A Dios rogando y con el mazo dando

De Misty Day

Iván Duque tan campante visitando la finca llamada Arauca y de una la guerrilla del ELN patrullándole pueblos completos, yo siento que nuestro querido amigo canoso lleva años en una especie de The Truman Show, en el que él es el único que cree que es presidente.

¡Rogando! ¡Rogando! Rogando están las familias desplazadas en el departamento de Arauca por al menos una mentira, una mentira de quien sea, ya venga de un micrófono y un corbatín parlante, de unas botas con pasamontañas o de un fusil con bigote, una verdad a medias de quien sea, pero que al menos les dé un poquito de esperanza. Pero ni a eso, por el contrario, llegó Dios con el mazo. Sí, bueno, uno falso, como tantos títeres disfrazados de dictaduras que merodean en estas democracias bastante autocríticas de un occidente cada vez más gris y autoritario.

Vamos a lo inmediato, hablemos de ese falso dios, que en realidad es un falso Márquez, un emisario que vino ayer como alma que lleva el diablo a decir palabras orquestadas y a fingir que es presidente. Sin embargo, no vino solo, vino con su Sancho Panza, el ministro Diego Molano, que de molano no tiene nada. Vinieron muy campantes como si estuvieran de safari por Siria, hablando duro, mirando alto y creyéndose la vaca que más caga, ¡los arrieros de los arrieros! Vaya complicidad criminal la de esos dos gomelos a los que nunca les ha tocado trabajar por nada en la vida, todo regalado, gusanos. ¿Vinieron a qué? A mandar a más pelaos pobres a representar al Ejército Nacional de un país que los excluye, a representar una bandera que para ellos solo es roja. ¡No más! La solución no es mandar más militares a una guerra sin sentido.

Fuente: Ciudadana Araucana

No contentos con la venida del ministro hace unos días, ahora vinieron los dos a poner el «pecho», o bueno, a mandar a pobres a que lo pongan por ellos. Vinieron a un consejo de seguridad, la idea del gobierno es de carácter militar y eso lo demostró con la traída de más de 24 motocicletas para el Ejército y más embarcaciones para la Armada. Causa gracia ver tanto cinismo e ignorancia. Se les debe recalcar que la repuesta de un gobierno supuestamente democrático ante esta situación de conflicto debe ser principalmente humanitaria antes que militar, acá debe ir primero la vida de las familias desplazadas y después esta clase de acciones. Sin embargo, estamos en presencia de un mandato que ha venido dejando de lado el respeto por los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.

Vinieron con mano dura a una «gran operación» para derrotar a todos los enemigos fantásticos del presidente, quien habló rápido, mandó más tropa y salió volao’ en el avión. Pero algo que me quedó sonando, y yo sé que a muchos contratistas o dueños de grandes negocios en Arauca también, es que Duque tiene como estrategia un ataque financiero y militar, para lo cual, por un lado, anunció la entrega de las 24 motocicletas para el Ejército y cuatro embarcaciones para la Armada (como mencioné anteriormente) y por el otro, quiere la mayor operación de lucha contra el lavado de activos de esa organización, por lo cual el gobierno también podría ir contra ustedes, señores empresarios, para desestructurar la red de lavado del dinero producido por esa guerrilla. El gobierno quiere cabezas, así que yo veré rodar unas.

Otro punto muy importante es que mientras Iván Duque daba con decoro su discurso en Arauca, la guerrilla del ELN estaba patrullando en La Esmeralda, corregimiento cercano al municipio de Arauquita. Imagínese esos dos cuadros, el presidente de cunita de oro hablando fantasías mientras los milicianos hablaban duro desde las calles de un pueblo, mientras trataban de mantenerse legítimos ante las comunidades a través del miedo y la intimidación, esperando volver a aliarse con sus amigos vestidos de verde para enfrentar a una guerrilla con nombre viejo, pero con nuevas armas. Vamos a ver cuántas vidas inocentes y humildes le cuesta a este conflicto. Y lo más difuso de todo este asunto, ¿en dónde están los carteles de México de los que tanto hablan diciendo que están acá en Arauca? ¿Por qué nadie dice nada de eso?

En este paisaje aliciano bastante subalterno se está pintando una guerra que es antigua, pero que cada año cambia, y nací en un territorio que vive de cerca sus consecuencias. Nunca olvidaré que lo más importante son las víctimas, los desplazados. Y recordaré que ni Pinochet ni Videla tienen tantos muertos como los «presidentes» colombianos. Es relevante no olvidar que las comunidades siguen rogando por un milagro y hay un dios que les da con un mazo, un duro mazo llamado indiferencia. Los obstáculos a la paz y el generar las condiciones para una guerra conveniente para el Estado, y sus fuerzas militares son los principales responsables de todas estas desgracias, y los muertos cada vez más se acercan a las puertas de su palacio, buscando justicia o su cabeza.

La cómica estrategia de seguridad de Juan Carlos Cárdenas


Por Frank Asado

“Amigo el ratón del queso”, dicen las abuelitas y uno que otro colega de la revista, y esta analogía es perfecta para explicar lo que está sucediendo en Bucaramanga: la policía es el gato, el ratón es la crema innata de manifestantes que aún siguen dándole aguante al paro en la ciudad y el queso, tal vez es la esperanza de sorprender a la mamá con una nueva tanqueta blindada para que monte un puesto móvil de verduras.

La nueva dinámica del tropel está acompañada de una marcha masiva y de una avanzada impresionante (al punto de llegar a cañaveral), que termina en enfrentamientos tarantinescos en plena autopista sur, conectante con Bogotá y esencial para los intereses comerciales e industriales de las élites nacionales. Sin embargo, la desescalada prevista (que tomo más de lo que todos los analistas pudimos pronosticar) ha llevado a estas marchas a focalizarse y delimitarse dentro del núcleo municipal de Bucaramanga y aunque su naturaleza es cambiante, ahora tienen un común denominador: terminar en la UIS, que opera como centro de abastecimiento de la protesta y puesto médico de urgencia para las brigadas, que maniobran atendiendo manifestantes afectados por los gases y las arremetidas policiales.

Esta es la táctica repetitiva y la organización de cardumen que se sigue casi religiosamente en las marchas, cada vez menos atendidas por manifestantes. Pero, por lo mismo, han venido “filtrando” desde los más apáticos a los más comprometidos con la protección de la movilización, y esto genera que con cada convocatoria se queden los más experimentados, radicalizados y dispuestos a enfrentar a la policía. La experiencia de la manifestación ha empezado a desarrollar naturalmente pequeñas milicias urbanas de armamento clandestino (resorteras, piedras y cócteles molotov), que se coordinan dentro de la movilización con total anonimato. Limitan su accionar y articulación dentro de las marchas y no fuera de ellas, lo que las diferencia de las guerrillas o cualquier otro tipo de organización furtiva.

La aparición de este instinto gregario de lucha ha sido un verdadero dolor de cabeza (literalmente) para la policía, que atendiendo las manifestaciones ahora entiende la realidad de sus limitaciones numéricas y materiales para responder a periodos extensos (nunca vistos) de movilización. Ya que les ha sido imposible satisfacer las necesidades tácticas para reprimir las manifestaciones, el cuerpo policial ha optado por una estrategia novedosa que es digna de reconocer: proteger puntos estratégicos de tráfico (rotondas, avenidas, intercambiadores y rutas de carga) e infraestructura clave como el estadio y algunos centros de comercio, aunque irónicamente ignoran hospitales, escuelas e iglesias, lugares a los que llenan de gas lacrimógeno indiscriminadamente. Esta estrategia del abejorro les permite picar manifestaciones resilientes, retirarse (a ver el partido de Colombia como fue el caso de ayer, 23 de junio), luego volver a presionar y mantener las bajas y el gasto de equipo al mínimo, pero maximizando el efecto de su respuesta al obligar a los manifestantes a perseguirlos por calles angostas como si fuera una corrida de toros.

Irónicamente, esta táctica de presión y repliegue me lleva a hacer una comparación inevitable: la policía municipal ha quedado reducida a un cuerpo de combate campal y fragmentado, muy similar a una guerrilla urbana, claro, haciendo salvedades respectivas como el uso de tanquetas y equipos de radio de alta gama. Ciertamente, esto ha convertido a los barrios de San Francisco y principalmente San Alonso, en zonas de combate abierto en las que se pueden delimitar varios frentes entre policía y manifestantes, por lo que ahora las marchas se dilatan en varias calles, cuellos de botella, ganchos, puntos de reagrupamiento, abastecimiento, respuesta y contraataque. Algunos llamarían a esto una degradación de la manifestación, pero a mi parecer ha sido una complejización del contexto de protesta que vivimos: luchas masivas, amplias, llenas de colaboración y solidaridad entre todos los bandos, en los que también (doy testimonio) los habitantes del barrio reparten pan y gaseosa entre los manifestantes, atienden heridos y proveen leche y bicarbonato para los asfixiados. Estas son genuinas muestras de cooperación y caridad sin necesidad de liderazgos, de cuadros, ni de caudillos y es ahí cuando se entiende que el apoyo mutuo es la clave de la subsistencia en la lucha por la vida.

Joven, ¡SALVE USTED LA PATRIA!¿y los demás qué?

Durante toda mi vida crecí escuchando un seudo mandamiento, que ahora que lo analizo, suena más a una amenaza para quienes tenemos la mala fortuna de nacer en Colombia: “es deber de los jóvenes mejorar el país”.

“Es que la gente joven ya no sirve para nada, no aguantan nada… ¡les hizo falta más garrote!”


¿Más garrote? Crecer en un ambiente violento en un barrio o una comuna, en medio de balaceras, droga, hambre, falta de oportunidades, sin garantía de vivir dignamente, traficando con sus cuerpos, siendo gatilleros y marginados en las orillas de la ciudad ¿les parece poco?


Buscar escondederos entre matorrales, techos de zinc, montes, veredas y selvas para evitar los tambores de la guerra que con sus ráfagas apagó poblaciones enteras, reclutó forzosamente niños y niñas, que desplazó y asesinó a miles de personas ¿les parece poco?


Buscar oportunidades de empleo en río revuelto, donde cada vez más se aprovechan de la necesidad de la gente, condenando la informalidad pero validando la privatización de las universidades, la tercerización laboral, los pagos injustos, los contratos de prestación de servicios, la falta de prestaciones sociales o siquiera riesgos laborales ¿les parece poco?


Ahora imagínense que tan miserables son los jóvenes que muchos partieron ilusionados por promesas de trabajo pero fueron asesinados. Y no fueron dos o tres, fueron miles de inocentes de los cuales jamás se volvió a saber, enterrados como animales en montañas lejanas, para entregar resultados falsos a un gobierno cómplice de todos los atropellos habidos y por haber, y que al día de hoy, aún no les responde a las madres quién dio las ordenes en el ejército.


Les parece motivo de orgullo que nos obliguen a respetar los símbolos patrios, a tener temor de Dios y decirles a las fuerzas armadas que son héroes cuando son capaces de todo, hasta de matar a sus propios miembros para seguir instruyendo en los cuarteles lo que deben hacer en beneficio de sus Generales, mientras los soldados rasos comen mierda.


Esos rasos que subían a camiones llegados los 18 años como si fueran ganado y que parecía más un secuestro que una invitación. Esos que doblegaron con métodos de tortura para enseñarles a ser “hombres” a punta de golpes, insultos e intimidación garantizando que se sigan ordenes sin chistar y que si eligieron vestir un uniforme de policía, la historia no fue distinta.


Estamos en plena era digital, de globalización, acceso a la información, fundamental en plena pandemia, sin embargo aún hay más de 34 millones de personas en Colombia que viven sin un computador, un smartphone, un plan de datos o Wifi, y lo que puede sonar como una pesadilla para un gomelo, para muchos jóvenes es la condena a una educación mediocre. A la gente con sus necesidades básicas cubiertas le parece ¡tan tierno! que unos niños hagan un computador con restos de basura porque su escuela está cerrada y ellos no pueden ver clase, pero les parece horroroso que se pida educación gratuita. ¿A qué juegan?


Somos un país que a duras penas sabe leer y en esa medida no sabe votar, no sabe los mecanismos de participación ciudadana, no saben las funciones de las entidades, no sabe sus derechos fundamentales o tener sentido critico para no tragar entero la información y los medios nos enseñaron a seguir con nuestras vidas como si nada después de arrojar en sus indicadores cifras horribles, que maquillan la mayoría del tiempo pero que ahora, con esta gente tan adormecida, la tarea les queda facilitada. En esa medida quien medio tiene con qué, dinero o poder, pasa por encima del que quiera y la justicia terminó siendo un instrumento de adorno para los corruptos.


Decía Jaime Garzón, casi como una súplica en 1997, que los jóvenes teníamos que asumir la dirección de nuestro país porque nadie vendría a salvarlo por nosotros, y hoy, mas de veinte años después de su muerte, esos jóvenes envejecieron resignados a una vida mediocre, dándose pajazos mentales con lujos placebos a la vez que ignoran la precarización, el despilfarro tan hijueputa de plata en obras mal hechas y contratos amañados.

¿Hace veinte años esos colombianos imaginaban el país que tenemos ahorita o van a seguir procrastinando como lo hicieron sus padres y sus abuelos?


Mis queridos cuarentones en adelante, ¿Aún siguen esperando al presidente mesiánico que resuelva todos los problemas en cuatro años de mandato?
Yo sé que les debe doler la rodilla de solo pensar en no quedarse sentaditos esperando que les llueva maná del cielo pero los necesitamos en la calle.
Esto no es una queja más sobre los problemas sin fin de Colombia porque soy una “centennial demasiado sensible” ni tampoco es un reclamo sin propósito. Pretendo con esto hacer un llamado a darle fin a esta desigualdad absurda en la que estamos, a que no nos quedemos callados con nuestra vecina clasista, homófoba y clientelista, ni con la profesora elitista de u privada que señala de guerrilleros a los compas de publica. Vamos a dejar de ignorar a los que piden en la calle mejores condiciones, a estigmatizar de vándalos a los que bloquean vías o bailan en las plazas públicas, vamos a dejar de apoyar candidatos narco financiados y populistas que le aplauden a la policía sus abusos. Vamos a dejar toda esa bendita maña de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, esperando como unos ‘pingos’ que otro haga por nosotros todo.


Los jóvenes estamos en las calles en compañía de unos cuantos “cuchitos” agradables que pese a llevar bastón o el paso lento, no nos han dejado solos aprendiendo, así sea tarde, de sus errores o perpetuando su espíritu rebelde

¿Y los demás qué?
¡Ustedes no se han muerto aún, carajo!

Solo entonces, estando tres metros bajo el suelo, se les excusa de no buscar la manera de mejorar entre todos este ‘mierdero’ y eso también incluye al que están fuera del país; porque el proceso que arrancamos hoy va a ser lento, demorado y va a costar menos vidas si el cuero lo ponemos todos. El miedo no debe ser una opción y mucho menos la indiferencia.
No dejemos a los niños de hoy un futuro donde tengan que elegir entre la delincuencia o el hambre; entre educarse o mendigar; entre pagar un servicio de salud privada o morirse sin ser atendidos. Entre esto o aquello que les signifique una vida dolorosa. Ellos merecen un lugar al que puedan llamar hogar sin venderse a la idea de que sin plata es imposible soñar o jugando a la ruleta rusa a ver si ¡algún día se les presenta un golpe de suerte! Sería una insensatez dejarles cometer errores pasados por no saber nunca quienes fuimos como nación y para donde ‘hijueputas’ vamos en estos momentos.


¡Atenidos y vagos los que no salen a marchar!

Crónica de un paro mil veces anunciado

Mis queridos lectores ávidos por desmenuzar algo interesante en mis palabras, tal vez sí o tal vez no, notarán la referencia a Gabo y su novela «Crónica de una muerte anunciada». Dicha referencia no sólo se basa en una aparente falta de ideas para poner un título mínimamente ingenioso sobre un tema tan sonado como el Paro Nacional. Usted amigo y amiga se harán la pregunta lógica de

¿por qué un paro es mil veces anunciado?

Marcha Centro de Bucaramanga.
Créditos al autor

Bueno, pareciese ser cada vez algo más común en la jerga de la gente hablar de paros. Unos a favor y otros en contra (como en todo). Lo cierto es que gracias a los múltiples proyectos de ley aterradores ejecutados en lo legislativo, a los múltiples abusos por parte de las autoridades, a los escándalos de corrupción, a las actitudes permisivas en favor de la explotación a las personas, las instituciones, los valores y el ambiente ó, incluso, en las meras ineptitudes características de este gobierno y otros anteriores, el pueblo perteneciente a múltiples sectores no ve otra manera de responder ante la inconformidad frente al Estado mas que con la amenaza de un alzamiento.

Así reza la historia de los primeros movimientos independentistas como el de los comuneros, así mismo lo han sido los movimientos de masas obreras, sindicales y estudiantiles a lo largo de las décadas, quienes han puesto en jaque la estabilidad económica de los poderosos cuando su cinismo colmó la paciencia de la gente. Sin embargo, hoy en día vemos una tendencia hacia los alzamientos momentáneos, a un mero ‘stop’ en las actividades diarias o al ritmo vertiginoso de alguna avenida, calle, parque o andén.

Hace un año pude vivir por primera vez, en carne propia, el fulgor de esa efervescencia patria. Y a veces de forma irónica me pregunto:

Marcha 25N .Fotografía por Frank Asado

¿Esto es la Patria?

En medio de todo, ese sentir nacional era un llamado para que como individuos pudiésemos conectar con esa tierra natal que tantas veces solo nos causa vergüenza o dolor describir. El falso patriotismo con el que nos venden ideas nacionalistas absurdas que elogian aspectos totalmente desagradables de nuestra cultura se erradicó totalmente de mi diccionario cuando el amor implícito por el terruño, por lo bueno, por las personas honestas que aún lo habitan y sobre todo por ese ‘no sé qué’ que se mueve dentro de cada uno de nosotros, por allá en las fibras mas ilusas de la juventud, resultó siendo el motor para que, como yo, muchos jóvenes, adultos, mujeres, ancianos y hasta niños, salieran a las calles a protestar en 2019 y parte del 2020. Eso habla muy bien de nuestra generación sin embargo queda un sin sabor en el aire.

El porqué es tan simple como que habremos de recordar en el futuro que tratamos de luchar por una consigna clara en favor de la dignidad y no hicimos nada más allá para retenerla, multiplicarla en nuestro inconsciente colectivo y que no fuese una mera ilusión. Salir a las calles en 2019 sí creo que fue un primer aviso para quienes, como Santiago Nasar el personaje de Gabo en su novela, se levantan todos los días sin imaginar que algún día podrían caer de ese pedestal autoimpuesto por su poder económico y político; y pues una persona común y corriente viendo el panorama actual en 2020 se plantearía lo siguiente: ¡las cosas deben cambiar!

Conmemoración de Dylan Cruz. Fotografía por Frank Asado

No obstante, nuestra sociedad es pesimista y en caso de no pasar, me temo que seguiremos inmersos en el hielo de la desesperanza, que terminará casi por carcomer el espíritu revolucionario hambriento de los colombianos y que, al fin y al cabo, es quien impulsa a cualquier sociedad hacia delante.

Dado el grado de fuerza con que una mera idea agolpó entorno suya múltiples expresiones de rechazo a décadas de actuares insólitos, casi que olvidados por nosotros mismos como ciudadanos, tan cotidianos y tan deshumanizados en el peor de los casos, es que llenaba de emoción que ríos de gente salieran de su apática monotonía a gritar esa ira retenida, esa indignación (momentánea por desgracia) pero también histórica, acumulada tal vez en el rincón mas lejano de nuestra conciencia colectiva para no agobiarnos con el día a día de un caos constante al que con dolor llamamos Colombia. La idea convocó estudiantes, trabajadores, funcionarios, artistas, amas de casa, lesbianas, gays, chicos y chicas trans, indígenas, campesinos, al vecino y a la vecina, al perrito, al mototaxista, al sector mas ‘play’ y al mas ‘populacho’, y eso es algo que no se logra todos los días.

El puñal con el que tratamos de dar la estocada final en las puertas del poder, se transformó muchas veces en megáfonos a tope dando discursos cortos y otras veces en tarimas entorno a una plaza llena de gente. Se transformó en cacerolas, en pitos, en guitarras, tambores, carteles, aplausos, gritos, cantos, saltos, abrazos, piedras, escudos improvisados y en memoria.

Presentaciones musicales conmemoración del paro 21N, fotografías por Juan Reyes.

Y es esa última clave para que quienes hacemos parte de esto y que revivimos en el día a día la misma historia básica de violencia en nuestro país. Este año, tan lleno de tristezas patrias con el que lastimosamente la lista de masacrados aumentó por la guerra absurda y por ese poder oscuro que sigue atornillado en todos los aspectos sociales, políticos y económicos; parecería un barbarie a los ojos de cualquier pensador critico y con sentido común pero para los que viven en estas tierras son producto únicamente de ese ser fantasmagórico al que nunca le damos nombre .

«La mano Negra» que los medios llaman con múltiples eufemismos sin dar con el correcto… pero no. Esto es producto de un constructo oficial violento que a lo largo de los años ha venido constituyéndose en el poder gracias a la política, a las armas, a la coca, al dinero o a la ignorancia de sus gentes.

La única certeza que se tiene es la muerte como bien lo retrata Gabriel García Márquez con su personaje de Santiago, sin embargo yo tengo la seguridad que en el tiempo en medio de nuestras mas angustiosas carencias, inseguridades y desesperanzas, será la memoria la que alimentará con plena vitalidad las vidas de quienes lo entregan todo por mejorar las cosas.

Será entonces cuando ese lógico final tendrá más sentido al momento de buscar razones para que finalmente se nos quite lo «reaccionarios» y pasemos a la acción. No dejar apagar la llama es algo que este año también hicimos algunos, así nos toque como nos toque.

Así nos toque hacer mil paros ó más.

Discúlpenme por escribir esta mierda pero mi terapeuta lo conocí por tinder

Una noche, o un maravilloso día, me morí, abrí la ventana y afuera irradiaba la belleza de un mundo sin mí, salí a la calle en mi parafernalia fantástica, esa ectoplasmatica sensación de atravesar paredes y poderme suicidar infinitas veces para sumirme en la interminable placidez de languidecer ante la muerte.

Salí a las calles y éramos cientos, el más allá no existe porque nosotros los muertos nos terminamos imaginando el mismo hueco del que venimos, el paraíso en que arrastramos a nuestros vivos. Sin embargo, la retórica fantasmagórica que ahora envolvía mi vida no me llenó, y después de meterle una patada a Laureano Gómez sentía que mi muerte estaba completa y que podía morir en paz (otra vez). Pero después de hablar un rato con los trasgos del panóptico (socialdemócratas ingenuos, pacifistas de centro, socialistas —los comunistas no llegaban al panóptico porque esos no se podían resocializar—) me di cuenta de que la muerte eterna era una vida de lo más aburrida, así que empecé a buscar el significado de la muerte.

¿Qué podíamos hacer los muertos?

Sin importar a donde vayas la respuesta es que mientras haya otros, los muertos no existen, el duelo se olvida y los recuerdos se amelazan, no hay muerto culpable, por qué la muerte es el indulto en la vida, no hay delito en vida que sea demasiado caro como para no poderse pagar con la muerte. Por eso Pablo Escobar, ese rechonchito tan popular por aquí se regocija en la sociedad que dejó, en la infinidad de monumentos a su memoria en la que se expone y se engrandece, por la que por lo menos más de ciento treinta y dos cachetones con bigote se han peleado para representar su papel en algún documental, novela o serie. 

Por eso retomo, el más allá es lo que dejamos acá, visto desde un mostrador, con la luz correcta el cráter que dejamos en vida puede ser el cielo, por eso los pelados que llegan últimamente se ven tan enojados, porque no ven lo que hicieron si no lo que pudieron hacer, la paradoja de la posibilidad es darse cuenta de que todas las opciones causan dolor y luchar por aquellas que no lo preservan solo trae el dolo final, un velorio con mamás y papás tomándose de las manos así estén divorciados.

Entonces la muerte perdió su ensueño, me hundí en el mar de chatarra y sueños rotos que son los mundos creados por el hombre, y me refiero al hombre como género y no como especie, este universo es fálico y por eso me decepciona hasta en su idea de la muerte.

Solo encontré una solución… El espanto, era mi única forma de sobrevivir a la muerte, no lo había pensado antes porque quien que no cree en nada no se inmuta de que cuando muere, existe la vida y la energía que absorben las ideas a su favor son un conjuro de resurrección parecido a los homenajes; además fastidiar a los vivos era cosa de espectros fascistas, solo a ellos les importa el privado de los miserables suburbios y disfrutan el morbo de romper la privacidad urbana. Pero yo no quería correr el bastón a una anciana negra, ni asustar niños indígenas para que después me llamarán Dios, le dejé esos jugueteos a Cortez y sus conquistadores que habían muerto con la capacidad cognitiva de un niño de seis años.

Me fui a buscar concejo en las cárceles, pero me aburrí de escuchar cumbias luego de desentrañar su misteriosa evolución desde una lengua corporal de los primeros pobladores hasta un zarandeo incomprensible malogrado por niños con delirios de malandro; así que acudí a los ancianos que se morían ancianos, la muerte en un geriátrico tiene mucha más vida que un colegio privado. En uno de esos me encontré a Panclasta, me gritó que yo no era un verdadero anarquista y se bajó los pantalones para mostrar sus posaderas, luego lamente recordar que me había muerto antes que Antanas Mockus —definitivamente la inmortalidad está en bajarse los pantalones ¿será un sinónimo de la convicción del socialdemócrata o era simplemente una irreconciliable coincidencia?. Entonces entendí que podía llevarme a ese viejo nalgón por todo lado a recoger gitanos, Jariyitas, Libertaries y putas, muchísimas putas que quisieran seguirme en esta noble cruzada de espanto, estxs últimas me dieron un hogar en su seno, luego de que mi árbol genealógico entero decidiera expulsarme de sus nexos, la primera internacional de fantasmas anarquistas se llevó a cabo en una mansión victoriana al borde de una cascada dónde botaban líderes sociales y activistas.

Empezamos los fantasmagóricos preparativos, motivo de un cuento que se escribiría mucho antes y se publicaría irónicamente en los tiempos de Halloween, el mito del día de los muertos nos daba más tiempo para llevar a cabo una fantasmagórica bailo terapia en la casa de algún Youtuber famoso. Hacia falta un manifiesto caótico sobre la forma en que se debían organizar los únicos seres libres, los muertos. Toda una telaraña de conceptos complejísimos de sociología no sirvieron de mucho, pero joder que se veía bonito el encuadernado.

Así se ideó la segunda operación Europa, invadir los palacios presidenciales para tirarles el tinto sobre sus decretos de aislamiento-selectivo-inteligente-naranja-digital, desaparecer los lápices, las grapas y obviamente enviar solicitudes de extradición en el lenguaje correcto. El objetivo, ninguno, fastidiar a la autoridad y reírnos de su insolente incredulidad porque ningún gobernante cree en los muertos y los muertos no creen en ningún Estado.

La jeepeta del P.A.E

“A caballo (o a burro) regalado no se le mira el colmillo”.

Ese refrán fue la biblia de contratistas del PAE, las secretarías de salud y educación, las interventorías del contrato, la alcaldía de Bucaramanga y la gobernación de Santander. Lo paila es que las casi 3 toneladas semanales de carne de caballo y burro que se le daba a los niños y jóvenes beneficiarios del Programa de Alimentación Escolar y que puso en riesgo su salud durante los años 2018 y 2019 no fueron gratis, costaron más de 500 millones de pesos.

En estos días se hizo viral la captura de Fernando Trujillo, conocido como ‘El Padrino’, un man que compraba caballos o burros, muchos de estos enfermos o muertos, en la Costa Atlántica y los movilizaba a Bucaramanga con guías falsas para posteriormente sacrificarlos y hacerlos pasar por carne de res a los contratistas encargados de llevar la alimentación a varios colegios públicos no solo en Bucaramanga, sino también en Santander.

El Programa de Alimentación Escolar (PAE) que es pagado por los impuestos de todos para garantizar la alimentación de miles de niños y jóvenes ha estado lleno de escándalos en Santander. Precisamente, en diciembre del año pasado al entonces gobernador Didier Tavera (hoy premiado con la dirección de la Federación Nacional de Departamentos por su ejemplar administración) se le dictó medida de aseguramiento por celebración indebida de contratos. Pues la contraloría encontró irregularidades como la compra de tamales a una empresa de grúas por la módica suma de 30 millones de pesos. Sin embargo, lo nuevo es que este escándalo no solo involucra la gestión del programa por parte del gobierno departamental, sino también del municipal, el cual la administración del exalcalde entusado Rodolfo Hernández vendía como “referente en el país de buena calidad y servicio”.

Lo que sucedió es gravísimo si se tiene en cuenta que en Santander muchos niños asistían al colegio solo porque los alimentos que les suministraba el PAE eran los únicos que podían recibir al día y que los químicos que se usaban para alterar la contextura de la carne, hacerla más blanda y darle un color rojizo que le diera el aspecto de carne de res, pudieron alterar su salud. Hoy comienzan a tener sentido los dolores estomacales, el vómito, y las quejas de una carne dura y agría que a los niños no les sabía igual a la que comían en la casa o en un restaurante. 

Qué boleta que los niños y niñas que esperan seguridad alimentaria y calidad en el servicio reciban a cambio las artimañas de gente corrupta e inescrupulosa.

Esta situación nos deja con muchos interrogantes, porque es claro que Trujillo no actuó solo. ¿Cuántos hacían parte de la organización? ¿Cómo consiguieron la idoneidad por parte de los contratistas? ¿La interventoría del contrato nunca se dio cuenta? ¿Dónde estaban las secretarías de educación y salud departamental y municipal? ¿Por qué ninguno de los tantos ingenieros de alimentos y nutricionistas que prestaron sus “servicios profesionales” en la gestión del PAE en Bucaramanga se enteró de esto? ¿Quiénes están subidos en esta jeepeta de irregularidades? ¿Qué pasó con la alcaldía y la gobernación? ¿Tantos ojos y nadie vio? ¿Quién responde? ¿Ahora todos se declararán víctimas? ¿La culpa es de los burros?

Por este repudiable hecho no deben responder solo particulares; debe conocerse qué responsabilidad tuvieron: 

  • Los contratistas y operadores del programa -quienes se deben generalizar porque la Fiscalía aún no revela los nombres de los implicados-, entre los cuales están: Ecoservir SAS, la Unión Temporal Bucaramanga Social PAE 2018, SERVIPAE, Nutrimos y Global Trade Solution. 
  • Proinapsa-UIS (uno de los encargados de la interventoría del contrato)
  • Yesid Hernández Vásquez, Liliana Marcela León, Bertha Carolina Castañeda, Rasahadram Escobar y Cristian Alberto García, profesionales en ingeniería de alimentos y nutrición que la secretaría de Bucaramanga contrató para el apoyo en la gestión del programa.
  • Las secretarias de educación de Santander de la época Inés Andrea Aguilar y Doris Gordillo.
  • La secretaria de educación Ana Leonor Rueda -quien hoy sigue en cabeza de la secretaría-.
  • El exgobernador Didier Tavera.
  • El exalcalde Rodolfo Hernández. 

No podemos permitir que sigan jugando con la salud de nuestros niños y jóvenes. Esto no debe pasar desapercibido ni ser objeto de burla, por el contrario, debemos rodear estas irregularidades y tener el ojo encima de ellas. Porque si no lo hacemos permitimos que los pocos que se montan en la Jeepeta de la corrupción se sigan enriqueciendo a costa de los más necesitados, y que como siempre, aquí no pase nada, todos sigan gozando en sus mansiones, en sus carros lujosos y en restaurantes finos. 

La tusa de Rodolfo

Un año antes de su posesión, el primero de enero de este año, muy pocos sabíamos de la existencia de Juan Carlos Cárdenas.

La única certeza que se tenía sobre él era su título de ingeniero, su trabajo en la multinacional Cemex Perú desde 1990 hasta 2017, que era el pupilo bendecido por Rodolfo Hernández y el afortunado de cargar las banderas anticorrupción que nos vendían desde el centro comercial Quinta Etapa.

El man era la chimba y tenía todos los ingredientes para ser el candidato amado por los bumangueses: Ingeniero -como su mentor- y por ende outsider, supuestamente independiente -por su reunión con el expresidente Álvaro Uribe-, bajo perfil y sin muchos enemigos.

¿Qué podría salir mal? Era el matrimonio perfecto, el dúo maravilla que haría de Bucaramanga la Barcelona latinoamericana, otra vez. 

La realidad es que del amorío entre ingenieros hoy queda poco y la gran alianza que unió a La Liga de Rodolfo y su ahijado, los verdes en cabeza de Sergio Prada, y Coraje, el movimiento de Carlos Sotomonte está totalmente desintegrada y quienes se subieron a ese gran barco durante la campaña hoy deben decidir a qué bote salvavidas se suben, pues esto es un juego “conmigo o en mi contra”, claramente impuesto por el exalcalde, quien hoy al parecer busca revocar a Cárdenas de su cargo.

Este rompimiento empezó desde el día de la posesión, al gran evento organizado en la UIS para recibir al alcalde que seguiría el legado impuesto los cuatro años anteriores, Rodolfo no asistió manifestando que estaban invitados los “ladrones” que el expulsó durante su administración y que era un gasto de plata. Un mes y medio después del inicio del gobierno Cárdenas, Rodolfo volvió a figurar, esta vez recriminando el manejo que este le dio a su gabinete, y porque, en palabras del exalcalde, era muy difícil para la comunidad comunicarse con su sucesor que se encerró en su despacho. Luego, cuando inició el aislamiento por la COVID-19, Hernández le pidió al alcalde prepararse oportunamente y reaccionar más rápido ante un virus que no da espera. 

En mayo se volvió a notar el distanciamiento, Hernández cuestionó que en el plan de desarrollo de Cárdenas -vacío, insípido y que en términos de diagnóstico dejaba muy mal parado a su predecesor- no se dieran continuidad a muchos programas iniciados en su administración como la dotación de salones comunales, y escuelas, la construcción de 10 canchas sintéticas y la compra del Club Unión para construir un parque. No obstante, como manifestó Vanguardia, en ese entonces no ve vislumbraban aires de revocatoria, pues ningún miembro de la Liga estaba interesado en hacerlo.

En general, Rodolfo Hernández ha sido oposición al alcalde que él mismo nos vendió. Es paradójico porque incluso renunció a su cargo para poder hacerle campaña de lleno y decir a grito entero que Cárdenas debía ser el elegido por todos los bumangueses, pues era el hit del momento. Palabras más, palabras menos, Cárdenas era la sensación del bloque y junto con su equipo de campaña montaron una película que recibió más de 141mil votos, de la cual quieren borrar cassette

Sin embargo, el clímax del divorcio llego a principios de este mes, cuando el exalcalde vía derecho de petición pidió información sobre el comité que inscribió la candidatura de Cárdenas, el número exacto de votos que recibió el 27 de octubre de 2019 y el plan de gobierno inscrito ante la Registraduría; hecho que se prestó para interpretar que Rodolfo estaría buscando liderar un proceso de revocatoria de mandato a su pupilo. 

Estas suposiciones están fundamentadas en parte porque actualmente Cárdenas es el blanco de Hernández, quien lo califica como un “idiota” e “inoperante”, le critica el giro a la sobretasa ambiental a la CDMB  por más de 47mil millones, la no continuidad a su plan de desarrollo y lo acusa de “reencauchar ladrones”. 

Es cierto, el gobierno de Juan Carlos Cárdenas ha sido un despropósito. Se ha mostrado como una figura que no da respuesta a las problemáticas de la ciudad y que no logra gestionar el conflicto como se debería. Nombró a un kínder de niñatos en la alcaldía y se rodeó de gente inexperta para sus cargos, tiene cero carisma y conexión con los ciudadanos, gobierna desde las redes sociales y se monta en la película de que todo en va marchando bien, creó un plan de desarrollo encerrado en el edificio de la alcaldía sin debatirlo con los ciudadanos y ha tenido un manejo de la pandemia bastante reprochable. No obstante, la ciudad no puede caer en el juego de Rodolfo Hernández, quien usa el recurso de ser oposición en todo momento a su favor, para figurar en los medios e impulsar su candidatura presidencial.

Porque hay que decirlo, Hernández actúa como un nogal que no deja crecer nada bajo su sombra que pueda arrebatarle el poder, es un político que debe estar en oposición permanentemente para permanecer vigente. 

En 2015, para llegar a la alcaldía fue oposición a los también candidatos Jhan Carlos Alvernia, de la U y Carlos Ibáñez, quien cargaba en sus costillas toda la maquinaria liberal -a pesar de antes ser muy parcero de Luis Francisco Bohórquez-. Luego, durante su gobierno fue oposición pura y dura al Concejo Municipal, que estaba cooptado por la maquinaria tradicional del partido Liberal y su coalición, a tal punto de golpear a un miembro de esta corporación. Ahora, su único recurso es ser oposición a esa persona a la que varias veces en campaña le agitó el brazo.

La situación está dura y el palo no está pa´ cucharas. Si bien es cierto que este proceso no es fácil ni rápido, una revocatoria de mandato en este momento sería un procedimiento bastante tedioso que la ciudad no está en condiciones de librar. La crisis económica y social que generó la pandemia no permite que se contemple la oportunidad de tener un proceso electoral, pues los intereses de una ciudadanía ahogada por la coyuntura son totalmente diferentes. 

Es necesario dejar de lado la vanidad y los berrinches del precandidato presidencial, exigirle al alcalde Cárdenas que gobierne bien, que haga lo que tiene que hacer, que cumpla el mandato ciudadano que lo llevó al quinto piso de la alcaldía y que de una vez por todas empiece a responder a las necesidades reales de todos.

La solución no es revocar a Cárdenas y nombrar un pana de Rodolfo, ni mucho menos un liberal.

Silenciando el futuro de Colombia

La cantidad de asesinatos que se reportan cuando estos gobiernan son sorprendentes y  sus objetivos siempre serán los líderes y  jóvenes, ya que estos son la piedrita en el zapato de estos gobernantes.

En Colombia los jóvenes y líderes sociales han sido silenciados durante un largo periodo, problemática que se viene presentando desde el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, donde las cifras de asesinatos fueron  más 10.000; después llegó el gobierno Santos en el que se reportaron más de 700 asesinatos; y en los años de gobierno Duque se están superando las 1.000 muertes.

¿Dónde está la anhelada tranquilidad que siempre promete el dictador Álvaro Uribe cuando gobierna? ¿Serán palabras que se lleva el viento?

Iniciemos con las cifras tan alarmantes que nos dejó el gobierno de Uribe, en el cual se decía que la seguridad había regresado al territorio colombiano, que no había nada de qué preocuparse, pero la totalidad de asesinatos registrados nos deja claro que eso no fue así.

Esa tal seguridad que su gobierno planteó solo fue disfrutada para los ricos que gobiernan este país, porque el pueblo pobre de Colombia atravesó los peores años de su vida gracias a la violencia generada por grupos armados y fuerzas públicas.

Los falsos positivos son los primeros en salir a luz, en este caso fueron más de 10.000 jóvenes asesinados por las fuerzas militares en este gobierno.  A esto se le unen 32.348 desaparecidos, entre los que se encuentran Líderes Sociales, Jóvenes e Indígenas; esto según un reporte realizado por la Unidad de Justicia y Paz entre el 2009 y 2010. Algunos de  estos desaparecidos han sido confirmados como asesinados por jefes paramilitares, quienes aseguran que estos asesinatos fueron realizados en las masacres que este grupo armado organizaba. Eso quiere decir que el gobierno Uribe nos dejó un total  de 40.000 mil muertos.

En el Gobierno Santos la cifras bajaron a un 97.5% sobre las 40.000 que dejó el gobierno Uribe, esto nos deja claro que durante los ochos años de presidencia de Santos los  asesinatos y desaparecimientos disminuyeron drásticamente, gracias a los diálogos de paz realizados en su mandato, ya que en estos se estableció una tregua entre grupos armados y Estado, lo que frenó los tiempos de violencia que el pueblo colombiano estaba viviendo. En este gobierno miles de familias se atrevieron a registrar y denunciar  los desaparecidos que la guerra les había dejado. Un dato curioso es que los meses más violentos de este período de gobierno se vivieron en la época electoral; principalmente en la segunda vuelta elecciones presidenciales, esto según el informe realizado por el portal  Más allá de las Cifras.

En los dos años de Gobierno Duque quien pertenece a la corriente política de Álvaro Uribe, las muertes han superado el 95% de las registradas en los ocho años de gobierno Santos. Esta última semana ha dejado gran huella en los colombianos; ya que se reportó la muerte de 16 personas, 14 de ellas jóvenes, todas estas brutalmente asesinadas por grupos armados, muertes que se unen a los más de 750 líderes sociales asesinados últimamente en colombia.

Estas cifras reportadas en el gobierno Duque nos dejan claro que la tan anhelada tranquilidad que estos siempre prometen en sus campañas son solo palabras que se lleva el viento, estos partidos de derecha se han centrado en la guerra para poder gobernar a los colombianos.

La cantidad de asesinatos que se reportan cuando estos gobiernan son sorprendentes y  sus objetivos siempre serán los líderes y  jóvenes, ya que estos son la piedrita en el zapato de estos gobernantes.

Ya es hora de que el pueblo colombiano despierte, tiene que darse cuenta de que  los jóvenes, líderes sociales e indígenas están siendo masacrados, con el fin de cerrar las bocas y darle fin a mentes cuyos pensamientos proponen un cambio para el desarrollo de  Colombia, estas personas son indicadas para tomar las riendas del país y la dictadura por la que estamos atravesando no quiere dejar que esto suceda, por eso ellos siempre usarán la violencia como su mayor carta de gobierno; porque estos payasos  no son capaces de luchar ideológicamente.

Pobres, marginados hasta de internet

Dice un refrán “en tiempos de crisis unos lloran y otros venden pañuelos”. Una frase que nos quiere vender ese irrealista espíritu motivacional que nos inspira a seguir “transformándonos”, a reinventarnos en tiempos de crisis, y aprovechar cada momento al máximo. Recordándonos que el que no progresa es porque no quiere.

Si uno no sale de cuarentena con tres libros escritos, un mejor cuerpo, una buena relación con su familia, hablando arameo fluido y, un modelo realista del Arca de Noé; nunca faltó tiempo, faltó disciplina.

En este caso el gobierno nacional a través del Ministerio de Educación nos intenta motivar a nosotros los estudiantes a echarle ganas a los semestres virtuales. Como diría el estudiante de la Universidad del Norte que se burló del mensajero que entregaba los diplomas de graduación, “qué oso la gente que no puede pagar un buen internet, un buen computador y, un buen terapeuta online”. ¡Tenemos que seguir adelante con la educación de “calidad” !

¿Qué importa si los estudiantes de derecho tienen que hacer audiencias virtuales pedagógicas en el país donde la justicia no ha logrado hacer que funcionen las reales? ¿Qué importa que los estudiantes de Ingeniería Civil tengan que hacer sus trabajos con materiales a la mano como decía el hombre de Art Attack”.

Los estudiantes de odontología pueden hacer sus prácticas en el consultorio de los SIMS. Y da igual que algunos estudiantes cancelen el semestre, quien  manda a esos  11 millones de colombianos a no vivir en la civilización.  Esa gente que quiere que el semestre no siga es porque no quieren meterle “ganas”.

Lastimosamente esa es la perspectiva de muchas directivas y estudiantes sobre los semestres virtuales. Me recuerdan a la frase que nunca dijo Maquiavelo “el fin justifica los medios” y el fin es continuar con la supuesta educación de calidad en una era digital como lo hacen los grandes países líderes en el mundo.  Pero resulta que Colombia es un país donde un gran número de estudiantes dependen de los comedores universitarios, donde no se les da un trato digno a los profesores de cátedra y la falta de infraestructura en las universidades públicas es pan de cada dia. ¿Cómo queremos continuar de pie, si no nos hemos parado?

Son asesinos intelectuales los que quieren continuar la vida académica como si nada, sin empatía. Muchas personas no comen al día para poder estudiar en una universidad, tienen varios trabajos para poder pagar su matrícula. Ahora tienen el descaro de pedirles buena conexión, un buen computador y que descarguen Zoom con la horrenda excusa que no se puede parar el afán de graduar profesionales en un país donde no se tiene la menor idea cómo responder ante la inminente crisis económica.

No podemos seguir permitiendo que el privilegio nos ciegue. Muchas personas pueden tomar estas clases sin problema, antes con comodidad ya que estudiar mientras se toma una Club Colombia en piscina, o se piensa en el siguiente Tik Tok es delicioso, ¿y el resto? Que se joda me imagino.

Ya estamos cansados que nos recuerden que esto es una crisis sin precedentes, pero es que no actuamos como tal. Tenemos que bajarle tres rayas a nuestra hiperproductividad y pensar nuevas ideas para lograr un sistema que no excluya a una gran parte de los colombianos.

Para una solución estamos con bloqueo de escritor y un papel en blanco. Al fin de cuentas no existe un manual, pero si humanidad. Y si los estudiantes no nos manifestamos ante esto buscando que no afecte las finanzas de la universidad, la economía de los profesores, personal administrativo, personal de mantenimiento y los estudiantes mismos, va pasar lo mismo que se ve constantemente en la historia colombiana, un acto de opresión y la mayoría mirando para otro lado. Lo queramos ver o no, en esta historia los que lloran somos todos los estudiantes y nos quieren vender ladrillos por pañuelos.

Esto fue publicado originalmente en Al Poniente su uso en Desigual fue permitido por el autor.

Amores Toxicos

Para nadie es un secreto que el tiempo que hemos pasado en cuarentena nos ha dado un espacio para reflexionar que normalmente era ocupado por el corre corre del día a día. Nos hemos puesto a dudar sobre nuestra vida y nuestro lugar en el mundo como colombianos, con las conclusiones de frases como “Colombia no está lista para esto” aplica para cualquier situación, que antes de cualquier decisión difícil debemos pedirle sabiduría al colombiano que se quedó en Wuhan y que no hay nada más peligroso que un amigo traqueto con Instagram como lo demostró el Ñeñe.

Pero también nos hemos puesto a reflexionar sobre nuestras relaciones y las de los demás. Todo parece tóxico y tal vez estemos en lo cierto. En China después de siete semanas de cuarentena la tasa de divorcios alcanzó el tope diario como lo anunció el medio chino Global Times. Y no me quiero imaginar que pasará en Colombia ya que acá tenemos historia de tener relaciones tóxicas colectivas.

Cuando se habla de violencia psicológica, física, verbal y económica; inmediatamente pensamos en alguna ex pareja, da igual cómo hayan terminado las cosas, sentimos algo inconcluso, queremos demostrar que fuimos completos santos, decirle a ese ex que ahora estamos mejor, o estar dispuesto a prometer cosas que no vamos a cumplir. Estas características nos brindan una clara descripción de la relación del pueblo colombiano con Uribe.

Nos guste o no, Colombia amó a Uribe, quien terminó su periodo presidencial con la aprobación de ocho de cada diez colombianos según la encuesta Gallup realizada para El País y otros medios.

¿Por qué?

Uribe se mostró como una persona preparada, humilde y centrada. Generó emociones con su política de “Mano firme, corazón grande”. Creímos que era el amor de nuestra vida y que esté por fin iba a sacarnos de las tusas anteriores. Después de un expresidente al cual le cancelaron la visa americana, tuvo el proceso ocho mil y otro al que la guerrilla dejó sentado con Marbelle, no fue difícil y finalmente como todas, esta relación se transformó.

Esa humildad pasó a populismo con campañas de miedo. Esa persona centrada nos vendió la excusa de “ella es solo una amiga” con sus ministros juzgados y ahora con sus presuntos amigos narcotraficantes. Lo increíble es que “nos dimos cuenta” pero muchas veces por estar calientes nos entraban arranques de amor.

Pasaba la emoción y comenzábamos a ver como nos ponía los cachos con temas como: las chuzadas del DAS, las ejecuciones extrajudiciales, DMG, y Agro Ingreso Seguro; se defendía diciendo que eran chismes creados por envidiosos que tenían celos de nuestra relación como Claudia López y Enrique Robledo. Seguimos en contacto con él por miedo a que no fuésemos capaces de encontrar a alguien mejor y a quedarnos solos.

Aprovechó eso para intentar cambiar las reglas del juego con la segunda reelección y en un acto desesperado usó a Santos y Zuluaga para convencernos de que realmente estaba arrepentido. La primera vez funcionó pero Santos se enamoró y decidió ir en contra de la mayoría de los ideales de Álvaro Uribe, él quería escribir su propia historia de amor.

Este ex sigue apareciéndose con la intención de hacernos sentir horrible, hacernos creer que sin él no somos nada, pero Colombia se cansó de ese prototipo de pareja y esta vez diremos “no soy yo, eres tú”

Esto fue publicado originalmente en Al Poniente su uso en Desigual fue permitido por el autor.