscan un “camino fácil” como sustento de vida. Pienso que deben hacerse responsables de los actos que comenten, que, en el escenario ideal, equivaldría a estar en prisión, pagar su pena y vivir un proceso de resocialización. Pero dejando esto a un lado y volviendo al tema inicial que me llevó a extenderme en toda esta cháchara, ¿realmente fue justo lo que sucedió con Jeferson Navarro? ¿fue proporcional lo que recibió comparado con lo que estaba haciendo?

Sí, el joven tenía antecedentes por hurto y en el momento llevaba un arma de fuego, pero, ¿equivale a ser torturado por siete hombres para posteriormente ser asesinado? Varias personas han comentado que lo merecía y que a él no le hubiera temblado la mano para usar el arma. Al respecto, solo quiero decir que es un argumento partido de un supuesto y por ende, es una falacia de composición. La sevicia con la que aquellos hombres pusieron fin a la vida del chico me da escalofríos. Según la familia de Navarro, él pedía perdón mientras el ataque sucedía. Esto me lleva a preguntarme quién es más peligroso, porque sí, hay un ladrón menos… pero siete (a mi parecer) psicópatas más.

Pero ¿de quién es la culpa? ¿del joven? ¿de los hombres? ¿del sistema judicial? o ¿de la pobreza, desigualdad y falta de oportunidades? Creo que en últimas, el Estado nos falla y, como siempre, los que nos vemos afectados somos los ciudadanos del común.

8 comentarios

  1. Excelente análisis… Muy bien documentado y explicado… Nos pone a pensar… Hasta dónde llegaremos, con esta falta de justicia y oportunidades de trabajo??? De un trabajo, en lo posible, bien remunerado… Hace Falta…

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  2. Lamentable situación la de nuestro país, la ausencia del estado y la poca o nada credibilidad y confianza en la justicia, propicia estos comportamientos de venganza frente a las situaciones de violencia y delincuencia que se presentan a diario en todas las regiones de Colombia. Gobiernos corruptos y un estado que olvidó su principal función de protección y bienestar para los ciudadanos. Algo positivo y es periodistas como María Alejandra que muestran la verdad de nuestra situación social. Felicitaciones por mostrar la realidad social que vivimos .

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  3. Excelente argumentación, desafortunadamente un país donde no hay oportunidad de un empleo digno, cobijada por una justicia corbata, nos lleva a esto… a buscar dinero facil
    y rápido… y a tomar la justicia por nuestras propias manos…

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    1. Excelente análisis , buenos argumentos y das las palabras correctas a lo que estamos viviendo en este país , tal vez esas siete personas que hicieron eso fue porque si el hombre fuese disparado a ellos fuese sido otra versión , porque aquí la justicia es muy corrupta , por eso el mismo pueblo tienen que actuar

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  4. Felicitaciones para María Alejandra por el análisis crudo pero real de lo que estamos viviendo en este país donde las violencias se generan por múltiples razones pero la periodista toca un punto muy importante LA DESIGUALDAD SOCIAL LA FALTA DE OPORTUNIDADES Y AGREGARIA LA.CONCENTRACION DE LAS RIQUEZAS EN MANOS DE POCOS Terminan siendo el caldo de cultivo para que se perpetúe la violencia …
    Creo otro generador de violencia es un estado corrupto que legisla y gobierna para intereses mezquinos y personales
    Somos un país sin memoria la inmediatez de un hecho sangriento es
    borrado con un hecho mayor y más violento
    Necesitamos reconocer la otredad y aprender a encontrarnos en la diferencia necesitamos reconocernos como hombres y mujeres políticos responsables de nuestra propia historia y de nuestro presente con un voto responsable y representativo que beneficie a las mayorías
    Que orgullo amiga con una hija que siendo aún muy joven tiene un sentido crítico humano y justo de una realidad que esta desangrando este bello país

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  5. Las personas que tomaron la decisión de lincharlo, primero quizá estaban bajo los efectos del alcohol y segundo quizá en su vida jamás hayan pensando en matar a una persona para sacar provecho económico de ello, por lo tanto, lejos de preocuparme veo con buenos ojos un acto heroico ante la injusticia que nos aqueja. Prefiero la muerte de un Navarro y no de una Contreras. Cómo bien sugieres en tu artículo, mientras no se vean luces en la justicia lo mejor es evitar la injusticia.

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