De cuando en las calles se construía algo hermoso

Empezábamos los días llenos de optimismo, motivados por la energía de las masas, por el impulso sobrecogedor de la juventud.

Estábamos ansiosos por explorar, conocer y experimentar algo nuevo, algo distinto a esta realidad tan arrolladora que nos tocó.Terminábamos los días cansados, hastiados, absolutamente exahustos con la idea de soñar, de querer mostrar el mundo que podíamos imaginar, de querer participar para hacerlo posible, sin embargo en Colombia está prohibido soñar, por qué soñar es criticar la realidad magnánima y perfecta, la de los terratenientes y grandes empresarios que se pasean en sus Range Rover por los municipios sin pavimentar.

En la primera foto, Juanito, Alejandro y Galleta revisan algunas fotografías hechas para el reportaje de la marcha del 20 de julio,

en las siguientes Galleta posando con su característico casco amarillo de construcción, una foto mía con Luzving un parcero con el que truequeamos viejos juguetes por ropa.

En las últimas, un Alejandro agotado por las incesantes críticas y el desarrollo atropellado de la marcha

un manifestante posa frente a una hoguera,

y por último una moto de dos presuntos sicarios totalmente en llamas.

Los días se iban tan rápido como se apagaban las llamas y todo brillaba tanto que ya veíamos con nostalgia el recuerdo de la penumbra.

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