Joven, ¡SALVE USTED LA PATRIA!¿y los demás qué?

Durante toda mi vida crecí escuchando un seudo mandamiento, que ahora que lo analizo, suena más a una amenaza para quienes tenemos la mala fortuna de nacer en Colombia: “es deber de los jóvenes mejorar el país”.

“Es que la gente joven ya no sirve para nada, no aguantan nada… ¡les hizo falta más garrote!”


¿Más garrote? Crecer en un ambiente violento en un barrio o una comuna, en medio de balaceras, droga, hambre, falta de oportunidades, sin garantía de vivir dignamente, traficando con sus cuerpos, siendo gatilleros y marginados en las orillas de la ciudad ¿les parece poco?


Buscar escondederos entre matorrales, techos de zinc, montes, veredas y selvas para evitar los tambores de la guerra que con sus ráfagas apagó poblaciones enteras, reclutó forzosamente niños y niñas, que desplazó y asesinó a miles de personas ¿les parece poco?


Buscar oportunidades de empleo en río revuelto, donde cada vez más se aprovechan de la necesidad de la gente, condenando la informalidad pero validando la privatización de las universidades, la tercerización laboral, los pagos injustos, los contratos de prestación de servicios, la falta de prestaciones sociales o siquiera riesgos laborales ¿les parece poco?


Ahora imagínense que tan miserables son los jóvenes que muchos partieron ilusionados por promesas de trabajo pero fueron asesinados. Y no fueron dos o tres, fueron miles de inocentes de los cuales jamás se volvió a saber, enterrados como animales en montañas lejanas, para entregar resultados falsos a un gobierno cómplice de todos los atropellos habidos y por haber, y que al día de hoy, aún no les responde a las madres quién dio las ordenes en el ejército.


Les parece motivo de orgullo que nos obliguen a respetar los símbolos patrios, a tener temor de Dios y decirles a las fuerzas armadas que son héroes cuando son capaces de todo, hasta de matar a sus propios miembros para seguir instruyendo en los cuarteles lo que deben hacer en beneficio de sus Generales, mientras los soldados rasos comen mierda.


Esos rasos que subían a camiones llegados los 18 años como si fueran ganado y que parecía más un secuestro que una invitación. Esos que doblegaron con métodos de tortura para enseñarles a ser “hombres” a punta de golpes, insultos e intimidación garantizando que se sigan ordenes sin chistar y que si eligieron vestir un uniforme de policía, la historia no fue distinta.


Estamos en plena era digital, de globalización, acceso a la información, fundamental en plena pandemia, sin embargo aún hay más de 34 millones de personas en Colombia que viven sin un computador, un smartphone, un plan de datos o Wifi, y lo que puede sonar como una pesadilla para un gomelo, para muchos jóvenes es la condena a una educación mediocre. A la gente con sus necesidades básicas cubiertas le parece ¡tan tierno! que unos niños hagan un computador con restos de basura porque su escuela está cerrada y ellos no pueden ver clase, pero les parece horroroso que se pida educación gratuita. ¿A qué juegan?


Somos un país que a duras penas sabe leer y en esa medida no sabe votar, no sabe los mecanismos de participación ciudadana, no saben las funciones de las entidades, no sabe sus derechos fundamentales o tener sentido critico para no tragar entero la información y los medios nos enseñaron a seguir con nuestras vidas como si nada después de arrojar en sus indicadores cifras horribles, que maquillan la mayoría del tiempo pero que ahora, con esta gente tan adormecida, la tarea les queda facilitada. En esa medida quien medio tiene con qué, dinero o poder, pasa por encima del que quiera y la justicia terminó siendo un instrumento de adorno para los corruptos.


Decía Jaime Garzón, casi como una súplica en 1997, que los jóvenes teníamos que asumir la dirección de nuestro país porque nadie vendría a salvarlo por nosotros, y hoy, mas de veinte años después de su muerte, esos jóvenes envejecieron resignados a una vida mediocre, dándose pajazos mentales con lujos placebos a la vez que ignoran la precarización, el despilfarro tan hijueputa de plata en obras mal hechas y contratos amañados.

¿Hace veinte años esos colombianos imaginaban el país que tenemos ahorita o van a seguir procrastinando como lo hicieron sus padres y sus abuelos?


Mis queridos cuarentones en adelante, ¿Aún siguen esperando al presidente mesiánico que resuelva todos los problemas en cuatro años de mandato?
Yo sé que les debe doler la rodilla de solo pensar en no quedarse sentaditos esperando que les llueva maná del cielo pero los necesitamos en la calle.
Esto no es una queja más sobre los problemas sin fin de Colombia porque soy una “centennial demasiado sensible” ni tampoco es un reclamo sin propósito. Pretendo con esto hacer un llamado a darle fin a esta desigualdad absurda en la que estamos, a que no nos quedemos callados con nuestra vecina clasista, homófoba y clientelista, ni con la profesora elitista de u privada que señala de guerrilleros a los compas de publica. Vamos a dejar de ignorar a los que piden en la calle mejores condiciones, a estigmatizar de vándalos a los que bloquean vías o bailan en las plazas públicas, vamos a dejar de apoyar candidatos narco financiados y populistas que le aplauden a la policía sus abusos. Vamos a dejar toda esa bendita maña de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, esperando como unos ‘pingos’ que otro haga por nosotros todo.


Los jóvenes estamos en las calles en compañía de unos cuantos “cuchitos” agradables que pese a llevar bastón o el paso lento, no nos han dejado solos aprendiendo, así sea tarde, de sus errores o perpetuando su espíritu rebelde

¿Y los demás qué?
¡Ustedes no se han muerto aún, carajo!

Solo entonces, estando tres metros bajo el suelo, se les excusa de no buscar la manera de mejorar entre todos este ‘mierdero’ y eso también incluye al que están fuera del país; porque el proceso que arrancamos hoy va a ser lento, demorado y va a costar menos vidas si el cuero lo ponemos todos. El miedo no debe ser una opción y mucho menos la indiferencia.
No dejemos a los niños de hoy un futuro donde tengan que elegir entre la delincuencia o el hambre; entre educarse o mendigar; entre pagar un servicio de salud privada o morirse sin ser atendidos. Entre esto o aquello que les signifique una vida dolorosa. Ellos merecen un lugar al que puedan llamar hogar sin venderse a la idea de que sin plata es imposible soñar o jugando a la ruleta rusa a ver si ¡algún día se les presenta un golpe de suerte! Sería una insensatez dejarles cometer errores pasados por no saber nunca quienes fuimos como nación y para donde ‘hijueputas’ vamos en estos momentos.


¡Atenidos y vagos los que no salen a marchar!

Crónica de un paro mil veces anunciado

Mis queridos lectores ávidos por desmenuzar algo interesante en mis palabras, tal vez sí o tal vez no, notarán la referencia a Gabo y su novela «Crónica de una muerte anunciada». Dicha referencia no sólo se basa en una aparente falta de ideas para poner un título mínimamente ingenioso sobre un tema tan sonado como el Paro Nacional. Usted amigo y amiga se harán la pregunta lógica de

¿por qué un paro es mil veces anunciado?

Marcha Centro de Bucaramanga.
Créditos al autor

Bueno, pareciese ser cada vez algo más común en la jerga de la gente hablar de paros. Unos a favor y otros en contra (como en todo). Lo cierto es que gracias a los múltiples proyectos de ley aterradores ejecutados en lo legislativo, a los múltiples abusos por parte de las autoridades, a los escándalos de corrupción, a las actitudes permisivas en favor de la explotación a las personas, las instituciones, los valores y el ambiente ó, incluso, en las meras ineptitudes características de este gobierno y otros anteriores, el pueblo perteneciente a múltiples sectores no ve otra manera de responder ante la inconformidad frente al Estado mas que con la amenaza de un alzamiento.

Así reza la historia de los primeros movimientos independentistas como el de los comuneros, así mismo lo han sido los movimientos de masas obreras, sindicales y estudiantiles a lo largo de las décadas, quienes han puesto en jaque la estabilidad económica de los poderosos cuando su cinismo colmó la paciencia de la gente. Sin embargo, hoy en día vemos una tendencia hacia los alzamientos momentáneos, a un mero ‘stop’ en las actividades diarias o al ritmo vertiginoso de alguna avenida, calle, parque o andén.

Hace un año pude vivir por primera vez, en carne propia, el fulgor de esa efervescencia patria. Y a veces de forma irónica me pregunto:

Marcha 25N .Fotografía por Frank Asado

¿Esto es la Patria?

En medio de todo, ese sentir nacional era un llamado para que como individuos pudiésemos conectar con esa tierra natal que tantas veces solo nos causa vergüenza o dolor describir. El falso patriotismo con el que nos venden ideas nacionalistas absurdas que elogian aspectos totalmente desagradables de nuestra cultura se erradicó totalmente de mi diccionario cuando el amor implícito por el terruño, por lo bueno, por las personas honestas que aún lo habitan y sobre todo por ese ‘no sé qué’ que se mueve dentro de cada uno de nosotros, por allá en las fibras mas ilusas de la juventud, resultó siendo el motor para que, como yo, muchos jóvenes, adultos, mujeres, ancianos y hasta niños, salieran a las calles a protestar en 2019 y parte del 2020. Eso habla muy bien de nuestra generación sin embargo queda un sin sabor en el aire.

El porqué es tan simple como que habremos de recordar en el futuro que tratamos de luchar por una consigna clara en favor de la dignidad y no hicimos nada más allá para retenerla, multiplicarla en nuestro inconsciente colectivo y que no fuese una mera ilusión. Salir a las calles en 2019 sí creo que fue un primer aviso para quienes, como Santiago Nasar el personaje de Gabo en su novela, se levantan todos los días sin imaginar que algún día podrían caer de ese pedestal autoimpuesto por su poder económico y político; y pues una persona común y corriente viendo el panorama actual en 2020 se plantearía lo siguiente: ¡las cosas deben cambiar!

Conmemoración de Dylan Cruz. Fotografía por Frank Asado

No obstante, nuestra sociedad es pesimista y en caso de no pasar, me temo que seguiremos inmersos en el hielo de la desesperanza, que terminará casi por carcomer el espíritu revolucionario hambriento de los colombianos y que, al fin y al cabo, es quien impulsa a cualquier sociedad hacia delante.

Dado el grado de fuerza con que una mera idea agolpó entorno suya múltiples expresiones de rechazo a décadas de actuares insólitos, casi que olvidados por nosotros mismos como ciudadanos, tan cotidianos y tan deshumanizados en el peor de los casos, es que llenaba de emoción que ríos de gente salieran de su apática monotonía a gritar esa ira retenida, esa indignación (momentánea por desgracia) pero también histórica, acumulada tal vez en el rincón mas lejano de nuestra conciencia colectiva para no agobiarnos con el día a día de un caos constante al que con dolor llamamos Colombia. La idea convocó estudiantes, trabajadores, funcionarios, artistas, amas de casa, lesbianas, gays, chicos y chicas trans, indígenas, campesinos, al vecino y a la vecina, al perrito, al mototaxista, al sector mas ‘play’ y al mas ‘populacho’, y eso es algo que no se logra todos los días.

El puñal con el que tratamos de dar la estocada final en las puertas del poder, se transformó muchas veces en megáfonos a tope dando discursos cortos y otras veces en tarimas entorno a una plaza llena de gente. Se transformó en cacerolas, en pitos, en guitarras, tambores, carteles, aplausos, gritos, cantos, saltos, abrazos, piedras, escudos improvisados y en memoria.

Presentaciones musicales conmemoración del paro 21N, fotografías por Juan Reyes.

Y es esa última clave para que quienes hacemos parte de esto y que revivimos en el día a día la misma historia básica de violencia en nuestro país. Este año, tan lleno de tristezas patrias con el que lastimosamente la lista de masacrados aumentó por la guerra absurda y por ese poder oscuro que sigue atornillado en todos los aspectos sociales, políticos y económicos; parecería un barbarie a los ojos de cualquier pensador critico y con sentido común pero para los que viven en estas tierras son producto únicamente de ese ser fantasmagórico al que nunca le damos nombre .

«La mano Negra» que los medios llaman con múltiples eufemismos sin dar con el correcto… pero no. Esto es producto de un constructo oficial violento que a lo largo de los años ha venido constituyéndose en el poder gracias a la política, a las armas, a la coca, al dinero o a la ignorancia de sus gentes.

La única certeza que se tiene es la muerte como bien lo retrata Gabriel García Márquez con su personaje de Santiago, sin embargo yo tengo la seguridad que en el tiempo en medio de nuestras mas angustiosas carencias, inseguridades y desesperanzas, será la memoria la que alimentará con plena vitalidad las vidas de quienes lo entregan todo por mejorar las cosas.

Será entonces cuando ese lógico final tendrá más sentido al momento de buscar razones para que finalmente se nos quite lo «reaccionarios» y pasemos a la acción. No dejar apagar la llama es algo que este año también hicimos algunos, así nos toque como nos toque.

Así nos toque hacer mil paros ó más.

La cara de la hipocresía frente a Santurbán resulta siempre siendo la de un Aguilar

Han surgido en los últimos días múltiples “expresiones” de felicidad y “sacadas de pecho” de nuestros gobernantes a nivel nacional y en Santander.

La noticia de que la ANLA archivó el trámite administrativo de evaluación de la solicitud presentada por MINESA, por considerar que el Estudio de Impacto Ambiental no coincidía con los estándares técnicos y ambientales requeridos para ejecutar el proyecto de extracción, nos puso a brincar en una pata, sin embargo, la mesa sigue cojeando. 

Y a la cabeza de dicha mesa, donde tantas veces Santander ha sido repartido cual pastel de cumpleaños, están los Aguilar; familia que evidentemente es la viva imagen de la hipocresía (y de otras cositas ilícitas de las que podemos hablar luego) pero que al parecer los pobres “pingos” que los eligen ven como paladines de la sostenibilidad ambiental. 

Hoy en el Congreso de la Republica la burla a todos los interesados en la conservación de nuestro paramo fue por parte de ciertos legisladores, pertenecientes a bancadas que históricamente han trabajado para favorecer a las multinacionales en Santander, pero sobre todo de las autoridades administrativas. El gobernador Mauricio Aguilar en un video fugaz y que duró menos que un estornudo, anunciaba en Twitter su satisfacción sobre la decisión del ANLA frente al proyecto minero en Soto Norte, pero como dicen las abuelas “¡A ese man no se le cree ni lo que reza!”

Hace menos de un mes el Gobernador se encontraba sumamente preocupado porque en Bucaramanga se realizaría una Caravana en favor de Santurbán, que tenía la bendición del alcalde Cárdenas, de múltiples organizaciones sociales y populares de ambientalistas, de ciudadanos del común y del resto de lagartos que sacan votos por ponerse la bandera de la lucha por el páramo un ratico, que pretendía visibilizar esa lucha que se lleva a cabo desde hace más de 10 años.

La vaina es que en esa ocasión no supo decir cuál era la excusa para evitar que los Santandereanos nos manifestáramos en contra del proyecto minero y otros de índole ambiental que afectan a nuestras comunidades (ya que él no lo hace) que el COVID, que la fuerza pública “citica” tendría que lidiar con los “vándalos” como en Bogotá, que voy a ¡militarizar! Y ustedes verán si marchan, que háganlo después, que ¡cuál es el afán!

Pero excusas no le faltan porque, cual si fuese una costumbre vieja arrastrada de sus dos periodos como legislador, cuando se le pidió asistir al primer Debate de Control Político en el Congreso de la Republica precisamente sobre Santurbán, volvió a ausentarse (como las 15 veces que siendo congresista no fue a trabajar) por “Fallas en su conectividad” y dos horas después, muy campante llegó y dijo que “igual pa’ que lo necesitaban allá si él ya había ratificado una posición de cuidar ecosistemas en su plan de desarrollo”

Jum!… no pues gracias! Encima de que tocó pelearle para que a principios de año incluyera efectivamente la posición que dice tener frente “a la protección de Ecosistemas”, fueron dos clausulas miserables las que a regañadientes incluyó para que la Asamblea votara favorablemente dicho plan. Dijo también que realizaría un acuerdo en Tona con el Gobernador vecino en Norte de Santander, cual alianza de Game of thrones, para ir contra la mega minería, proteger los páramos y bla bla bla, pero esos acuerdos de voluntades se las lleva el viento y la cara de Mauricio dando sus declaraciones en RCN no reflejó en absoluto esa supuesta felicidad y satisfacción que decía sentir. 

¿Será igual ese tal “compromiso” que dijo en este nuevo debate, al que tuvieron su padre Hugo y hermano Richard con la sostenibilidad ambiental del Departamento bajo sus periodos como Gobernantes? Porque muy comprometido no estaba Hugo Aguilar cuando se le acusó penalmente por los 21 mil trescientos milloncitos embolatados de Panachi en el Cañón del Chicamocha y que no generó ningún beneficio a las comunidades cercanas al proyecto, o las irregularidades en la contratación y licitación del Ecoparque del Santísimo hecho por Richard Aguilar siendo Gobernador, o el silencio cómplice que han tenido frente a las talas masivas producto de la Conectante en los Cerros orientales.

Richard muy diligentemente pedía en el Congreso de la Republica que por favor pensaran en las comunidades cercanas al paramo, que el proyecto mega minero no generaba más que desigualdad social y perdida de la identidad cultural, curioso ¿no? Porque en el año 2013 el discurso era otro y le pedía al entonces presidente Juan Manuel Santos, a su ministra de Ambiente y al ANLA que “pullen el burro”, que delimiten rápido esa “joda” del Páramo, que era tan sencillo como poner la “raya “en el Parque Natural Regional, así solo se tuviera bajo protección el 10% del sistema de Fabricación de Agua que comparte Santander y Norte de Santander.

¿Ahí si no era importante el bosque alto andino? Y eso sin contar que su labor legislativa ha estado siempre a favor del fracking y la explotación de más yacimientos de petróleo en el departamento, seguramente también harán más videítos y twitts contento con los derrames de Petróleo

Esa tal protección a los ecosistemas tal parece ser que es a dedo (como los contratos que reparten) porque no fue ni será muy efectiva frente a los múltiples crímenes a la naturaleza de la región producto de esos negocios en donde tienen metidas las manitos, ¡eso sí! a costa de nuestra biodiversidad. ¿Tuvieron la misma satisfacción con el impacto ambiental que han generado sus proyectos como el de Hidrosogamoso? ¿Será que Mauricio seguirá el camino de sus antecesores con el relleno sanitario que se pretende hacer en la vereda Chocoa, mientras la papa caliente de “El carrasco” se la siguen rotando?

Ojalá no le falle de nuevo el internet, ni se haga el de la vista gorda con las afectaciones hidrológicas de la ruta del cacao señaladas por la Procuraduría y ratifique posiciones frente a todas las necesidades ambientales de Santander.

En fin, la hipocresía.