¿Por qué los gallos dejaron de cantar?

Por Kevin Oquendo

Desde muy pequeño siempre he asociado fechas importantes con colores que de cierta forma expresan lo que esa fecha significa en el mundo. Este pensamiento me vino a la cabeza cuando leí las noticias publicadas en Facebook sobre los enfrentamientos entre las disidencias de las FARC y el ELN en el departamento de Arauca, el departamento en donde yo nací… Ver semejante crisis me hizo olvidar de mis memorias el maravilloso naranja, que era mi color para despedir el año y recibir el siguiente. Ese naranja se convirtió en gris por la angustia que estaba sintiendo al ver un conflicto que era evitable y que ahora le costaba la vida a muchas personas inocentes que viven en carne propia la guerra en los lejanos montes de Colombia y Venezuela. 

Guerra, maldita guerra, parece un delirio teatral y a la vez es tan real la sangre que deja regada, maldita guerra que se disfraza de necesaria, pero al mismo tiempo es tan efímera, maldita guerra que olvida la controversia y se centra en la muerte… pero en fin, olvidando esas frases tan rimbombantes vamos a la realidad: ¿Arauca?…

¿En dónde queda Arauca?

Es chistoso que desde siempre me ha tocado explicar de dónde vengo. Los personajes pintorescos de las ciudades siempre alumbran cuando dicen el nombre de la ciudad de la que provienen, y en especial, esa gente que viene de la polis “chapineruna” o del centro más distópico-narniano de esta patria. Pero, este comentario lo que quiere al final de cuentas es ejemplificar el olvido absoluto de algunas ‘gentes’ de este país que siguen llevado el yugo españolete, mientras hay otras que desde lo abismal resisten el despojo y la injusticia.

Lo que está pasando en Arauca es una crónica de una guerra anunciada, el panorama político de este territorio ha sido muy cambiante debido a la inestabilidad del gobierno de Iván Duque y esto ha revivido o detonado más conflictos al interior de Colombia, en esa Colombia que ha sido tan apartada que el propio himno nacional es un canto desabrido y los colores de la bandera ni se notan, en esas tierras en donde reinan las balas en este momento.

Todos temíamos que el actual gobierno se dedicara a poner obstáculos legales y trampas sensacionalistas para tumbar todo lo construido en los acuerdos de paz, en campaña dijeron que harían trizas un papel y han dejado en cenizas a pueblos completos. La mayoría de las veces algo tan ficticio como lo “legal” puede generar muchas grietas en lo real, y es necesario denunciar desde cualquier medio o forma posible los atropellos del gobierno nacional con los pueblos más recónditos de este país tan disperso y desigual.

Ahora sí, entrando en materia, la guerra que se está viviendo en los municipios de Arauca y en la frontera con Venezuela ya había sido advertida mediante una alerta temprana de la defensoría del pueblo, emitida en marzo del año pasado, en donde se le contaba al gobierno nacional cómo en Arauca y su frontera se estaba gestando un grave conflicto por la incursión de disidencias de las FARC y los combates que estas tenían con el ejército y, posteriormente, con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

El gobierno tuvo un año completo para ejercer acciones de peso para prevenir estos enfrentamientos. Acciones que no se enfocaran solo en lo militar, sino por el contrario, en lo estructural, de manera que se garantizara que el conflicto se apaciguara con el tiempo. Esas acciones se tienen que enmarcar en ejecutar lo pactado en los acuerdos de paz, sin embargo, con un gobierno tan indiferente como este y con dos grupos armados que hace décadas perdieron el rumbo político, es muy difícil salir con una solución negociada de todo este caldo de guerra.

Y para empeorar la cosa, lo que hizo el gobierno para sortear la crisis actual fue mandar al ministro de defensa a exponer un pliego de ‘soluciones’ y ¡adivinen qué era!, ¿una comisión para poner a salvo a las familias que se estaban desplazando? Me temo decirles que no, la solución fue un mando militar de más tropas y más presencia del ejército, con la llegada de dos batallones con más de 600 hombres, dos instalaciones militares en corregimientos de alto riesgo, y claro, la construcción de la estación de policía en Puerto Jordán.

Todo esto solo causa una gracia con sabor a mierda y una mierda impuesta por ellos, una guerra iniciada por ellos y a la que le debemos poner fin nosotrxs. 

«Cuidar» no es militarizar, hacer «presencia» no es llenar de ejército una zona que es un polvorín de guerra. Siempre se ha visto a lo largo de la historia del conflicto colombiano que cuando el ejército entra a la zona es más un factor de riesgo que de ayuda, se debe tener en el centro la vida y la seguridad de las familias campesinas que se están desplazando.

Causa rabia que un personaje como el ministro de defensa quien su hablar expresa lo que hay en su cabeza: «una enorme tierra baldía») venga en su avión a prender una mecha y luego se vaya sin más, como si sus acciones no tuvieran una consecuencia directa en las personas que están en medio del conflicto, pero bueno, como lo dije anteriormente, es una gracia que sabe a mierda.

En fin, solo puedo sentir indignación con todo esto, siento indignación con lo que está pasando ahorita con la familia de un amigo, una familia que se ve envuelta en una gran encrucijada por su vida y también por todo lo que han construido en esa pequeña finca. La intención de este pequeño texto es indignar, generar rabia y denunciar a un gobierno que se lucra con la guerra, y a una pequeña élite que cree que el estatus de ciudadanía solo es para ellos, que creen que la tranquilidad solo es una vaina que pueden sentir ellos, ¡ojalá sientan los estragos de la guerra en su propia casa y le estalle toda esa sangre en la cara!

Para las personas que están en estos momentos en la misma situación que la familia de mi amigo y que les toca aguantarse todo esto en Arauca y en las fronteras con Venezuela, que todos los arcángeles del cielo intervengan (cómo diría mi mamá) y para la familia de mi amigo… que se pueda encontrar una solución a todo esto. Sin más, dejo hasta acá este intento de crónica.

2 comentarios en «¿Por qué los gallos dejaron de cantar?»

  1. Excelente, me encantó este artículo, explica de una manera muy clara lo que sucede en mi departamento, una triste realidad que vivimos en un hermoso departamento olvidado por el gobierno para hacerlo próspero y productivo, pero recordado por este mismo para saquearlo en sus riquezas naturales y empobreciendolo cada día más

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  2. Una realidad sin.limites sin embargo la fórmula.magica esta extraviada porque en este hueso es todos contra todos y mucho más triste es que la población civil quienes no hacemos parte de este conflicto llevamos a cuestas las piedras más pesadas.

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