Cuando el Estado nos falla: el caso de Jeferson Navarro

Por: María Alejandra Arciniegas Rueda

Cuando vi la noticia del joven ladrón al que mataron siete hombres, me demoré un poco en procesar el asunto. Los hechos fueron los siguientes: Jeferson Andrés Navarro Rueda, de 19 años, ingresó junto con otro hombre a un billar, donde se disponían a robar con arma de fuego a todos los presentes. Poco después, una de las personas que allí se encontraban, se abalanzó sobre él, seguido por otros seis comensales. Los hombres le dispararon a Jeferson Navarro con la misma arma que él tenía para robarlos, le clavaron los tacos de billar en repetidas ocasiones y finalmente lo lincharon.

Por un lado, en un país donde la injusticia es el pan de cada día, en el que en más de una ocasión se capturan a los delincuentes para dejarlos en libertad a los pocos días, la justicia por mano propia se convierte en la alternativa más efectiva en el imaginario de la ciudadanía. Como ejemplo, está un caso sonado: el de Carmen Cecilia Contreras, una mujer de 56 años que denunció al hombre que la robó. Aquel hombre fue a la cárcel por unos días pero fue puesto en libertad, libertad que aprovechó para matar a Carmen Contreras. Esta clase de fallas en la justicia son las que hacen que muchas personas sientan que es más útil castigar por sí mismas al delincuente.

Según datos publicados en 2020 por el “Rule of Law Index” (un índice que suministra  datos sobre ocho dimensiones referentes al estado de derecho), en el indicador de justicia civil, que mide factores como la ausencia de corrupción y la aplicación efectiva de este tipo de justicia, Colombia obtuvo 0,49 puntos, donde 0 es la calificación más baja y 1 la más alta. En cuanto al factor de justicia penal, que estudia puntos como la efectividad del sistema investigativo penal y la ausencia de corrupción en el mismo, la puntuación fue de 0,34. Estos resultados nos ubican, en cuanto al primer indicador, en la posición 79 (de los 128 países donde se hizo el estudio) y en el puesto 101 respecto al segundo. 

De cierta forma es entendible que en nuestra sociedad capitalista se valoren de sobremanera los bienes materiales, porque al fin y al cabo se obtienen a partir de la fuerza y las horas de trabajo de cada individuo. Quizás muchos se sientan miserables trabajando 12 horas diarias o más para ganar un mínimo con el que pueden sobrevivir y de vez en cuando darse algunos lujos.

Esto se explica en el artículo Justicia por mano propia en Colombia: un análisis desde los conceptos de ira e ira transicional, en donde el profesor de la Universidad de los Andes, Iván Javier Mojica Rozo, afirma que “cuando nos convertimos en víctimas de un delito sentimos ira, ya que consideramos que hemos sido dañados de manera injusta por alguien que no tenía ningún derecho a violentarnos, y eso hace que sintamos un deseo de retribución”.

Por otro lado, hay otro factor para tener en cuenta y es la desigualdad . En cuanto a ello, Colombia tiene experiencia. Según el coeficiente Gini, nuestro país cerró el 2020 con 0.544 puntos. Cabe aclarar que este varía entre cero y uno, siendo que cero refleja una sociedad igual, y uno, una completamente desigual. Además, con la pandemia, el indicador de pobreza cerró el 2020 con un 15,1%, es decir, aumentó 5,5 puntos porcentuales.

Si bien, la desigualdad no es el único factor que puede llevar a la violencia, sí es determinante. El economista Hernan Winkler afirmó en una entrevista para el Banco Mundial que “la actividad criminal también se puede explicar por un análisis costo-beneficio; cuanto más escasas sean las oportunidades económicas para los más pobres y mayor sea la brecha de ingreso entre pobres y ricos, los beneficios económicos de crímenes como robos o secuestros […] tienden a ser mayores”.

Y no, con esto no busco justificar a los ladrones o a las personas que buscan un “camino fácil” como sustento de vida. Pienso que deben hacerse responsables de los actos que comenten, que, en el escenario ideal, equivaldría a estar en prisión, pagar su pena y vivir un proceso de resocialización. Pero dejando esto a un lado y volviendo al tema inicial que me llevó a extenderme en toda esta cháchara, ¿realmente fue justo lo que sucedió con Jeferson Navarro? ¿fue proporcional lo que recibió comparado con lo que estaba haciendo?

Sí, el joven tenía antecedentes por hurto y en el momento llevaba un arma de fuego, pero, ¿equivale a ser torturado por siete hombres para posteriormente ser asesinado? Varias personas han comentado que lo merecía y que a él no le hubiera temblado la mano para usar el arma. Al respecto, solo quiero decir que es un argumento partido de un supuesto y por ende, es una falacia de composición. La sevicia con la que aquellos hombres pusieron fin a la vida del chico me da escalofríos. Según la familia de Navarro, él pedía perdón mientras el ataque sucedía. Esto me lleva a preguntarme quién es más peligroso, porque sí, hay un ladrón menos… pero siete (a mi parecer) psicópatas más.

Pero ¿de quién es la culpa? ¿del joven? ¿de los hombres? ¿del sistema judicial? o ¿de la pobreza, desigualdad y falta de oportunidades? Creo que en últimas, el Estado nos falla y, como siempre, los que nos vemos afectados somos los ciudadanos del común.

LA GUARIDA DEL FRACASADO

Desde mis escasos quince años se volvió imperativa la búsqueda de una identidad que me permitiera caracterizar, para llegar a ser la persona que los artilugios del ego y la vanidad amañaban en mi cerebro cuando me veía en el espejo. Desde ahí empezó mi necesidad por resignificar el fracaso, luchar contra la difamación de la vagancia, la indecisión, la cobardía, la feminidad y toda esa amalgama de cosas que también formaban parte de mí siendo un niño flacuchento, hipocondríaco y de delicadas maneras, contra las que tenía que luchar, según las costumbres de mi tierra.

Abrazar lo que era por el simple hecho de existir, fue el primer paso para reflejar en los demás eso que nadie veía, ahí empezó mi camino por la escritura: necesitando manifestar que eso estaba ahí y que no era necesaria una imagen sino una imaginación para verlo. Lo llevé al límite y ahora estoy aquí, parado frente a un abismo terrorífico, una tierra de nadie en medio de las trincheras, pero para mi consuelo no estoy solo y me doy cuenta de que todos los que hemos decidido lanzarnos a este lodazal tenemos historias similares, atormentadas, desposeídas, desacralizadas o desagradecidas.

Así fue como me encontré con John y otros escritores de la ciudad hormiguero (Bucaramanga), y poco a poco espero encontrarme con otros a lo largo de esta fosa común con himno nacional en la que tuvimos el infortunio de nacer. El camino por la autodeterminación, la exploración del yo a través de la proyección a los demás, el espíritu de las letras que cobran forma por sí mismas y adquieren un sentido que parece previo, la conciencia de que serán escritas, como una esencia imperante, previa y superior a mí; son cosas que nacen de la esencia de existir para convertirse en una substancia recíproca, propia de lo que somos.

Por eso decidí entrevistar a John, por mi necesidad de demostrar que no estamos solos en esto y que podemos leernos y queremos vernos codo a codo en esas trincheras existenciales que hay entre las cuartillas de nuestras obras.

De todo lo que hablamos antes, después y durante la entrevista, entendí que no hay caminos separados, que los de todas las personas están entrelazados por lo menos por un nodo diminuto de los acontecimientos en este mundo caótico lleno de doctores, bandoleros, políticos y virus asiáticos.

En su última entrevista, John me dijo que votará por la derecha, que Uribe tenía razón, que los monstruos no usan corbata ni camuflado y que mis papás nunca se equivocaron mientras me criaban.

Ahí fue cuando pensé: “este tipo es un mesías, o un profeta” pero luego dio un salto, hizo una maroma en el aire, aterrizó en su batería y con un redoble de comedia me pidió que dejara de mirarle las tetas a mi exnovia, sin duda alguna, estaba frente a un ídolo de la escritura.


Como nada de esto es cierto (o tal vez sí excepto lo más ridículo y viceversa), pero coherentemente resulta real sonreír al imaginarlo hacer todo eso, prefiero creer inofensivamente que es así. John y su nombre genérico tienen encima suyo la experiencia indolente y atrapante del poeta latinoamericano y de la lucha por convertirse en un patrón de las causas perdidas, la literatura en un mundo pandémico, digital y disperso. Y tiene en su alma la determinación de convertirse en el ejemplo de éxito que hace falta para sacar de la caverna profesional al poeta y darle el glamour de un Escobar de las letras, aspirando cuartillas cual líneas destartaladas que prometen acabar con el solipsismo desaforado del adolescente desesperado que busca ese consuelo inhumano que no reside en el otro, si no en la proyección del otro en uno mismo, la incesante y relampagueante búsqueda de la identidad.

Un regreso a clases sin garantías

En la primera semana de agosto del 2021, la Alcaldía de Floridablanca anunció el regreso a clases. Un comunicado de prensa del despacho informó que: “Después de varios meses de trabajo que ha adelantado la secretaría de educación disponiendo de las mejores condiciones para el reinicio de actividades, este 2 de agosto regresaron 16 colegios oficiales a clases presenciales”. El problema aquí es que los docentes de las distintas instituciones del municipio manifiestan que no cuentan con los implementos de bioseguridad y tecnológicos suficientes para poder brindar un regreso a clases seguro y eficiente a toda la comunidad educativa. 

El secretario de educación de la Alcaldía de Floridablanca, Pedro Osma, manifiesta que las 16 instituciones cuentan con los implementos de bioseguridad y la organización para el regreso a la presencialidad, pero el panorama en las aulas de clases es distinto. Las pruebas piloto que se deben hacer para retomar las clases tampoco fueron realizadas y ahora podemos observar el resultado de esto, ya que una mayoría niños y jóvenes no están recibiendo adecuadamente sus clases por culpa de la negligencia de los gobernantes del municipio. Lo triste aquí es que esto se está viviendo en todo el territorio colombiano. 

Comunicado de prensa de la Alcaldía de Floridablanca

Un ejemplo claro de aulas en condiciones adecuadas y con los implementos de bioseguridad necesarios para el regreso a clases, lo dan distintas universidades y colegios privados del departamento, que sí tienen la disponibilidad de brindar una educación optima en presencialidad remota a sus estudiantes. 

Algunos manifiestan que los colegios y universidades privadas sí tienen el dinero para implementar estas mediadas de bioseguridad, pero dejan de lado que el estado está en la obligación de implementar estas mismas medidas en todas las instituciones públicas.

Profesores, estudiantes y padres de familia manifiestan lo siguiente:

Yo creo que hoy han ingresado 10 chicos, 10 estudiantes. Los demás están en la casa esperando a que nos podamos conectar y ahí cada uno como puede hacerlo. Con mensajes de WhatsApp, tratando de conectarse a algún puntico donde llegue Internet y tratando de hacer lo que se pueda desde ahí».

Denuncias de padres y profesores.

Llegamos y encontramos la institución con Internet, pero no con la cobertura que necesitamos los docentes para conectarnos con los chicos que están en las casas».

En el municipio de Piedecuesta la situación no es distinta, pues los docentes también manifiestan que los obligaron a regresar a clase con los estudiantes que asisten a la presencialidad remota, y de esta forma descuidan a los estudiantes que no pueden asistir a esta. Pero la costumbre de nuestros mandatarios es enviar la policía para que reprima a los profesores que se manifiestan en contra de las decisiones de la secretaria de educación Adela Silva y el alcalde Mario José Carvajal.

Video de los educadores en Piedecuesta – Santander

En las redes de la Alcaldía de Piedecuesta circula un video donde se dice que se cumplen con los protocolos de seguridad y los debidos distanciamientos, pero esto parece quedarse solo en una estrategia de propaganda política con el fin de subir la imagen del alcalde del municipio.

Imagen tomada de la página de la Alcaldía de Piedecuesta

Estos son algunos de los comentarios que padres de familia hacen en las redes sociales de las alcaldías del departamento. Pero esto no se vive solo en Santander, esta es la situación que viven todos, o al menos la mayoría de colegios públicos del país. El día 05 de agosto la ministra de educación, María Victoria Angulo, realizó una visita al departamento para hablar del tema. Pero es que la ministra olvida que las instituciones no están listas para regresar a la presencialidad.

Por respeto al periodismo y a la comunicación social.

Por estos días salió al aire lo que desde hace un buen tiempo se sospechaba y es de vieja data en el medio; el gobierno departamental dilapida los dineros públicos en pagar a seudoperiodistas, a medios de prensa, ya sea radio, televisión o plataformas digitales para “hacer prensa” de su gobierno; sin embargo y como este miércoles quedó clarisimo en el debate de control político que hizo en la asamblea departamental el “profe” Ferley Sierra, estos dineros están siendo direccionados para “lavar la cara” del gobernador, para atacar a contradictores políticos del actual gobierno y sencillamente, hasta para pagar favores de campaña.

Entre otras cosas reveladas en el debate se hallan casos absurdos en los que a una “influenciadora” se le hacen pagos de hasta cuarenta y dos millones ($42.000.000) por poner algunas imágenes en sus “historias” de Instagram; pagos de hasta setenta y cinco millones ($75.000.000) a paginas web con escasa cobertura;  Casos absurdos de despilfarro que se juntan con otros contratos a decenas de “periodistas” prepagados para hacer contrapeso a las cada vez más constantes denuncias de corrupción en la gobernación departamental.

Es claro que todo esto es una afrenta al verdadero trabajo periodístico que puede desarrollarse en la región, es una afrenta que muchos reconocen en privado, pero callan en público. Las dinámicas comerciales de los medios de comunicación han ido cediendo ante la coyuntura económica; algunos reconocen que pocas empresas pagan pauta y que “sobreviven” con los contratos públicos; lo que no puede ser es que estos contratos sean direccionados y los medios se vean obligados a perder la objetividad; aparecen entonces los mercaderes de opinión, los twiteros de gazapos y los “influenciadores” de pacotilla (cuya influencia está absolutamente sobrevalorada).

Respeto pido por el trabajo periodístico y por el arduo trabajo de los comunicadores sociales, muchos de ellos trabajando en verdaderas condiciones de adversidad para hacer una labor comunicativa, la mayoría sin acceso a estos contratos y con mucha más entereza para realizar un trabajo denodado por informar en diversas comunidades. 

Entre las personas que han recibido los contratos mencionados de prensa, pocos son periodistas o comunicadores de profesión, aparecen, por ejemplo administradores agropecuarios  que podría pensarse que, al no recibir suficiente apoyo en el sector agropecuario, se vieron avocados a trasladarse a otro segmento productivo; pero la realidad es que hay una evidente problemática de corrupción que los órganos de control correspondientes deben comprobar y sancionar.

Por estos días nos dejó uno de los grandes periodistas que ha tenido Colombia, Germán Castro Caicedo; sus crónicas, sus opiniones sustentadas en profundas investigaciones y su gran disciplina periodística deben ser ejemplo para toda una generación que ha visto constreñida la verdadera acción y el papel fundamental de mantener un periodismo objetivo y crítico frente al poder, como contrapeso necesario en el ejercicio democrático.

Sería bueno ver a más periodistas y medios locales alzar la voz, quitarse de encima el yugo de la parapolítica regional y devolver a la ciudadanía una credibilidad que poco a poco se ha ido perdiendo, es tiempo de devolver el respeto al periodismo y a la comunicación social.

La cómica estrategia de seguridad de Juan Carlos Cárdenas


Por Frank Asado

“Amigo el ratón del queso”, dicen las abuelitas y uno que otro colega de la revista, y esta analogía es perfecta para explicar lo que está sucediendo en Bucaramanga: la policía es el gato, el ratón es la crema innata de manifestantes que aún siguen dándole aguante al paro en la ciudad y el queso, tal vez es la esperanza de sorprender a la mamá con una nueva tanqueta blindada para que monte un puesto móvil de verduras.

La nueva dinámica del tropel está acompañada de una marcha masiva y de una avanzada impresionante (al punto de llegar a cañaveral), que termina en enfrentamientos tarantinescos en plena autopista sur, conectante con Bogotá y esencial para los intereses comerciales e industriales de las élites nacionales. Sin embargo, la desescalada prevista (que tomo más de lo que todos los analistas pudimos pronosticar) ha llevado a estas marchas a focalizarse y delimitarse dentro del núcleo municipal de Bucaramanga y aunque su naturaleza es cambiante, ahora tienen un común denominador: terminar en la UIS, que opera como centro de abastecimiento de la protesta y puesto médico de urgencia para las brigadas, que maniobran atendiendo manifestantes afectados por los gases y las arremetidas policiales.

Esta es la táctica repetitiva y la organización de cardumen que se sigue casi religiosamente en las marchas, cada vez menos atendidas por manifestantes. Pero, por lo mismo, han venido “filtrando” desde los más apáticos a los más comprometidos con la protección de la movilización, y esto genera que con cada convocatoria se queden los más experimentados, radicalizados y dispuestos a enfrentar a la policía. La experiencia de la manifestación ha empezado a desarrollar naturalmente pequeñas milicias urbanas de armamento clandestino (resorteras, piedras y cócteles molotov), que se coordinan dentro de la movilización con total anonimato. Limitan su accionar y articulación dentro de las marchas y no fuera de ellas, lo que las diferencia de las guerrillas o cualquier otro tipo de organización furtiva.

La aparición de este instinto gregario de lucha ha sido un verdadero dolor de cabeza (literalmente) para la policía, que atendiendo las manifestaciones ahora entiende la realidad de sus limitaciones numéricas y materiales para responder a periodos extensos (nunca vistos) de movilización. Ya que les ha sido imposible satisfacer las necesidades tácticas para reprimir las manifestaciones, el cuerpo policial ha optado por una estrategia novedosa que es digna de reconocer: proteger puntos estratégicos de tráfico (rotondas, avenidas, intercambiadores y rutas de carga) e infraestructura clave como el estadio y algunos centros de comercio, aunque irónicamente ignoran hospitales, escuelas e iglesias, lugares a los que llenan de gas lacrimógeno indiscriminadamente. Esta estrategia del abejorro les permite picar manifestaciones resilientes, retirarse (a ver el partido de Colombia como fue el caso de ayer, 23 de junio), luego volver a presionar y mantener las bajas y el gasto de equipo al mínimo, pero maximizando el efecto de su respuesta al obligar a los manifestantes a perseguirlos por calles angostas como si fuera una corrida de toros.

Irónicamente, esta táctica de presión y repliegue me lleva a hacer una comparación inevitable: la policía municipal ha quedado reducida a un cuerpo de combate campal y fragmentado, muy similar a una guerrilla urbana, claro, haciendo salvedades respectivas como el uso de tanquetas y equipos de radio de alta gama. Ciertamente, esto ha convertido a los barrios de San Francisco y principalmente San Alonso, en zonas de combate abierto en las que se pueden delimitar varios frentes entre policía y manifestantes, por lo que ahora las marchas se dilatan en varias calles, cuellos de botella, ganchos, puntos de reagrupamiento, abastecimiento, respuesta y contraataque. Algunos llamarían a esto una degradación de la manifestación, pero a mi parecer ha sido una complejización del contexto de protesta que vivimos: luchas masivas, amplias, llenas de colaboración y solidaridad entre todos los bandos, en los que también (doy testimonio) los habitantes del barrio reparten pan y gaseosa entre los manifestantes, atienden heridos y proveen leche y bicarbonato para los asfixiados. Estas son genuinas muestras de cooperación y caridad sin necesidad de liderazgos, de cuadros, ni de caudillos y es ahí cuando se entiende que el apoyo mutuo es la clave de la subsistencia en la lucha por la vida.

El ministro se tenía que ir, ¿por qué?

Viendo el debate que se estaba dando en el Senado de la República noté, además de los pobres argumentos de los senadores Lemos y Cabal, que el Ministro de Defensa con mucha astucia blandió dos argumentos interesantes sobre la situación nacional: primero, que la gente no denuncia las desapariciones ocurridas en los últimos días —cuestionando implícitamente el acontecimiento de estas— y segundo, que es el “vandalismo” el que desencadena las respuestas agresivas de la fuerza pública. A decir verdad, sé que es pedirle demasiado a un miembro del gabinete de Duque una argumentación medianamente razonable, pero es justo y necesario señalar porqué su argumentación es defectuosa y por qué el ministro se tenía que ir.

Molano mencionó que hasta este momento había sólo una denuncia de desaparición —cosa que de entrada me parece cuestionable, pero démosle el beneficio de la duda— como si esto fuera una prueba irrefutable de que gente no está desapareciendo. Sé que sólo esto ya suena terriblemente irresponsable, pero espere, la vaina no termina ahí. A esto, añadió que en el momento que se da la denuncia, la Policía va a cooperar y trabajar para dar con el paradero de la persona desaparecida. ¿Se da cuenta, querido lector, de la ironía del argumento de Molano?

Es incluso risible. Yo quiero preguntarle al Ministro, ¿quién cree que está desapareciendo a los jóvenes que salen a manifestarse? ¿Será que el ministro señalará al ELN, a las insurgencias de las FARC, o a los “vándalos”?

¿También son ellos culpables de los desaparecidos y al mismo tiempo, según él, de las manifestaciones ciudadanas? No es nadie más que la Policía Nacional, desarrollando arrestos extrajudiciales, quienes son los responsables de estos desaparecidos, porque si no ¿quién más? Un ávido lector podría decirme: ¿Pero qué si son “vándalos” a quienes están capturando? Pues yo le respondo que si se trata de una captura en flagrancia, entonces lo apropiado es judicializar a la persona como dice la ley, pero en el momento en el que se desaparece, que se le asesina tras bambalinas y se le tira a la calle o a un río, no estamos hablando de justicia, estamos hablando de un delito de Estado. Y ojalá la policía fuera tan cuidadosa de arrestar únicamente a quienes cometen delitos, pero ya es bien sabido que al camión se llevan a los que no alcanzaron a huir de la represión estatal, culpables o inocentes. Ahora, si es la Policía Nacional la que desaparece a la gente, ¿cómo va a ser la Policía la encargada de hacer aparecer a la persona? Nada raro sería que sólo haya una denuncia, de ser cierto lo dice Molano, ¿pa’ qué carajos denunciará uno la desaparición frente a la Fiscalía si ellos mismos son los cómplices de dicha desaparición? Aquí la conclusión no puede ser que “no hay desaparecidos”, la conclusión es que no hay garantías para la ciudadanía. ¿Quién protege al pueblo de la Policía?

Sobre el tema del “vandalismo”, y le pongo las comillas adrede, el Ministro también usó su labia para defenderse. Sí, querido lector, que si han habido actos vandálicos, eso nadie lo cuestiona —aunque vaya a saber uno cuántos son infiltrados de la policía y cuántos son sobornados por la fuerza pública para tener un pretexto de reprimir una protesta, pero igualmente, supongamos, aunque no sea así, que estos son casos aislados—, sin embargo, yo quiero preguntarle al Ministro, ¿en qué momento del video de abajo los manifestantes incitan la agresiva respuesta del ESMAD hacia ellos? Yo he vivido de primera mano, en Bucaramanga, que desde que se ordenó al ESMAD y a la Policía no intervenir, las protestas han tenido conclusiones pacíficas y civilizadas. Qué coincidencia, ¿no? E incluso si los actos de la fuerza pública fueran una respuesta a los llamados actos vandálicos, ¿por qué no capturan a los perpetradores de dichos actos? Uno pensaría que la policía está para hacer cumplir la ley, pero el foco evidentemente no es judicializar a personas que incumplen con la ley, sino dispersar las protestas del pueblo colombiano.

¿Será porque el primero en tirar la piedra es un policía vestido de civil? Quién sabe.

¿Dónde están los manifestantes capturados por la policía? ¿En un río? ¿En un almacén Éxito? ¿En el monte con las botas al revés?

La Policía Nacional y el ESMAD son quienes desaparecen a los colombianos y quienes inician los disturbios para disolver la protesta ciudadana. Y por más gracioso que sea, los senadores que defienden a Molano tampoco tienen en mucha estima a la fuerza pública. Le mencioné al lector a los senadores Lemos y Cabal al inicio de esta columna. Le cuento, Lemos dijo que los senadores se quejan del fascismo del Estado colombiano, pero que no dicen nada del genocidio de la URSS a manos de Stalin, Cabal dijo que se quejan de los actos de la Policía y el ESMAD pero que no se quejaron de los secuestros y asesinatos de las FARC. ¿Sí se da cuenta, querido lector, de la comparación tan diciente?

¿Quién dijo que ambas cosas no son tan macabras como los actos policiales? Fíjese que para los representantes de la U y del Centro Democrático la diferencia entre la Policía y el Gulag o las FARC son meramente ideológicas, es como si reconocieran, consciente o inconscientemente, que la brutalidad policial ha llegado a los niveles del genocidio. Que lo sepan todos los partidos de gobierno, ni a mí, ni a ningún colombiano que está en las calles, nos tiembla la lengua para decir que se rechaza tanto a los actos de la URSS y las FARC, como a los de la Policía Nacional.

Ahora, ¿por qué el Ministro de Defensa debía irse?

Unos argumentan que esto no cambia nada, que pondrán otro igualito. Quiero que piensen en el caso de George Floyd, el hombre de raza negra que fue asesinado a manos de la policía en Estados Unidos el año pasado. Cuando Derek Chauvin —su asesino— fue declarado culpable, sí, no se acabó el racismo, no se acabó la brutalidad policial y no se trajo de a Floyd de vuelta a la vida. Pero se dio un paso en la dirección correcta. Se sentó un precedente de que los policías asesinos no se saldrán con la suya, que sus acciones son inaceptables, y de la misma forma funcionaba la moción de censura.

El ministro se tenía que ir porque en Colombia no hay garantías para la protesta, los policías desaparecen ciudadanos y atacan de primera mano a las manifestaciones pacíficas. Si se iba el ministro, no se acababa con la represión policial, tampoco con la desigualdad y tampoco regresaban los manifestantes asesinados, pero se sentaba el precedente de que un Ministro no puede permitir que la fuerza pública masacre a los colombianos, que ya no vamos a aguantar ni un solo ojo perdido en una marcha, ni un solo manifestante que no volvió su casa. Y aunque para nadie era un secreto que la moción de censura iba a fracasar, en las calles vamos a seguir haciéndonos escuchar. Jamás vamos a desistir de la oposición al desgobierno y a los asesinatos y desapariciones del gobierno de Iván Duque.

Si mañana

No sé cómo empezar esto, ni que saldrá de este dolor de patria. Escribo en memoria de Alison, de las manifestantes y de las mujeres colombianas que todos los días son agredidas, violadas y asesinadas por el Estado cómplice. 

Carta a mi mamá, a mis abuelas, amigas, tías, primas, y a todas mis hermanas: En estas líneas les digo, una vez más, qué hacer si mañana soy yo.

Si mañana soy yo,

Crean en mi último mensaje,

Compartan el video, 

Y griten ni una más. 

Yo haría lo mismo por ustedes.

Si mañana algo malo me pasa,

Abracen a mi mamá, 

Díganle que no fue mi error,

Que le mienten, 

aunque ellos pretendan cambiar la historia. 

Si mañana algo me pasa por luchar, 

Sepan que tengo miedo. 

No los conozco y les tengo miedo,

Porque podrían callarme cada vez que esté sola

O frente una cámara y no les importaría. 

Temo porque lo único que me separa de encontrarme con ellos es la suerte.

Podrían estar ahí, en cualquier momento, en cualquier lugar.

Pero eso no me detiene,

Es tan grande el amor por las mías y los míos,

Que, si muero luchando, que sea por la vida. 

Amigas, si mañana soy yo, 

Que caiga el estado opresor,

Que caigan las manzanas podridas y el árbol de raíz,

Luchen contra la censura 

Para que el mundo entero sepa la realidad de nuestro país.

Si mañana me obligan a ser la siguiente,

No me culpen, 

Estaba cansada de sufrir en silencio, 

de sentir los abusos,

y no resistí ese manoseo tan profundo en el alma. 

Sé que peor que la muerte, será la humillación que vendrá después.

Empezaran después de muerta a hacerme preguntas inútiles, 

Pedirán la “versión completa”

Y como ya no estaré, 

intentarán aliviar el dolor de mi madre, 

Con comunicados y justificaciones patriarcales. 

Para ellos no soy igual que un hombre, 

Les incomoda mi valentía, mi fuerza, mi voz,

Y si fuesen ellos en el titular,

Estarían comentando aquellos con su falso e hipócrita discurso, 

Una pena mayor para los vándalos. 

Puede ser que mañana no esté yo acá, 

Pero tú, hermana, sí. 

Y aunque vas a tener que aguantar gritos y sentir miedo,

Te pido por mí y por todas las mujeres que han callado, 

Que no dejes de luchar. 

Prometo estar luchando junto a ti, 

en espíritu, 

Con el alma manoseada,

Hasta el día que seamos tantas, 

Que ya no nos puedan callar. 

Ni perdón, ni olvido. 

EN COLOMBIA EL ESTADO Y LAS FUERZAS PÚBLICAS CENSURAN, VIOLAN, ABUSAN Y ASESINAN. NI UN MINUTO DE SILENCIO POR NUESTROS MUERTAS Y MUERTOS. VIVA EL PARO NACIONAL.

TATÁN FUE… A HACER EL OSO.

Artículo por: Tatiana Corredor

COMO DAVIVIENDA, EN EL LUGAR EQUIVOCADO. ASÍ QUEDAMOS LOS SANTANDEREANOS “REPRESENTADOS” EN LA MESA DE DIÁLOGO NACIONAL POR EL INFLUENCER TATAN FUE (SEBASTIÁN OSPINA)

Tengo tanto por contarles acerca de mi país, que seguramente estas líneas no me alcanzarán para expresar mi inconformidad. A nivel nacional nos encontramos pasando por una situación donde somos el ojo del huracán en todo el mundo. 

Muchos “influencers”, también llamados creadores de contenido, dieron a conocer la problemática a través de trasmisiones directas por la red social Instagram, donde se evidencian las injusticias y los abusos que suceden en el país durante las marchas y protestas; otros, por otro lado, se dedicaron a realizar oratones por los parques de la ciudad de la ciudad bonita.

A estos influenciadores se les reconoce que hayan realizado esta difusión de contenido, pues tienen herramientas para realizar este trabajo. Hasta ese punto todo está bien, pero lastimosamente se han robado el crédito de los verdaderos marchantes, quienes han dado la lucha y la vida por esta protesta. Como dice el dicho “zapatero a su zapato” y cada quien es experto en su labor; agradecemos, pero no se pueden tomar atribuciones que no les corresponden. 

Después de tantos días de paro, tantas masacres e injusticias, el “presidente” Iván Duque por fin se dignó a realizar unas mesas de diálogo a nivel nacional con representantes de diferentes sectores; pero mi pregunta en estos momentos es: ¿Realmente se está reuniendo con las personas idóneas y capacitadas, que representan a los sectores que se manifiestan, dando a conocer la problemática de los departamentos y llevando posibles soluciones para el país? 

En el caso de Santander no fue así. Como ya vimos en Bucaramanga hace pocos días fue tema polémico por una mesa de diálogo realizada en la ciudad, en la que fueron invitados creadores de contenido y empresarios. Pero cuando creía que no podían decepcionarnos más, nos sorprendieron y a nivel nacional no nos quedamos atrás. “TATAN FUE”, el reconocido creador de contenido quien cuenta su historia de drogadicción, resurrección, rehabilitación y devoción a Dios, fue quien esta vez se llevó el crédito y perdió los dos minutos más valiosos que tenía Santander para expresar las inconformidades que se viven frente al paro nacional. 

Quisiera decirles que su discurso estuvo bien (porque creo en un ser supremo), pero no amigos, este hombre estaba como Davivienda, en el lugar equivocado. Esa mesa no era para hablar de su vida y de como Dios entró en un hombre drogadicto, obró y lo cambió. Tatán tuvo 2 minutos para resaltar los problemas, la realidad de lo que está pasando, la brutalidad de la fuerza pública, y las sistemáticas violaciones a Derechos Humanos; tuvo 2 minutos para decirle al presidente que hay miles de jóvenes que quieren ser escuchados por fin para que sus demandas sean atendidas y poder empezar a solucionar todo eso que ha condenado a millones de personas a la desigualdad y la pobreza, y decidió hablar de su experiencia con Dios, perdiendo la gran oportunidad de reventar esa burbuja en la que Duque se encerró.

La empatía que tanto dice predicar se le olvidó por completo, pues muchos artistas y personas del entretenimiento que han estado verdaderamente firmes en la lucha con el paro han rechazado esta invitación porque no se sienten capacitados para dar a conocer las necesidades y las posibles medidas que este pueblo necesita. Quienes verdaderamente deberían estar sentados en esa mesa son los representantes de cada sector, líderes sociales, campesinos, sindicatos, estudiantes, la minga, profesionales de la salud, entre otros más, pero no se han visto presentes no porque no quieran asistir, sino porque no han sido invitados. Ellos como toda Colombia han sido olvidados, vulnerados y censurados por este país.

¿La conclusión de todo esto? Tatán, como muchos otros más que no nos representan, solo fue a calentar puesto en esas mesas de diálogo, y nosotros una vez más nos quedamos sin ser escuchados, a razón de el egocentrismo de estos influencers que solo los mueve la necesidad de obtener más seguidores. Porque él posiblemente ganó unos cuantos seguidores ¿quizás unos 10.000?, pero se olvidó que, al asumir esa responsabilidad, él era la voz de 2.121.232 habitantes de Santander y ni que decir de todos los habitantes de Colombia, pero le pudo más el egocentrismo al no ceder el puesto, dejando de lado la famosa empatía que tanto predica. 

Nosotros los vándalos

Un día eres ciudadano y al siguiente vándalo. ¿Cómo se llega hasta esta situación?, pero sobre todo, ¿qué es un vándalo en este cosmos de la posverdad y la superficialidad del lenguaje?  Los vándalos originales fueron un grupo de raza germánica que apareció en Europa central provenientes del norte, su nombre original se ha perdido en el mar del tiempo, pero el historiador romano Plinio, el viejo, les llamó con un topónimo Vindili, que terminaría en la actual acepción Vándalo. Para los romanos, los vindili o vándalos eran un grupo de gente incivilizada, que desconocían la escritura, las artes, y solo tenían la violencia como forma de expresión, Ellos, los romanos, que por aquel entonces iniciaban su definitiva decadencia, solo veían en los vándalos un grupo que les arrebata dia por día sus privilegios, conquistados siglos antes a través de la guerra y la violencia. Veían en los vándalos la ignorancia y la falta de civilidad, desconocedores de la ley, del orden del Estado, de la belleza y arte.

Los vándalos por otro lado, eran un pueblo que forjaba su unión en la precariedad, caminantes de tierras lejanas y con escasas riquezas agrícolas, no tenían ciudades, no tenían riquezas materiales, y sus relatos, su única historia. Tampoco tenían escuelas, ni hospitales, el acceso a la cultura se daba en el fragor de la lucha día a día para conseguir la comida, jamás tuvieron la fortuna de un título que los respaldara y su valía se concedía en la medida de la tenacidad y la fuerza para luchar. 

Los vándalos y otros pueblos germanos, terminarían por acabar con el imperio romano, vivirían poco más de un siglo, en la ciudad de Cartago y nos dejarían una gran lección que cualquier sociedad debe aprender, la fuerza de la necesidad es imperiosa y la adversidad a la que son sometidos los seres humanos puede desatar la mayor de las tormentas.

Los ciudadanos romanos se llenaron de privilegios heredados, se vanagloriaban de sus ejércitos, formados por hombres a quienes se les pagaba por defender esos privilegios y se olvidaron de seguir construyendo la gran civilización que habían desarrollado; en lugar de integrar a los vándalos, como lo habían hechos con muchas otras culturas a quienes les llevaron infraestructura civil y organización del Estado, pretendieron ignorarlos, espantarlos y asesinarlos como si de una turba animal se tratara. Esa fue su condena, pues acorralaron a un pueblo que no tenía absolutamente nada que perder, y todo lo que veían por ganar. 

Por estos días la gran prensa y la comidilla diaria habla de los vándalos que han salido a las calles, gentes sin grandes nombres ni apellidos, que hasta hace poco eran ciudadanos con necesidades, hambrientos muchos, pobres la mayoría e ignorantes de la gran cultura, de la buena música, de la alimentación exquisita, adolecen de todo ante los ojos de la élite y todo lo que tienen ante sus ojos, se les va, se les escapa con la vida mientras no avizoran futuro para su prole. 

La gran sociedad que ha heredado privilegios, que se organizó para mantener el poder y enriquecerse extraordinariamente a costa del trabajo de los demás, ahora se escandaliza y excluye, ignora, espanta y asesina los nuevos vándalos de un país deteriorado. Como en la novela de Yurcenar, envían a sus generales para perseguir lo que ignoran y exigen sangre como tributo, mientras la humanidad muere.

Joven, ¡SALVE USTED LA PATRIA!¿y los demás qué?

Durante toda mi vida crecí escuchando un seudo mandamiento, que ahora que lo analizo, suena más a una amenaza para quienes tenemos la mala fortuna de nacer en Colombia: “es deber de los jóvenes mejorar el país”.

“Es que la gente joven ya no sirve para nada, no aguantan nada… ¡les hizo falta más garrote!”


¿Más garrote? Crecer en un ambiente violento en un barrio o una comuna, en medio de balaceras, droga, hambre, falta de oportunidades, sin garantía de vivir dignamente, traficando con sus cuerpos, siendo gatilleros y marginados en las orillas de la ciudad ¿les parece poco?


Buscar escondederos entre matorrales, techos de zinc, montes, veredas y selvas para evitar los tambores de la guerra que con sus ráfagas apagó poblaciones enteras, reclutó forzosamente niños y niñas, que desplazó y asesinó a miles de personas ¿les parece poco?


Buscar oportunidades de empleo en río revuelto, donde cada vez más se aprovechan de la necesidad de la gente, condenando la informalidad pero validando la privatización de las universidades, la tercerización laboral, los pagos injustos, los contratos de prestación de servicios, la falta de prestaciones sociales o siquiera riesgos laborales ¿les parece poco?


Ahora imagínense que tan miserables son los jóvenes que muchos partieron ilusionados por promesas de trabajo pero fueron asesinados. Y no fueron dos o tres, fueron miles de inocentes de los cuales jamás se volvió a saber, enterrados como animales en montañas lejanas, para entregar resultados falsos a un gobierno cómplice de todos los atropellos habidos y por haber, y que al día de hoy, aún no les responde a las madres quién dio las ordenes en el ejército.


Les parece motivo de orgullo que nos obliguen a respetar los símbolos patrios, a tener temor de Dios y decirles a las fuerzas armadas que son héroes cuando son capaces de todo, hasta de matar a sus propios miembros para seguir instruyendo en los cuarteles lo que deben hacer en beneficio de sus Generales, mientras los soldados rasos comen mierda.


Esos rasos que subían a camiones llegados los 18 años como si fueran ganado y que parecía más un secuestro que una invitación. Esos que doblegaron con métodos de tortura para enseñarles a ser “hombres” a punta de golpes, insultos e intimidación garantizando que se sigan ordenes sin chistar y que si eligieron vestir un uniforme de policía, la historia no fue distinta.


Estamos en plena era digital, de globalización, acceso a la información, fundamental en plena pandemia, sin embargo aún hay más de 34 millones de personas en Colombia que viven sin un computador, un smartphone, un plan de datos o Wifi, y lo que puede sonar como una pesadilla para un gomelo, para muchos jóvenes es la condena a una educación mediocre. A la gente con sus necesidades básicas cubiertas le parece ¡tan tierno! que unos niños hagan un computador con restos de basura porque su escuela está cerrada y ellos no pueden ver clase, pero les parece horroroso que se pida educación gratuita. ¿A qué juegan?


Somos un país que a duras penas sabe leer y en esa medida no sabe votar, no sabe los mecanismos de participación ciudadana, no saben las funciones de las entidades, no sabe sus derechos fundamentales o tener sentido critico para no tragar entero la información y los medios nos enseñaron a seguir con nuestras vidas como si nada después de arrojar en sus indicadores cifras horribles, que maquillan la mayoría del tiempo pero que ahora, con esta gente tan adormecida, la tarea les queda facilitada. En esa medida quien medio tiene con qué, dinero o poder, pasa por encima del que quiera y la justicia terminó siendo un instrumento de adorno para los corruptos.


Decía Jaime Garzón, casi como una súplica en 1997, que los jóvenes teníamos que asumir la dirección de nuestro país porque nadie vendría a salvarlo por nosotros, y hoy, mas de veinte años después de su muerte, esos jóvenes envejecieron resignados a una vida mediocre, dándose pajazos mentales con lujos placebos a la vez que ignoran la precarización, el despilfarro tan hijueputa de plata en obras mal hechas y contratos amañados.

¿Hace veinte años esos colombianos imaginaban el país que tenemos ahorita o van a seguir procrastinando como lo hicieron sus padres y sus abuelos?


Mis queridos cuarentones en adelante, ¿Aún siguen esperando al presidente mesiánico que resuelva todos los problemas en cuatro años de mandato?
Yo sé que les debe doler la rodilla de solo pensar en no quedarse sentaditos esperando que les llueva maná del cielo pero los necesitamos en la calle.
Esto no es una queja más sobre los problemas sin fin de Colombia porque soy una “centennial demasiado sensible” ni tampoco es un reclamo sin propósito. Pretendo con esto hacer un llamado a darle fin a esta desigualdad absurda en la que estamos, a que no nos quedemos callados con nuestra vecina clasista, homófoba y clientelista, ni con la profesora elitista de u privada que señala de guerrilleros a los compas de publica. Vamos a dejar de ignorar a los que piden en la calle mejores condiciones, a estigmatizar de vándalos a los que bloquean vías o bailan en las plazas públicas, vamos a dejar de apoyar candidatos narco financiados y populistas que le aplauden a la policía sus abusos. Vamos a dejar toda esa bendita maña de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, esperando como unos ‘pingos’ que otro haga por nosotros todo.


Los jóvenes estamos en las calles en compañía de unos cuantos “cuchitos” agradables que pese a llevar bastón o el paso lento, no nos han dejado solos aprendiendo, así sea tarde, de sus errores o perpetuando su espíritu rebelde

¿Y los demás qué?
¡Ustedes no se han muerto aún, carajo!

Solo entonces, estando tres metros bajo el suelo, se les excusa de no buscar la manera de mejorar entre todos este ‘mierdero’ y eso también incluye al que están fuera del país; porque el proceso que arrancamos hoy va a ser lento, demorado y va a costar menos vidas si el cuero lo ponemos todos. El miedo no debe ser una opción y mucho menos la indiferencia.
No dejemos a los niños de hoy un futuro donde tengan que elegir entre la delincuencia o el hambre; entre educarse o mendigar; entre pagar un servicio de salud privada o morirse sin ser atendidos. Entre esto o aquello que les signifique una vida dolorosa. Ellos merecen un lugar al que puedan llamar hogar sin venderse a la idea de que sin plata es imposible soñar o jugando a la ruleta rusa a ver si ¡algún día se les presenta un golpe de suerte! Sería una insensatez dejarles cometer errores pasados por no saber nunca quienes fuimos como nación y para donde ‘hijueputas’ vamos en estos momentos.


¡Atenidos y vagos los que no salen a marchar!