A Dios rogando y con el mazo dando

De Misty Day

Iván Duque tan campante visitando la finca llamada Arauca y de una la guerrilla del ELN patrullándole pueblos completos, yo siento que nuestro querido amigo canoso lleva años en una especie de The Truman Show, en el que él es el único que cree que es presidente.

¡Rogando! ¡Rogando! Rogando están las familias desplazadas en el departamento de Arauca por al menos una mentira, una mentira de quien sea, ya venga de un micrófono y un corbatín parlante, de unas botas con pasamontañas o de un fusil con bigote, una verdad a medias de quien sea, pero que al menos les dé un poquito de esperanza. Pero ni a eso, por el contrario, llegó Dios con el mazo. Sí, bueno, uno falso, como tantos títeres disfrazados de dictaduras que merodean en estas democracias bastante autocríticas de un occidente cada vez más gris y autoritario.

Vamos a lo inmediato, hablemos de ese falso dios, que en realidad es un falso Márquez, un emisario que vino ayer como alma que lleva el diablo a decir palabras orquestadas y a fingir que es presidente. Sin embargo, no vino solo, vino con su Sancho Panza, el ministro Diego Molano, que de molano no tiene nada. Vinieron muy campantes como si estuvieran de safari por Siria, hablando duro, mirando alto y creyéndose la vaca que más caga, ¡los arrieros de los arrieros! Vaya complicidad criminal la de esos dos gomelos a los que nunca les ha tocado trabajar por nada en la vida, todo regalado, gusanos. ¿Vinieron a qué? A mandar a más pelaos pobres a representar al Ejército Nacional de un país que los excluye, a representar una bandera que para ellos solo es roja. ¡No más! La solución no es mandar más militares a una guerra sin sentido.

Fuente: Ciudadana Araucana

No contentos con la venida del ministro hace unos días, ahora vinieron los dos a poner el «pecho», o bueno, a mandar a pobres a que lo pongan por ellos. Vinieron a un consejo de seguridad, la idea del gobierno es de carácter militar y eso lo demostró con la traída de más de 24 motocicletas para el Ejército y más embarcaciones para la Armada. Causa gracia ver tanto cinismo e ignorancia. Se les debe recalcar que la repuesta de un gobierno supuestamente democrático ante esta situación de conflicto debe ser principalmente humanitaria antes que militar, acá debe ir primero la vida de las familias desplazadas y después esta clase de acciones. Sin embargo, estamos en presencia de un mandato que ha venido dejando de lado el respeto por los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.

Vinieron con mano dura a una «gran operación» para derrotar a todos los enemigos fantásticos del presidente, quien habló rápido, mandó más tropa y salió volao’ en el avión. Pero algo que me quedó sonando, y yo sé que a muchos contratistas o dueños de grandes negocios en Arauca también, es que Duque tiene como estrategia un ataque financiero y militar, para lo cual, por un lado, anunció la entrega de las 24 motocicletas para el Ejército y cuatro embarcaciones para la Armada (como mencioné anteriormente) y por el otro, quiere la mayor operación de lucha contra el lavado de activos de esa organización, por lo cual el gobierno también podría ir contra ustedes, señores empresarios, para desestructurar la red de lavado del dinero producido por esa guerrilla. El gobierno quiere cabezas, así que yo veré rodar unas.

Otro punto muy importante es que mientras Iván Duque daba con decoro su discurso en Arauca, la guerrilla del ELN estaba patrullando en La Esmeralda, corregimiento cercano al municipio de Arauquita. Imagínese esos dos cuadros, el presidente de cunita de oro hablando fantasías mientras los milicianos hablaban duro desde las calles de un pueblo, mientras trataban de mantenerse legítimos ante las comunidades a través del miedo y la intimidación, esperando volver a aliarse con sus amigos vestidos de verde para enfrentar a una guerrilla con nombre viejo, pero con nuevas armas. Vamos a ver cuántas vidas inocentes y humildes le cuesta a este conflicto. Y lo más difuso de todo este asunto, ¿en dónde están los carteles de México de los que tanto hablan diciendo que están acá en Arauca? ¿Por qué nadie dice nada de eso?

En este paisaje aliciano bastante subalterno se está pintando una guerra que es antigua, pero que cada año cambia, y nací en un territorio que vive de cerca sus consecuencias. Nunca olvidaré que lo más importante son las víctimas, los desplazados. Y recordaré que ni Pinochet ni Videla tienen tantos muertos como los «presidentes» colombianos. Es relevante no olvidar que las comunidades siguen rogando por un milagro y hay un dios que les da con un mazo, un duro mazo llamado indiferencia. Los obstáculos a la paz y el generar las condiciones para una guerra conveniente para el Estado, y sus fuerzas militares son los principales responsables de todas estas desgracias, y los muertos cada vez más se acercan a las puertas de su palacio, buscando justicia o su cabeza.

EL MORRO DE TULCÁN COMO ESCENARIO POLÍTICO EN LA CIUDAD DE POPAYÁN

Por: Jineth Córdoba

El Morro de Tulcán es una pirámide artificial construida por los indígenas pubenences.

Era un espacio sagrado, de ritos fúnebres y ceremonias comunitarias, de diálogo y concertación.  Diógenes Patiño, arqueólogo y antropólogo de la Universidad del Cauca, estima en sus estudios que el tiempo de construcción de esta obra y de la existencia de la comunidad indígena data entre los años 1000 y 1500, es decir, antes de la llegada de los españoles (1536-1537).

En medio de la codicia de los hispanos por el oro, el apremio por instalar en tierras ajenas sus costumbres europeas y su afán de homogeneizar el Valle de Pubenza mediante colonias, privaron a los pubenences de sus territorios y los convirtieron en peones de los “conquistadores”. Luego, por si fuera poco, re-fundaron el territorio como si nada hubiese existido antes.

La pirámide del Morro de Tulcán quedó a merced de los españoles dominantes. En la década de 1930, durante la celebración número 400 del sometimiento a los pubenences, en medio del “cumpleaños de Popayán”, la pirámide y memoria de los indígenas sufrió otra afrenta: su punta ceremonial fue explanada con el supuesto interés de poner un monumento en memoria al Cacique Pubén, pero en su lugar, ubicaron sobre lo más alto la estatua de Sebastián de Belalcázar. El mensaje fue claro: la colonización seguía en pie. Belalcázar colonizaba una vez más el territorio sagrado pubenence.  

Así las cosas, el Morro de Tulcán sería objetivado y puesto para el consumo de turistas y locales. De lugar sagrado, pasó a ser un escenario de esparcimiento para familias de raíces coloniales o aristócratas, y pronto, en una era más contemporánea, se transformó en un sitio para el libre ocio de los jóvenes, que muchos no tardaron en tildar como un quemadero de ‘porro’ y ‘pola’.

Pero la historia del Morro de Tulcán cambió nuevamente el 16 de septiembre de 2020, cuando el pueblo Misak sentenció y catalogó como genocida a Sebastián de Belalcázar y decidió tumbarlo con todo y caballo de su pedestal. Aquel día comenzó la reapropiación, armonización y limpieza del espacio mediante rituales y murales que recorrían todo el pedestal que alguna vez fue el aposento de la estatua de Belalcázar. Las irritadas élites patojas al observar que no era uno de los suyos quien estaba en la pirámide ejerciendo el poder, reaccionaron de inmediato, pintando los murales de blanco. Blanco como la ciudad, blanco como sus memorias, blanco como sus camisas, blanco colonial, puro y sacro. 

Este acto abrió las puertas a un escenario político, social y simbólico de disputa por la imagen que debe alojar el Morro de Tulcán. Por un lado, tenemos a las clases privilegiadas: los autonombrados “gente de bien”. Por otra parte, se encuentran los mal llamados “vándalos” o en palabras de Jorge Gonzáles “los que sobran”, el pueblo.

Los colombianos ya no comen cuento a las élites gracias al despertar de conciencia colectiva que se acrecentó durante el paro nacional. En estos meses de protesta social vivimos la verdadera injusticia y represión que los gobiernos hacen para controlarnos y silenciarnos, así como lo hicieron con nuestros antepasados indígenas durante la colonia (al igual que los afros y blanco mestizos, empobrecidos y relegados a la marginalidad y olvido).  El llamado al diálogo es una constante en el Gobierno de Juan Carlos López Castrillón, alcalde de Popayán, quien está siempre a la defensiva de mantener la imagen blanca de la ciudad, acto que acecha la memoria de los pueblos.

El pasado 16 de septiembre de 2021, como respuesta a las paredes blancas, se conmemoró el primer año de la caída de Belalcázar. Y los Misak dieron vida nuevamente a su pedestal a través de los colores y rituales. Allí, sobre la cara que da hacia el oriente, una frase: “Se camina en comunidad”. Luego, sobre el costado occidental que mira hacia el sol de la tarde, el retrato de un Cacique vestido con joyas de oro que resignifica y honra al Morro de Tulcán como Territorio de los pueblos indígenas.  Ellos de a poco recuperan su trono.

Cuando el Estado nos falla: el caso de Jeferson Navarro

Por: María Alejandra Arciniegas Rueda

Cuando vi la noticia del joven ladrón al que mataron siete hombres, me demoré un poco en procesar el asunto. Los hechos fueron los siguientes: Jeferson Andrés Navarro Rueda, de 19 años, ingresó junto con otro hombre a un billar, donde se disponían a robar con arma de fuego a todos los presentes. Poco después, una de las personas que allí se encontraban, se abalanzó sobre él, seguido por otros seis comensales. Los hombres le dispararon a Jeferson Navarro con la misma arma que él tenía para robarlos, le clavaron los tacos de billar en repetidas ocasiones y finalmente lo lincharon.

Por un lado, en un país donde la injusticia es el pan de cada día, en el que en más de una ocasión se capturan a los delincuentes para dejarlos en libertad a los pocos días, la justicia por mano propia se convierte en la alternativa más efectiva en el imaginario de la ciudadanía. Como ejemplo, está un caso sonado: el de Carmen Cecilia Contreras, una mujer de 56 años que denunció al hombre que la robó. Aquel hombre fue a la cárcel por unos días pero fue puesto en libertad, libertad que aprovechó para matar a Carmen Contreras. Esta clase de fallas en la justicia son las que hacen que muchas personas sientan que es más útil castigar por sí mismas al delincuente.

Según datos publicados en 2020 por el “Rule of Law Index” (un índice que suministra  datos sobre ocho dimensiones referentes al estado de derecho), en el indicador de justicia civil, que mide factores como la ausencia de corrupción y la aplicación efectiva de este tipo de justicia, Colombia obtuvo 0,49 puntos, donde 0 es la calificación más baja y 1 la más alta. En cuanto al factor de justicia penal, que estudia puntos como la efectividad del sistema investigativo penal y la ausencia de corrupción en el mismo, la puntuación fue de 0,34. Estos resultados nos ubican, en cuanto al primer indicador, en la posición 79 (de los 128 países donde se hizo el estudio) y en el puesto 101 respecto al segundo. 

De cierta forma es entendible que en nuestra sociedad capitalista se valoren de sobremanera los bienes materiales, porque al fin y al cabo se obtienen a partir de la fuerza y las horas de trabajo de cada individuo. Quizás muchos se sientan miserables trabajando 12 horas diarias o más para ganar un mínimo con el que pueden sobrevivir y de vez en cuando darse algunos lujos.

Esto se explica en el artículo Justicia por mano propia en Colombia: un análisis desde los conceptos de ira e ira transicional, en donde el profesor de la Universidad de los Andes, Iván Javier Mojica Rozo, afirma que “cuando nos convertimos en víctimas de un delito sentimos ira, ya que consideramos que hemos sido dañados de manera injusta por alguien que no tenía ningún derecho a violentarnos, y eso hace que sintamos un deseo de retribución”.

Por otro lado, hay otro factor para tener en cuenta y es la desigualdad . En cuanto a ello, Colombia tiene experiencia. Según el coeficiente Gini, nuestro país cerró el 2020 con 0.544 puntos. Cabe aclarar que este varía entre cero y uno, siendo que cero refleja una sociedad igual, y uno, una completamente desigual. Además, con la pandemia, el indicador de pobreza cerró el 2020 con un 15,1%, es decir, aumentó 5,5 puntos porcentuales.

Si bien, la desigualdad no es el único factor que puede llevar a la violencia, sí es determinante. El economista Hernan Winkler afirmó en una entrevista para el Banco Mundial que “la actividad criminal también se puede explicar por un análisis costo-beneficio; cuanto más escasas sean las oportunidades económicas para los más pobres y mayor sea la brecha de ingreso entre pobres y ricos, los beneficios económicos de crímenes como robos o secuestros […] tienden a ser mayores”.

Y no, con esto no busco justificar a los ladrones o a las personas que buscan un “camino fácil” como sustento de vida. Pienso que deben hacerse responsables de los actos que comenten, que, en el escenario ideal, equivaldría a estar en prisión, pagar su pena y vivir un proceso de resocialización. Pero dejando esto a un lado y volviendo al tema inicial que me llevó a extenderme en toda esta cháchara, ¿realmente fue justo lo que sucedió con Jeferson Navarro? ¿fue proporcional lo que recibió comparado con lo que estaba haciendo?

Sí, el joven tenía antecedentes por hurto y en el momento llevaba un arma de fuego, pero, ¿equivale a ser torturado por siete hombres para posteriormente ser asesinado? Varias personas han comentado que lo merecía y que a él no le hubiera temblado la mano para usar el arma. Al respecto, solo quiero decir que es un argumento partido de un supuesto y por ende, es una falacia de composición. La sevicia con la que aquellos hombres pusieron fin a la vida del chico me da escalofríos. Según la familia de Navarro, él pedía perdón mientras el ataque sucedía. Esto me lleva a preguntarme quién es más peligroso, porque sí, hay un ladrón menos… pero siete (a mi parecer) psicópatas más.

Pero ¿de quién es la culpa? ¿del joven? ¿de los hombres? ¿del sistema judicial? o ¿de la pobreza, desigualdad y falta de oportunidades? Creo que en últimas, el Estado nos falla y, como siempre, los que nos vemos afectados somos los ciudadanos del común.

Joven, ¡SALVE USTED LA PATRIA!¿y los demás qué?

Durante toda mi vida crecí escuchando un seudo mandamiento, que ahora que lo analizo, suena más a una amenaza para quienes tenemos la mala fortuna de nacer en Colombia: “es deber de los jóvenes mejorar el país”.

“Es que la gente joven ya no sirve para nada, no aguantan nada… ¡les hizo falta más garrote!”


¿Más garrote? Crecer en un ambiente violento en un barrio o una comuna, en medio de balaceras, droga, hambre, falta de oportunidades, sin garantía de vivir dignamente, traficando con sus cuerpos, siendo gatilleros y marginados en las orillas de la ciudad ¿les parece poco?


Buscar escondederos entre matorrales, techos de zinc, montes, veredas y selvas para evitar los tambores de la guerra que con sus ráfagas apagó poblaciones enteras, reclutó forzosamente niños y niñas, que desplazó y asesinó a miles de personas ¿les parece poco?


Buscar oportunidades de empleo en río revuelto, donde cada vez más se aprovechan de la necesidad de la gente, condenando la informalidad pero validando la privatización de las universidades, la tercerización laboral, los pagos injustos, los contratos de prestación de servicios, la falta de prestaciones sociales o siquiera riesgos laborales ¿les parece poco?


Ahora imagínense que tan miserables son los jóvenes que muchos partieron ilusionados por promesas de trabajo pero fueron asesinados. Y no fueron dos o tres, fueron miles de inocentes de los cuales jamás se volvió a saber, enterrados como animales en montañas lejanas, para entregar resultados falsos a un gobierno cómplice de todos los atropellos habidos y por haber, y que al día de hoy, aún no les responde a las madres quién dio las ordenes en el ejército.


Les parece motivo de orgullo que nos obliguen a respetar los símbolos patrios, a tener temor de Dios y decirles a las fuerzas armadas que son héroes cuando son capaces de todo, hasta de matar a sus propios miembros para seguir instruyendo en los cuarteles lo que deben hacer en beneficio de sus Generales, mientras los soldados rasos comen mierda.


Esos rasos que subían a camiones llegados los 18 años como si fueran ganado y que parecía más un secuestro que una invitación. Esos que doblegaron con métodos de tortura para enseñarles a ser “hombres” a punta de golpes, insultos e intimidación garantizando que se sigan ordenes sin chistar y que si eligieron vestir un uniforme de policía, la historia no fue distinta.


Estamos en plena era digital, de globalización, acceso a la información, fundamental en plena pandemia, sin embargo aún hay más de 34 millones de personas en Colombia que viven sin un computador, un smartphone, un plan de datos o Wifi, y lo que puede sonar como una pesadilla para un gomelo, para muchos jóvenes es la condena a una educación mediocre. A la gente con sus necesidades básicas cubiertas le parece ¡tan tierno! que unos niños hagan un computador con restos de basura porque su escuela está cerrada y ellos no pueden ver clase, pero les parece horroroso que se pida educación gratuita. ¿A qué juegan?


Somos un país que a duras penas sabe leer y en esa medida no sabe votar, no sabe los mecanismos de participación ciudadana, no saben las funciones de las entidades, no sabe sus derechos fundamentales o tener sentido critico para no tragar entero la información y los medios nos enseñaron a seguir con nuestras vidas como si nada después de arrojar en sus indicadores cifras horribles, que maquillan la mayoría del tiempo pero que ahora, con esta gente tan adormecida, la tarea les queda facilitada. En esa medida quien medio tiene con qué, dinero o poder, pasa por encima del que quiera y la justicia terminó siendo un instrumento de adorno para los corruptos.


Decía Jaime Garzón, casi como una súplica en 1997, que los jóvenes teníamos que asumir la dirección de nuestro país porque nadie vendría a salvarlo por nosotros, y hoy, mas de veinte años después de su muerte, esos jóvenes envejecieron resignados a una vida mediocre, dándose pajazos mentales con lujos placebos a la vez que ignoran la precarización, el despilfarro tan hijueputa de plata en obras mal hechas y contratos amañados.

¿Hace veinte años esos colombianos imaginaban el país que tenemos ahorita o van a seguir procrastinando como lo hicieron sus padres y sus abuelos?


Mis queridos cuarentones en adelante, ¿Aún siguen esperando al presidente mesiánico que resuelva todos los problemas en cuatro años de mandato?
Yo sé que les debe doler la rodilla de solo pensar en no quedarse sentaditos esperando que les llueva maná del cielo pero los necesitamos en la calle.
Esto no es una queja más sobre los problemas sin fin de Colombia porque soy una “centennial demasiado sensible” ni tampoco es un reclamo sin propósito. Pretendo con esto hacer un llamado a darle fin a esta desigualdad absurda en la que estamos, a que no nos quedemos callados con nuestra vecina clasista, homófoba y clientelista, ni con la profesora elitista de u privada que señala de guerrilleros a los compas de publica. Vamos a dejar de ignorar a los que piden en la calle mejores condiciones, a estigmatizar de vándalos a los que bloquean vías o bailan en las plazas públicas, vamos a dejar de apoyar candidatos narco financiados y populistas que le aplauden a la policía sus abusos. Vamos a dejar toda esa bendita maña de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, esperando como unos ‘pingos’ que otro haga por nosotros todo.


Los jóvenes estamos en las calles en compañía de unos cuantos “cuchitos” agradables que pese a llevar bastón o el paso lento, no nos han dejado solos aprendiendo, así sea tarde, de sus errores o perpetuando su espíritu rebelde

¿Y los demás qué?
¡Ustedes no se han muerto aún, carajo!

Solo entonces, estando tres metros bajo el suelo, se les excusa de no buscar la manera de mejorar entre todos este ‘mierdero’ y eso también incluye al que están fuera del país; porque el proceso que arrancamos hoy va a ser lento, demorado y va a costar menos vidas si el cuero lo ponemos todos. El miedo no debe ser una opción y mucho menos la indiferencia.
No dejemos a los niños de hoy un futuro donde tengan que elegir entre la delincuencia o el hambre; entre educarse o mendigar; entre pagar un servicio de salud privada o morirse sin ser atendidos. Entre esto o aquello que les signifique una vida dolorosa. Ellos merecen un lugar al que puedan llamar hogar sin venderse a la idea de que sin plata es imposible soñar o jugando a la ruleta rusa a ver si ¡algún día se les presenta un golpe de suerte! Sería una insensatez dejarles cometer errores pasados por no saber nunca quienes fuimos como nación y para donde ‘hijueputas’ vamos en estos momentos.


¡Atenidos y vagos los que no salen a marchar!

Crónica de un paro mil veces anunciado

Mis queridos lectores ávidos por desmenuzar algo interesante en mis palabras, tal vez sí o tal vez no, notarán la referencia a Gabo y su novela «Crónica de una muerte anunciada». Dicha referencia no sólo se basa en una aparente falta de ideas para poner un título mínimamente ingenioso sobre un tema tan sonado como el Paro Nacional. Usted amigo y amiga se harán la pregunta lógica de

¿por qué un paro es mil veces anunciado?

Marcha Centro de Bucaramanga.
Créditos al autor

Bueno, pareciese ser cada vez algo más común en la jerga de la gente hablar de paros. Unos a favor y otros en contra (como en todo). Lo cierto es que gracias a los múltiples proyectos de ley aterradores ejecutados en lo legislativo, a los múltiples abusos por parte de las autoridades, a los escándalos de corrupción, a las actitudes permisivas en favor de la explotación a las personas, las instituciones, los valores y el ambiente ó, incluso, en las meras ineptitudes características de este gobierno y otros anteriores, el pueblo perteneciente a múltiples sectores no ve otra manera de responder ante la inconformidad frente al Estado mas que con la amenaza de un alzamiento.

Así reza la historia de los primeros movimientos independentistas como el de los comuneros, así mismo lo han sido los movimientos de masas obreras, sindicales y estudiantiles a lo largo de las décadas, quienes han puesto en jaque la estabilidad económica de los poderosos cuando su cinismo colmó la paciencia de la gente. Sin embargo, hoy en día vemos una tendencia hacia los alzamientos momentáneos, a un mero ‘stop’ en las actividades diarias o al ritmo vertiginoso de alguna avenida, calle, parque o andén.

Hace un año pude vivir por primera vez, en carne propia, el fulgor de esa efervescencia patria. Y a veces de forma irónica me pregunto:

Marcha 25N .Fotografía por Frank Asado

¿Esto es la Patria?

En medio de todo, ese sentir nacional era un llamado para que como individuos pudiésemos conectar con esa tierra natal que tantas veces solo nos causa vergüenza o dolor describir. El falso patriotismo con el que nos venden ideas nacionalistas absurdas que elogian aspectos totalmente desagradables de nuestra cultura se erradicó totalmente de mi diccionario cuando el amor implícito por el terruño, por lo bueno, por las personas honestas que aún lo habitan y sobre todo por ese ‘no sé qué’ que se mueve dentro de cada uno de nosotros, por allá en las fibras mas ilusas de la juventud, resultó siendo el motor para que, como yo, muchos jóvenes, adultos, mujeres, ancianos y hasta niños, salieran a las calles a protestar en 2019 y parte del 2020. Eso habla muy bien de nuestra generación sin embargo queda un sin sabor en el aire.

El porqué es tan simple como que habremos de recordar en el futuro que tratamos de luchar por una consigna clara en favor de la dignidad y no hicimos nada más allá para retenerla, multiplicarla en nuestro inconsciente colectivo y que no fuese una mera ilusión. Salir a las calles en 2019 sí creo que fue un primer aviso para quienes, como Santiago Nasar el personaje de Gabo en su novela, se levantan todos los días sin imaginar que algún día podrían caer de ese pedestal autoimpuesto por su poder económico y político; y pues una persona común y corriente viendo el panorama actual en 2020 se plantearía lo siguiente: ¡las cosas deben cambiar!

Conmemoración de Dylan Cruz. Fotografía por Frank Asado

No obstante, nuestra sociedad es pesimista y en caso de no pasar, me temo que seguiremos inmersos en el hielo de la desesperanza, que terminará casi por carcomer el espíritu revolucionario hambriento de los colombianos y que, al fin y al cabo, es quien impulsa a cualquier sociedad hacia delante.

Dado el grado de fuerza con que una mera idea agolpó entorno suya múltiples expresiones de rechazo a décadas de actuares insólitos, casi que olvidados por nosotros mismos como ciudadanos, tan cotidianos y tan deshumanizados en el peor de los casos, es que llenaba de emoción que ríos de gente salieran de su apática monotonía a gritar esa ira retenida, esa indignación (momentánea por desgracia) pero también histórica, acumulada tal vez en el rincón mas lejano de nuestra conciencia colectiva para no agobiarnos con el día a día de un caos constante al que con dolor llamamos Colombia. La idea convocó estudiantes, trabajadores, funcionarios, artistas, amas de casa, lesbianas, gays, chicos y chicas trans, indígenas, campesinos, al vecino y a la vecina, al perrito, al mototaxista, al sector mas ‘play’ y al mas ‘populacho’, y eso es algo que no se logra todos los días.

El puñal con el que tratamos de dar la estocada final en las puertas del poder, se transformó muchas veces en megáfonos a tope dando discursos cortos y otras veces en tarimas entorno a una plaza llena de gente. Se transformó en cacerolas, en pitos, en guitarras, tambores, carteles, aplausos, gritos, cantos, saltos, abrazos, piedras, escudos improvisados y en memoria.

Presentaciones musicales conmemoración del paro 21N, fotografías por Juan Reyes.

Y es esa última clave para que quienes hacemos parte de esto y que revivimos en el día a día la misma historia básica de violencia en nuestro país. Este año, tan lleno de tristezas patrias con el que lastimosamente la lista de masacrados aumentó por la guerra absurda y por ese poder oscuro que sigue atornillado en todos los aspectos sociales, políticos y económicos; parecería un barbarie a los ojos de cualquier pensador critico y con sentido común pero para los que viven en estas tierras son producto únicamente de ese ser fantasmagórico al que nunca le damos nombre .

«La mano Negra» que los medios llaman con múltiples eufemismos sin dar con el correcto… pero no. Esto es producto de un constructo oficial violento que a lo largo de los años ha venido constituyéndose en el poder gracias a la política, a las armas, a la coca, al dinero o a la ignorancia de sus gentes.

La única certeza que se tiene es la muerte como bien lo retrata Gabriel García Márquez con su personaje de Santiago, sin embargo yo tengo la seguridad que en el tiempo en medio de nuestras mas angustiosas carencias, inseguridades y desesperanzas, será la memoria la que alimentará con plena vitalidad las vidas de quienes lo entregan todo por mejorar las cosas.

Será entonces cuando ese lógico final tendrá más sentido al momento de buscar razones para que finalmente se nos quite lo «reaccionarios» y pasemos a la acción. No dejar apagar la llama es algo que este año también hicimos algunos, así nos toque como nos toque.

Así nos toque hacer mil paros ó más.

Siempre cerve, nunca incerve

No hay nada mas hipócrita que unos mal llamados «influencers»

ya que en lo único que influyen es en que la ciudadania bumanguesa tenga cierta pena por vivir acá,

se queden en silencio y complicidad con las injusticias que le SUCEDEN al ciudadano de a pie; y luego salgan en sus redes a diestra y siniestra a protestar contra la violencia

¡Dizque esto es una democracia! Esto es una monarquía, y la impunidad la reina de Colombia.

Fernando Vallejo

Frases como la anterior me ha perseguido desde que realice que ser colombiano es mucho mas allá de que le pongan problema al entrar a cualquier país desde que usted presenta su pasaporte en cualquier migración. Lastimosamente es nuestro pan de cada día, en Colombia día a día se mata, se persigue, se perfila, y se roban; prácticamente todo lo que sucede en la novela la divina comedia, si Dante viera todo esto que ha pasado en este país estaría seguro que el ultimo circulo del infierno esta conformado en buscar justicia por el aparato judicial colombiano o ir a una conciliación de la Fiscalía. Tan mal se ha estado que ya se convirtió en una redundancia, lo chistoso es que rara vez depende de nosotros hacer justicia, pero cuando tenemos la oportunidad; nos tomamos un cóctel de impunidad en promoción 2×1.

Hace ya casi un año, en la noche del Sábado 21 de septiembre del 2019, Ernesto Vera salió a rumbear, no buscaba problemas o encontrarse con gente que se creyera típico matón de Salvatore Mancuso; solo quería pasarla bien con sus amigos. Como usted o como yo. Fue al lugar que estaba de moda en la ciudad y el cual nadie se preguntaba de donde salió, ya una gran parte de Bucaramanga es pura moda y presuntos lavadores de dólares de La Gata, lo que nadie se esperaba es que horas después sin razón Ernesto iba ser arrojado brutalmente hacia una acera por gente contratada por el mismo bar, luego de estar ensangrentado en el piso los dueños de este establecimiento lo humillaron y se negaron auxiliario.

Lo único que hicieron fue adoptar las politicas de los amigos de Marta Lucia Ramirez, con ayuda de las fuerzas armadas limpiar la sangre e intentar eliminar pruebas que puedan incriminarlos.

¿Que hizo la gente? siguió la rumba; pues la sangre de Ernesto no les salpico.

Lastimosamente la pesadilla de Ernesto no terminaba ahí , no terminaba luego de levantarse en la cama de un hospital preguntándose ¿por qué estaba todo ensangrentado?, ¿por qué estaba sin dientes?, ¿por qué tenia un dolor interminable? ¿por qué le hicieron eso? muchas preguntas, ninguna respuesta.

Desde ese día los de la CERVE tenían una deber moral, y no no era responderle a Ernesto y a sus padres, era hacerlo quedar como un culo para que la gente les siguiera comprando trago chicipato a precio de Andres D.C y no dejaran de ir a ese lugar; donde tratan a los clientes como guerrillero en proceso de paz.

El plan malevolo de estos arribistas comenzó como el de todo lavador de dólares cuando se siente acorralado, dándoselas de juristas comenzaron a intimidar a Ernesto a través de una bodega de perfiles falsos como todo Uribista, y a pesar de que estos fueron los que no le respondieron tuvieron el descaro de amenazarlo con persecución judicial si seguía hablando, de una u otra forma lo querían callar; yo me pregunto, si estas personas fueron tan inhumanos de amenazar a una persona la cual casi perdió la vida en su portal a Mordor ¿de qué otras formas pensaban actuar? Pues casi lo matan, lo de menos era terminar el trabajo ¿no?

Ya luego de que lo intimidaron y amenazaron con denunciarlo penalmente, tenían ellos que lavarse las manos y ahora sí y darle la espalda a la justicia ¿por que no les cerraron esa cueva? pues si ya una vez mataron a alguien en ese lugar (Drinks) y lo que hicieron fue cambiarle el nombre y todo como si nada, para ellos hacer que no les cerraran el lugar era algo tan fácil como evadir impuestos.

Contrataron de pura coincidencia al hermano del ex personero de Bucaramanga Ronald Picón, como si Bucaramanga no haya sido cuna de grandes juristas que tienen experiencia defendiendo gente con mañas de paracos como Jaime Lombana, optaron por un familiar de primera linea de la persona la cual por constitución tuvo que haber velado por la justicia y por el cumplimiento de la ley.

¿El ex personero qué hizo por este caso? ¿Le dio garantías a Ernesto? ¿O se fue a rumbear mientras Ernesto necesitaba su ayuda?

pues me imagino que la situación económica de los Picón estaba grave luego de que Fredy Anaya no ganara la alcaldía, para Rafael Picón Sarmiento; persona «honorable» que ha sido denunciado por obtener ese puesto de forma amañada a través de Wilson Mora, haya abandonado su juramento por la patria y dejar a un ciudadano desamparado para que el contrato de su hermano no se le dañara.

Pero vengan, yo puedo estar equivocado y Picón sí se dio la pela haciendo su trabajo. Pero ¿cerraron el bar? no ¿se cumplió la ley? no ¿se sanciono a la empresa de seguridad? no ¿alguien pago por un claro intento de homicidio? no ?¿Ernesto se sintió respaldado? no

Entonces una de dos; Rafael Picón se hizo el huevon o es un huevon.

¿Quién fue el responsable?

Los de la CERVE: Roberto Acuña, Camilo Rodríguez, Juan Diego Padilla, Betico Uribe, David amado, Brandon Leiva (entre otros parroquianos) dicen que no, que nada tienen que ver y que prácticamente los de la empresa de seguridad en puro acto de altruismo decidieron intentar matar a alguien. ¿Entonces qué paso con la empresa se seguridad? Pues ¿qué se puede esperar de una empresa de seguridad (Staff Pro) que tiene la misma estructura que la de un niño en Divercity? La mayoría de los empleados de Staff Pro son extranjeros sin papeles, sin permiso para trabajar, sin capacitación, sin contrato, sin prestaciones y sin garantías la laborales.

Lo surrealista es que las autoridades se tiran con toda con las personas que venden Frunas en la calle pero a estos manes les dejan operar como dejan operar a Sarmiento Angulo. Una de las personas que casi mata a Ernesto no estaba documentada por la empresa, no se le pudo hacer nada jurídicamente ¿esas son las garantías que ofrece Staff Pro a sus usuarios? ¿Dónde está la sanción? ¿dónde está la super intendencia? me imagino que ocupada jodiendo a gente que vende replicas triple AA de los Yeezys o a la típica miscelánea.

El dueño de esta vaina, Oscar Eduardo Calderon (ni si quiera se puede llamar empresa) es tan descarado que no le dio ninguna relevancia a lo que le sucedió a Ernesto, lo que si hizo fue burlarse en la cara de Ernesto y todos sus familiares.

Se ideo toda un a campaña publicitaria junto a los socios del local para justificar lo que le hicieron a Ernesto. Primero argumentaron que Ernesto estaba muy borracho, ocasionando problemas que atentaban contra la integridad de los demás asistentes. Lo curioso de esto es que los videos de las cámaras de seguridad de esa noche se puede claramente evidenciar que Ernesto no tenia nada que ver con los del problema.

Pude haber con Ernesto luego y me comento que se tomo solo un par de tragos, pero nada para estar borracho. ¡Aun dicho esto, es una discoteca! obviamente allá se toma licor, eso y nada justifica lo que le hicieron. Les juro por la biblia de Alejandro Ordoñez que a Betico y sus amigos los vamos a ver pronto rogándole a Carlos Cardenas que les dejen vender trago ¿pero no que es peligroso Betico?

Argumentaron que el protocolo es el mismo que implementa la policía, y yo ellos si les acepto esta excusa; pues estos mismos protocolos policiales son conocidos por ser un completo abuso de autoridad y violar de derechos humanos, protocolos que estas semanas les ha cobrado la vida a mas de 13 colombianos.

Los medios tradicionales como Canal Tro (canal público) le dieron fue el espacio al hermano del personero para que de una u otra manera le lavara las manos a los de la CERVE y tirara indirectas que fue culpa de Ernesto y que gracias a el los estaban amenazando.

Ya con este plan en marcha le faltaba les faltaba poco para coronar, lograr su cometido con total impunidad, y la sociedad se olvidara de lo sucedido. Se inventaron campañas como «Siempre Cerve nunca Incerve» la cual lejos de funcionar daban pena ajena, yo creo que ni Dago Garcia se inventaría una campaña tan patética, pero luego de un tiempo dieron en el clavo que era.

Trajeron a la farándula chichipata, que a pesar de ser chicipata muchos bumangueses tienen cierta actitud de lamboneria hacia ellos, como sí un par de BOTS quitara lo arribista.

Estos personajes comenzaron a frecuentar la CERVE, a subir historias, patrocinar eventos, promocionar tragos 2×1, invitar amigos, y atacar a Ernesto tratándolo de borracho, y problemático. Se encargaron de hacer que la CERVE volviera a estar en la moda bumanguesa, ya a cuatro meses de lo sucedido ese lugar parecía una reunión del Centro Democratico; lleno, pero de hampones y arribistas.

El aparato judicial colombiano no fallo justicia, pero a diferencia de la mayoría de los casos donde la injusticia abunda, esta vez se podía hacer algo, esta vez dependia de la ciudadania darles a los de la CERVE su merecido ¿cómo? fácil, dejando de ir. Pero al parecer una gran parte de los bumangueses como lambones se fueron de fiesta de impunidad.

Personalmente soy amigo de algunos influencers bumangueses que han salido adelante a punta de creatividad; se han equivocado tanto como han acertado; otros viven de esa forma políticamente incorrecta que es de admirar, se el trabajo que eso conlleva y estoy consiente que muchas veces no es tan fácil como parece.

Pero eso no quita que la gran mayoría sean una partida de hijueputas;

Acá se puede dar el mismo argumento de no generalización «ay no generalices, algunos son buenos por que se dignan a saludarme o a tomarse una foto conmigo» bueno, es entendible; la generalización en ciertos contextos tiende a ser injusta, Pero si usted es de estos «influencers buenos» y ve injusticias, burlas, y impunidad y no dice nada; usted es complice. «Callarse es estar del lado del opresor»

Estos personajes pueden justificar estas acciones con cosas como «es mi trabajo» «me estaba pagando» pero entonces

¿en qué se diferencian de un matón? ¿todo vale siempre y cuando me sirva para ganar plata?

Basados en esta logica, a esta gente la da igual sé si burlan de alguien que casi perdió la vida, si no se hace justicia o si se asesina indiscriminadamente. Lo importante es que los vean dándoselas de Gretta Thumberg o Francisco Vera en Instagram para dárselas de sibaritos.

Ninguna de estas personas va a sacar un video denunciando y afirmando que lo que le pasó a Ernesto es detestable y merece todo el reproche de la sociedad bumanguesa . No van a salir a llamar a los de la CERVE y a los de Staff Pro como lo que son: Unos pirobos inhumanos. Eso no da tantos me gustas como sacar videos hipócritas sobre la violencia nacional. Este mismo silencio veremos de estos personajes con la causas que no son lo suficientemente mediaticas, con las causas que generan un debate local, de eso nunca veremos

Tuve la oportunidad de conocer a Ernesto, no es por lambonearlo pero realmente es una persona muy fuerte; Al ver que un incidente del cual el no tuvo nada que ver le cambio la vida de una forma radical, el solo quiere que no exista impunidad, que le respondan; que los de Staff Pro y Roberto Acuña, Camilo Rodríguez, Juan Diego Padilla, Betico Uribe, David amado, Brandon Leiva; no se sigan burlando de él; o lo continúen amenazando a lo típico paramilitar.

Pudo haber sido cualquiera, y quien sabe que tal que sea usted mañana ¿va a decir «Siempre Cerve nunca incerve?

Cuando te duele la patria

Despiertas un día cualquiera del 2020 predispuesto al caos, te sientes medianamente bien con tu existencia y en apariencia todo marcha de forma natural, los vecinos despertaron hace mucho y escuchas que quizás hay más ruido en el ambiente de lo habitual, ¿muchas personas hablando a la vez?

Quizás… Piensas que muy posiblemente andas paranoico y para distraer tu mente de dichas disertaciones revisas por primera vez tu móvil, es tarde, pero qué más da, el tiempo en pandemia transcurre distinto, de repente abres la siempre caótica sección de noticias nacionales, las lees por rutina, las lees solo para tener el primer enojo del día, eres colombiano, disfrutas ese primer ¡arrecheron!

Igual… Qué más da, estas predispuesto a todo, sabes que el caos es tu cotidianeidad y nada puede perturbarte más de lo suficiente, te preguntas que sucederá hoy en el país de la eterna distopía ¿quizás una reforma laboral que jamás te permitirá acceder a la pensión? ¿será una nueva licitación fraudulenta y acomodada? ¿hay una nueva jugadita de Uribe? O en cambio ¿un nuevo préstamo del Estado a una multinacional extranjera? Te preguntas con que te indignaras hoy, y entonces sientes nervios, pues cualquier titular podría desencadenar tu primera indignación matutina, pero lo que no sabes es que quizás no estabas lo suficientemente predispuesto al caos, lo que lees en primera plana te desborda, te derrumba, lees una y otra vez el titular mientras no sabes cómo reaccionar ante las palabras que superan tu razón: “murió tras procedimiento policial”.

Te preguntas como es eso posible, que clase de procedimiento policial hace que uno se muera, ¿acaso dicho procedimiento estará en los estatutos de esa institución y no lo sabias?

Lo piensas una y otra vez, no eres tonto, es imposible que algo así sea plausible, no tiene sentido que la policía un organismo de protección civil pueda matarte aplicando alguno de sus procedimientos y entonces sabes que has llegado a una certeza, una certeza irrefutable, no murió tras procedimiento policial, sabes que Javier Ordoñez fue brutalmente asesinado por la policía. 

Ahora solo buscas que los medios de difusión masiva confirmen tu hipótesis, no se necesita una inteligencia desbordada para llegar a ella, pero entonces… Nada. En las noticias perpetúan la misma premisa de encubrimiento en donde no se admite abiertamente la responsabilidad de ningún policía, ni se usan los vocablos idóneos para referir la situación; reproducen el video una y otra vez, oyes las palabras “por favor, por favor, ya, ya por favor”, mientras piensas que en su situación no serias tan educado,  fantaseas con todos los improperios que les proferirías, mientras sientes como en carne propia cada una de las descargas, te das cuenta que te duelen, sientes como con cada disparo del taser se te eriza la piel, te percatas entonces de que te duele la patria, y te duele justo en el alma.  

Estas más que indignado, pues en ningún momento la palabra asesinato fue siquiera contemplada como la idónea, en cambio la que si se usa es “presunto”, sabes que en Colombia el presunto aplica a todo contexto y comprendes ahora que de los medios masivos ya no obtendrás la verdad ni siquiera su asomo. 

Es otro día más en Locombia, aunque este se siente especialmente gris, hoy no serás el mismo, pues las palabras de Javier Ordoñez se reproducen una y otra vez en tu cabeza, no tienes hambre… Sales a la calle como para tantear la situación y entonces vez la ciudad llena de policía, sientes miedo, te sientes especialmente vulnerable.

Pasa una patrulla y corriendo con el corazón a mil te cambias de acera, ahora lo confirmas, le temes a la policía, le temes más que al COVID,

descubres además que también los odias, les quieres gritar ¡asesinos! Les quieres materializar tu enojo, pero luego recuerdas que ellos mataron a un ciudadano como tú sin contemplación, no quieres morir, no hoy. Vuelves a casa, publicas tu indignación por redes sociales como placebo y como terapia, pero aun te sientes impotente, sigues enfermo… Te duele la patria.