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RESUMEN DE LA MINGA EN BOGOTÁ

El 18 de Octubre llega La Minga a Bogotá. Después de una calurosa y merecida bienvenida, La Minga organiza una movilización el lunes 19 de octubre que sale desde el Palacio de los deportes (lugar donde se están hospedando) hasta la Plaza de Bolívar, movilización a la cual decido ir sola pues la Alcaldesa Claudia López asegura que no habrá ESMAD ya que no es necesaria su presencia tomando en cuenta que la Minga tiene su propio cuerpo de defensa y que vienen en son de paz.(Claramente no me iría sola a ninguna movilización donde haya presencia del ESMAD pues una nunca sabe si va a terminar violada, sin un ojo o desaparecida)

Ya instalados en la Plaza de Bolívar, la Minga ejecuta una demanda contra el actual presidente Ivan Duque (representando su ausencia con una silla vacía en la mitad del escenario) por ser cómplice de la barbarie que estas minorías están viviendo en sus lugares de origen.

Bajo su mandato, los asesinatos a líderes y lideresas sociales solo han ido en aumento, la muerte y masacre de indígenas, campesinos, campesinas y personas afro se ha vuelto el pan de cada día. Y la naturaleza, ente sagrado para estas comunidades, está siendo vendida y explotada gracias a leyes medioambientales laxas y para colmo, expropiada por  grupos al margen de la ley. Estos son solo algunos de los puntos que tocan los y las representantes de la Minga, también se habló del fracking, de los feminicidios, de la estigmatización al cultivo ilícito y del mal manejo de recursos durante la pandemia por el covid 19. Además demandaron la invisibilización de sus derechos, el incumplimiento de los acuerdos de paz propuestos en la Habana y los intentos por frenar y satanizar la protesta social pacífica.

Después del discurso de varios representantes exponiendo los anteriores puntos se convoca la presencia al escenario de líderes y lideresas espirituales y naturales de diferentes tribus y colectivos para hacerle un juicio (bajo las normas de su cultura y sus costumbres) al presidente Ivan Duque. Suben al escenario docenas de hombres y mujeres y después de una breve introducción comienza una procesión con música y baile sin censura alguna al consumo de coca, chicha, tabaco, marihuana y otras sustancias autóctonas de estas comunidades.

De principio a fin la movilización fue pacífica, miembros de la guardia indigena estuvieron alrededor de toda la plaza atentos a frenar cualquier intento de violencia, y tratando de desenmascarar a los supuestos infiltrados. El evento cerró con una exposición puntual de los temas que quieren tratar con el Presidente Ivan Duque.

20 DE OCTUBRE DEL 2020 

El presidente Ivan Duque desplanta a 8000 indígenas, campesinos, y afros que viajaron casi 600 kilometros desde el Cauca, Nariño, Putumayo y alrededores, con pocos recursos y arriesgando su salud,  buscando hablar con él, no con sus ministros ni representantes, si no con él y lo que hace el presidente es mandar un comisionado de paz al Cauca, ¿Por qué al Cauca cuando los representantes de la Minga están aquí, en su patio?.

¿Por qué dilatar tanto una reunión de extrema urgencia para estas comunidades obligándolas a atravesar medio país con los pocos recursos que tienen porque el presidente, que cuenta con aviones y helicópteros, no es capaz de asistir a las reuniones propuestas por La Minga en Cali y otras sedes?

Estos actos evasivos y descarados obvian el hecho de que a Ivan Duque no le importa la violencia vivida en las periferias del país, estas acciones me hacen pensar que para el gobierno las minorías son ciudadanos de segunda clase que tiene que soportar todo tipo de vejaciones en el olvido absoluto de un gobierno ciego sordo mudo. 

21 OCTUBRE DEL 2020

Después de un  fuerte aguacero los campamentos de la Minga se ven gravemente afectados. Por redes sociales y otros medios se hacen recaudaciones de comida, frazadas, ropa y comida. La Minga no tiene más opción que devolverse a su tierra sin poder cumplir con su cometido. Parten en la mañana, no sin antes mostrar su apoyo a los marchantes que se preparan para el paro.

Ojalá el gobierno entienda que las marchas van a seguir sucediendo, y que, en efecto, son un riesgo sanitario muy alto, pero este riesgo se podría prevenir, no erradicando la protesta social de forma violenta (como se hace siempre), si no sentándose a hablar con el pueblo, con La Minga, con  los colectivos y asociaciones de trabajadores, estudiantes y mujeres, escuchando sus reclamos, sus demandas y sus problemas. 

Personalmente se me entibia el corazón al pensar en una Colombia tan diversa.

En la movilización del 19 de octubre se veían hombres y mujeres de todas las razas, madres con niños en brazos, niños y niñas tomando limonada, adolescentes uniformados, ancianos y ancianas tocando la tambora, guardias indígenas mujeres. Durante los discursos se usó el lenguaje inclusivo todo el tiempo, y se resaltó la inclusión y participación activa de personas pertenecientes a la comunidad LGBTIQ. Creo que la Minga entendió algo que nos hace falta entender a los citadinos privilegiados y tibios que no nos toca la violencia tan de primera mano, y es que cuando el enemigo es tan grande y voraz como lo es la guerra y el abandono y monopolización del estado, tenemos que unirnos a pesar de nuestras diferencias, tenemos que dejar de ver al otro como un conjunto aparte de pensamientos, religiones y creencias y empezar a verlo como un aliado. Hay una obsesión por dividir al pueblo entre izquierda y derecha, entre Uribe y Petro, entre rico y pobre, entre ateo y catolico, esta lucha que ha venido cocinandose desde el 21 de noviembre de 2019, y desde antes (pues el país ha estado sumergido en la violencia por décadas) llegará a algo cuando dejemos de estigmatizar a nuestros compañeros y nos unamos a ellos en una sola voz.

Creo que La Minga es un ejemplo valiosísimo de lucha, no todos estamos dispuestos a atravesarnos medio país, en medio de una crisis sanitaria, para exigir ser escuchados, esto es un acto admirable, pero también preocupante pues significa que la cosa está tan grave que no hay tiempo para esperar a que todo mejore. Es ahora o nunca porque nos están matando. 

Breve resumen de la movilización de la Minga por Ángeles Yepes.

Crónica de una pandemia, academia y desempleo

Hoy es un día de esos en los que me siento frente al teclado con todo revuelto, las ganas revueltas y los recuerdos mas extraordinarios que me acosan la mente como las ganas de bailar en un antro hasta que la luz del sol reaparezca tras los cerros. Las cosas no han sido sencillas, existir siempre es un obstáculo en sí mismo, es curioso como la inercia de la vida (si se deja a su merced) lleva inevitablemente a su mas indudable contradicción.

Me dediqué a salir a las calles, a conocer personas y lugares de los que desde mi llegada a Bogotá ya me parecían mas mitos y leyendas urbanas que realidades factibles; pienso que debería dejar de fumar porque mis pulmones me rogaban descanso en el trayecto para llegar allá, no tanto por la distancia (que en una ciudad de siete millones de habitantes resultaría mas bien risible) sino por el esmog, el polvo y el hollín que se acumula en la Avenida Primero de mayo o en la Boyacá, estar ahí se sintió como el equivalente a embutirme dos cajetillas de Piel roja en media hora y ciertamente no soy un fumador compulsivo.

De igual forma, como escribo esto es una sensación mezclada de desesperanza y confusión constante, como una rescilencia a tener fe en la conciencia colectiva de la literatura, la crónica se hace cada vez mas absurda y sobrecargada de información en estos tiempos digitales, gracias a la abundante pero invisible cantidad de medios que hay para su difusión, también la explosión informativa que hace de esta un medio reiterativo e innecesario, como un apéndice que va muriendo poco a poco y que servirá solo para la revisión histórica de los hechos en un futuro lejano para estudiantes de archivística que disfruten de la arqueológica exploración de las hemerotecas del futuro.

La implosión del espacio

Tras el COVID el espacio exterior ha sido reducido tanto que se ha hecho esencial la vida herméticamente sellada de los departamentos, residencias y piezas que habitamos. Para los estudiantes que chapados a la antigua disfrutaban de largas travesías surfeando las bibliotecas públicas, su escape académico de la realidad se convirtió en un martirio de lectoescritura en Word y PDF, la oportunidad de escapar de una reducida y limitada vida de habitación o claustrofóbicas relaciones familiares quedo vetada por mas de un año, esto le sumo importancia a la distribución espacial y arquitectónica de los mal considerados hogares.

Para muchos estudiantes foráneos (es decir que habitan itinerantemente en la región donde se encuentra la universidad pero migran a sus sitios de origen cuando el semestre termina) se quedaron atrapados o huyeron tan pronto como se anunciaron las clases virtuales y ahora la relegada arquitectura colombiana adquiere un papel tan esencial como diverso pero al tiempo es la responsable de que el aislamiento sea ameno, los encerrados monoambientes estilo caja de zapatos, o las habitaciones colmena de residencias estudiantiles que tenían mas habitaciones de las que una casa de barrio podría soportar asfixian la creatividad y la capacidad humana que antes solo se ocultaba en tan lúgubres cuevas con el único fin de descansar, sin duda esto ha demostrado una de las muchas fragilidades que tenemos, cuando nuestra salud mental en sí requiere de algo que antes tal vez consideramos como secundario.

El Exhaustivo sendero del desempleo

Al tiempo que escribo esta crónica me veo abrazando un nuevo papel de desempleado en medio de una pandemia y una crisis económica mundial, algunos ahorros y el apoyo de familiares me da un respiro mientras encuentro una nueva labor paga

porque elegir en Colombia el camino de la literatura es el equivalente a un desesperado sendero Jattiniano de hambre y miseria

pero la búsqueda de empleo en Bogotá es una aventura desabrida y costosa de la que solo algunos privilegiados pueden darse gusto, gastar los ahorros en pasajes de transmilenio para ir a zonas francas y ostentosos edificios empresariales con medidas absurdas de bioseguridad para el máximo de 25 oficinistas que tuvieron la mala fortuna de ser indispensables para la operación, no es una transición placentera al shock del desempleo.

Tras el matinal y vespertino alargue del esfuerzo físico que representa la búsqueda de trabajo, las caminatas por los imponentes edificios cristalinos del norte de la ciudad, resolví ignorar la desesperación mundana y abrazar la retentiva melancolía del atardecer, ver el sol caer y morir tras los edificios y alejadas planicies que se extienden hasta el nevado del Tolima sentado en una absurda cavilación banal cargada de desasosiego.

Es hastiante el madrugar significativo y llenar de sentido una rutina extenuante de recorridos obtusos y abrumados por la esperanza, así, mientras el viento se terminaba de fumar mi cigarrillo solo vino a mi mente un recuerdo de mi mamá orgullosa por el descubrimiento que hice en el balcón del departamento, en el que durante el día las cortinas se escapaban siguiendo la brisa y en la noche se acomodaban como huyéndole a la sombra del sol. Tal vez pensó que de aquella observación había algún talento oculto que sacaría a mi familia de esa cuerda floja que es la clase media vergonzante, creo que lo único que logre fue identificar un ciclo mas de la humanidad, escapar del encierro para poder romanizarlo y luego volver placidamente a el como una pluma descendiendo levemente sobre el suelo después de una ventisca.

Sin embargo de algún modo Bogotá, esta ciudad superpoblada y desorganizada, atrapada en el subdesarrollo por una serie de problemas urbanísticos que se han venido acumulado por los años, donde las localidades se desarrollaron como pueblos y se quedaron permanentemente en esa etapa villera y semi-rural donde cuya demografía en aumento solo trajo problemas mas rápido de lo que podían resolverse; tiene su encanto, el vigor del frío nocturno y la brisa que recorre mi nuca en las tardes solo me hace alimentar una imaginación emocional y abierta de libertad, para alguien de una región cualquier metrópolis siempre vendrá acompañada de la fantasiosa puerta abierta de las oportunidades que ofrece la gran ciudad y este al final del día es el gran consuelo del desesperado joven estudiante, o trabajador, o ambos, o ninguno que se enfrenta en soledad a un mar de nubes, imponente y desapegado al dolor de las personas

donde la individualidad es sinónimo de insignificancia y la colectividad es una manifestación amenazante para el poder, de ahí el miedo al prójimo y la asociación.

La indolente levedad del asesinato

Esa es la conclusión definitiva de que el poder siempre que exista en su forma jerárquica, masiva y organizada a modo autoritario existirá como un triunfo magistral del individualismo, la pasividad de las masas ante el homicidio de estado que para el día de hoy parece mas bien un efecto común de la “nueva normalidad” que dejo el COVID, una serie de decretos autoritarios y un poder ejecutivo concentrado que, obsesionado con el control se ha dedicado a la acumulación de los poderes constitucionales y el desconocimiento de las demás ramas del poder público, la negativa a acatar el fallo de la corte constitucional a cerca de los hechos del pasado 21 de noviembre del 2019 donde cayo asesinado Dylan Cruz a manos de un agente del ESMAD y ante el reciente asesinato de Juliana Giraldo, una mujer trans, a manos de un militar en un retén vía al Cauca.

Desconocer la muerte es demasiado fácil, ignorar la complejidad de la esencia humana y reducirla a “fiambre” o el muerto, o el “muñeco” es parte de la naturaleza mas propia e intima de nuestra pírrica identidad nacional, si hay algo que es sencillo de identificar entre nosotros (y nuestros dirigentes) es esa manera de alimentar la insensibilidad e invisibilizar el misterio de una conciencia entera que se borra, ciertamente esto no es nada que no se haya dicho ya, poner una frazada o una bolsa negra sobre un cadáver e ignorar el hecho de que se está cerrando el telón de un compendio de sueños, aspiraciones y posibilidades tras un ultimátum que no escucharon a tiempo y del que no estuvieron realmente consientes hasta el momento en el que todo desaparece;

los chistes entre amigos, los romances, las notas de amor, los mensajes de cariño de mama en las mañanas, las tareas incompletas, los besos pendientes, todo eso se esfuma como una colilla desamparada que se quema hasta las cenizas en sus últimos minutos, una última mirada al cielo enrojecido por la cascada de sangre que bombea el cuerpo a la cabeza.

Si muero en medio de todo esto, solo quiero que se me entierre en Bucaramanga, asi, si dejo este mundo bajo circunstancias obscuras, que por lo menos mi familia me pueda visitar de ves en cuando, como dejando de consuelo la fantasía de que algún día podre concretar este sueño pendiente que es el mundo al cual le escribo.

Crónica de las Revueltas Bogotanas

TENÍA MAS EN COMÚN CON TODOS NOSOTROS QUE CUALQUIER OTRO ENTE MAGNÁNIMO…

En vísperas del cumpleaños número cincuenta y nueve de mi tía el asesinato de Javier Ordóñez a manos de la policía desato una serie de revueltas y desmanes que destruyeron casi la totalidad de los comandos de atención inmediata, los mal llamados CAI’s centros de legalización de crimen donde se cobraban vacunas y los agentes oficiales operaban a modo de una mano negra, administraban los arriendos de los puestos de venta informal, cobraban deudas del microtráfico y autorizaban robos o se organizaban oficiales y criminales para actuar de manera conjunta y creíble, esta era una realidad de la que todos estábamos consientes; lo que paso esa noche es que nos sobraban razones, Javier no fue una mecha previsible, sino interruptor,

porque ese hombre que no era ni un político, ni líder social ni nada, tenía mas en común con todos nosotros que cualquier otro ente magnánimo, un taxista con título de abogado, al parecer atormentado y fiestero fue la figura que ignicionó las calles de la ciudad. 

Al día siguiente la policía asesinaría a Julieth Ramírez, de 19 años, en Suba La Gaitana, Christian Hernández, de 24 años, y Jaider Fonseca, de 17 años, asesinados en Verbenal la misma noche del 9 de septiembre. Germán Smith Puentes, de 25 años, también fue asesinado  por la policía en Suba Rincón de un disparo en el tórax; en esta última locación la policía atacó  a los manifestantes de frente, en videos se ve como huyen las personas a través de las canchas mientras les disparan. Por último, Christian Hurtado Menecé, de 27 años en Soacha Ciudad Verde siendo este el caso mas alejado al centro urbano. 

Pero la rabia no quedo en una masacre injusta, los enfrentamientos resultaron en CAI’s, Motos oficiales y hasta buses del SITP incinerados, sin mencionar el articulado que quedo reducido a cenizas en Bosa.

Los informes de la policía hablan de 15 buses del sistema de transporte vandalizados y unas decenas mas de vehículos policiales junto con algunos vehículos particulares, en tiempos mas fundamentalistas serian llamas divinas purificando los dañinos productores de hidrocarburos. Polvo eres y polvo serás. 

Mi abuelo murió ese mismo día, no de enfrentarse a la policía, sino a causa del alzhéimer y el párkinson degenerativo que le venía corroyendo su cuerpo ya oxidado por la edad, algo muy similar a lo que ya hace el esquema policial en todo el país; sin embargo gracias a las revueltas el luto fue un carnaval fúnebre para mí, esa es la belleza que hace de Bogotá un espectáculo escalofriante, noches oscuras que por el frío paramuno por el cual los abrigados grupos suburbanos ganaban su estética particular, era una feria típica y coloquial embellecida con punketos, hippies, estudiantes, trabajadores, extranjeros y a veces un solo individuo podía serlos todos al tiempo. 

Entre el 10 y el 11 de septiembre se levantaron bibliotecas populares, huertos comunitarios y centros culturales donde quedaron los restos de las estaciones de policía que fueron incineradas, erguidas no por iniciativa del distrito sino como una forma de los habitantes de rendir homenaje a los muertos de la violencia, el CAI de la Gaitana paso a llamarse Centro Cultural Julieth Ramirez y se hizo un mural en su memoria (el cual borraría la policía de manera insensible y cruel con la comunidad);

En el Parkway de Teusaquillo, durante mas de 5 horas seis escuadras de oficiales del Escuadrón De “Muerte” Antidisturbios (ESMAD) tuvo que vernos bailar, beber, declamar, pintar y compartir como comunidad la fiesta de emanciparnos de una vigilancia corrupta e inescrupulosa, bueno, eso mientras duro,

al poco rato el ESMAD avanzo despejando y retomando el CAI de manifestantes, que al día siguiente se aglomeraron nuevamente tomando la locación y haciendo ejercicios de discusión sobre temas como la necesidad de las cárceles en el país.

Ahora, con el COVID respirándonos en la nuca, la seguridad alimentaria en el piso y sin mencionar el desempleo y la desigualdad social en una ciudad masiva y ridículamente atrasada como Bogotá, las personas se preparan para nuevas jornadas de paro el 21 de septiembre, jornadas que quieren manifestar la inconformidad, pero aun mas importante, organizar la digna rabia y el dolor dejado por un sistema mediocre y abusivo en todas sus esferas, un modelo económico injusto y desigual que debe ser abolido y reemplazado totalmente, porque de lo que venimos siendo no es mas que reinvenciones y reencauches de los nichos gobernantes y sus largas dinastías y linajes que han repartido el país a gusto y poder hacer un país para Javier, Julieth, Cristian, Jaider, Germán y Cristián H, para que los desadaptados, los marginados, para los maricas, las trans, para los indígenas, y donde se puedan confrontar ideas en paz, donde la polémica y la crítica sean el centro de las discusiones diarias para llegar a acuerdos comunes sin la necesidad de tener entidades violentas, represivas y asesinas. 

Desarmar a la policía Bogotana es una obligación urgente, para con nuestros muertos, hijos y seres queridos.