¡Liquídenlo!

Hace más de 15 años empezó a gestarse un monstruo que supuestamente transportaría a la gente en el área metropolitana de Bucaramanga, hace más de 10 lo inauguraban incompleto para mostrar resultados y hace 8 arrancaron con la fase 2. Hoy, tenemos un transporte que en el papel es BRT, pero en la realidad actúa como convencional, sin carril exclusivo, paradas de plataforma alta y puntos de recaudo unificado.

Solo quienes hemos montado en Metrolínea sabemos el suplicio que significa. 

La falta de cobertura a la totalidad de los barrios, el déficit de buses, las largas frecuencias entre rutas, el pésimo estado de los buses, que parecen pocillo de loco, el portal abandonado en Girón e ir como sardinas enlatadas son solo unos de los pocos problemas que representa este BRT (Bus Rapid Transit, por sus siglas en inglés) que de rápido no tiene nada. Esto llevó a que en 2019 el uso de este medio de transporte fuera de 13% y el nivel de satisfacción de 48%, problema que se agravó con la pandemia, ya que se pasó de más de 100.000 validaciones por día a casi 27.000.

La mala planeación, la mala administración del sistema y la desatención de los alcaldes al problema del transporte informal han logrado que el sistema sea insostenible financieramente: más de 30mil millones de deuda en catorcenas atrasadas y 1.900 millones de déficit en el sistema mensuales.

Los más perjudicados como siempre son los ciudadanos de a pie, no solo los usuarios del sistema, quienes recibimos el pésimo servicio, sino también los trabajadores. 

Quienes laboran para el operador Movilizamos S.A denuncian que se les adeuda 1 quincena y media prima, no se les entrega dotación para el trabajo, deben doblarse en turnos para suplir la falta de operarios y que gracias a los contratos laborales a 15 días no tienen estabilidad laboral, pudiéndose quedar sin trabajo sin previo aviso.

¿Hasta cuándo este monstruo seguirá en Bucaramanga como si nada? ¿estamos condenados a tener gerentes incompetentes que “solucionen” con paños de agua tibia, como apagando incendios? ¿la alcaldía seguirá arriesgándose a entrar en peculado, por asumir responsabilidades que no le corresponden?

Porque recuerdo que la cláusula 19 del contrato señala que los riesgos de la ejecución corren por cuenta del concesionario, que el estado no garantizará la utilidad del contrato, que, como todos, tiene riesgos. i siquiera en estado de excepcionalidad ninguna alcaldía puede asumir deudas pasadas ni los déficits que puedan presentarse. 

Insisto, el primer acto de corrupción está en el nombramiento, si todos los alcaldes se empeñan en seguir nombrando gente incompetente para gerenciar el SITM del área metropolitana estaremos condenados al fracaso. Es necesario que llegue un buen administrador que pruebe si es capaz de sacar el sistema a flote, o si, por el contrario, se demuestra que es insostenible (algo que salta a la vista, que obviamente va a demostrarse), contemple la liquidación, sin miedo y siempre buscando beneficiar a los bumangueses.

Es necesario liquidar el sistema y tener la oportunidad de crear uno nuevo que nos permita a los bumangueses volver a soñar, porque, así como está, Metrolínea no es viable.

Donde empieza la revolución

En el 2014, cuando estaba en grado once, durante la alcaldía de Petro se finalizó la reconstrucción de mi colegio que llevaba ocho años sin usar por desgaste y unas grietas graves producto del sismo del 2008. Hecha de afán, como casi toda construcción colombiana, el agua falló por los primeros meses del año. Ya se podrán imaginar los baños sin agua usados por cientos de estudiantes. Nuestros directores, mediocres profesionales, pusieron baldes grandes de agua en el patio para que allí nos lavaramos las manos docenas de personas y nos restringieron el uso de los baños en toda hora que no fuera descanso. ¿Higiene? ¿Qué es eso? No ve que esto es un colegio público, aquí no hay de eso. 

Un día, cansados de los baños inmundos y la falta de respuestas de los rectores, una amiga y yo decidimos sentarnos en la mitad del patio, esperando a que nuestros compañeros se nos unieran, no íbamos a entrar a clases hasta que alguien nos respondiera por el bendito agua. Rápidamente nuestros compañeros de clase se sentaron junto a nosotras y con ellos, la mayoría del colegio. 

La campana que dictaba el final del descanso sonó y nosotros nos mantuvimos firmes, sentados en el patio, gritando, algunos hasta hicieron carteles improvisados con hojas de cuaderno expresando que necesitábamos un requisito mínimo vital. Agua. El profesor de matemáticas nos amenazó con que iba a entrar al salón y el que no estuviera ahí tenía cero en la próxima calificación… no nos importó ni sus gritos ni su ira, nosotros éramos más, estábamos unidos y no teníamos miedo.

Finalmente, tras varias horas de plantón, la rectora y el coordinador tuvieron que ceder, salieron a negociar con nosotros y un par de días después teníamos agua. 

Casi había olvidado este hecho cuando hace unas semanas me encontré en Mubi una película Brasileña que se llama ESPERO TU (RE)VUELTA. Una producción fresca y jovial donde se retrata la evolución de la protesta social en Brasil hasta la llegada de Bolsonaro al poder. Lo que más me impactó de esta película fue lo que pasó cuando intentaron privatizar las escuelas públicas

Jóvenes, menores de edad, estudiantes de bachillerato se organizaron y se tomaron las escuelas. No estuvieron una tarde o un par de noches, prácticamente se mudaron a los colegios en acto de protesta por días, y a falta de la presencia de profesores decidieron crear sus propias clases donde se incluía música, baile, autoestima y empoderamiento afro, feminismo, entre otras. La organización llegó a tal punto en que lograron crear grupos para cocinar y formas sistematizadas de repartirse la comida, hacían aseo a las instalaciones y armaban camas donde dormir. Lo que empezó en una escuela se extendió rápidamente a cientos de escuelas alrededor de todo Brasil… Al final no se logró la privatización de la educación pública.

Por supuesto, muchos de estos jóvenes se vieron obligados a tener encuentros violentos con la policía, muchos de ellos vivieron experiencias traumáticas, sufrían ataques de ansiedad o paranoia por culpa de la violencia ejercida sobre ellos. La película la crearon estos mismos estudiantes, y contrario a lo que uno pensaría, es una producción altamente profesional y original, no les bastó con tomarse las escuelas si no que también grabaron y explicaron todo el proceso de la revolución.  

En esos días se me ocurrió escribir sobre la importancia de que los jóvenes de bachillerato aprendan a exigir sus derechos. El colegio es un simulacro de la experiencia ciudadana. Es un ambiente controlado donde hay deberes y derechos, donde se tiene que convivir con diferentes entes de poder y donde hay reglas. De hecho, es en el colegio donde experimentamos por primera vez el ejercicio de la democracia, a comienzo de año se vota por el monitor, representante de curso, contralor y personero. Yo me lancé para personera en once, tristemente lo vi como una oportunidad para faltar más a clases y ser más popular. Realmente quería incluir clases de educación sexual de calidad, incluir visitas a los humedales, y tener espacios de recreación, pero sabía que con los directores que tenía, toda esa democracia era una farsa y una pérdida de tiempo. No fue del todo así, mi compañero Juan Carlos y yo logramos incluir visitas periódicas a diferentes humedales y generar concientización de estos espacios, pero no más. Creo que tardé mucho tiempo en comprender el poder que tenía en mis manos y que por la falta de información, no pude usar mejor. Ahora, tantos años después pienso que tal vez si se me hubiera enseñado la importancia de conocer mis deberes y derechos me hubiera organizado a mi y a mis compañeros para obtener mejores resultados en nuestra experiencia educativa. Y es que ese es el problema, en el colegio no nos enseñan acerca de la protesta, no nos enseñan a exigir nuestros derechos, ni nos incluyen en la toma de decisiones, es un ambiente represivo, cuadriculado, abusivo, no se nos invita a preguntar ni a pensar más allá, ni a debatir y menos a no estar de acuerdo. 

Salimos al mundo real sin saber la verdadera historia de nuestro país, sin saber el contexto político en el que estamos, no sabemos cómo se organiza el gobierno, no sabemos nada. Y le cogemos pereza a la democracia, a la política, a la historia, y cuando vemos el resultado de toda esta falta de información y alienación que vivimos en los colegios ya es tarde, y ya estamos siendo gobernados por una dictadura disfrazada. Y nos suben el precio del bus y no decimos nada, y no podemos entrar a la universidad y no decimos nada, y no conseguimos trabajo, y la gente se muere de hambre, y hay más feminicidios, masacres y violencia, y nosotros, callados. Nos masajean el cerebro para que estemos conformes y cómodos, que no nos preguntemos demasiado acerca de nada, que se nos olviden rápido las cagadas y las muertes.

¿Pero y qué pasa si un diente de este engranaje se rompe? ¿Qué pasa si los padres dejan de castigar a los hijos por protestar? ¿Qué pasa si alentamos a nuestros adolescentes a preguntar, a debatir, a investigar?. ¿Qué pasa si los profesores se vuelven más receptivos a la individualidad de cada estudiante? ¿Qué pasa si se le enseña al bachiller a ejercer la democracia y a empoderarse de sus derechos? ¿Qué pasa si la historia se cuenta diferente? 

El sistema educativo está manchado por la mermelada corrupta de nuestro gobierno, yo tenía profesores con dos pensiones que seguían trabajando, viejos que leían el mismo libro de hace cien años y tenían los métodos educativos de hace décadas. Tenía profesores de danza dando clases de informática o profes de español dando clases de educación física. Estudié en colegios que se inundaban cuando llovía y otros donde había plaga de ratas…

claro que es comprensible que a un profesor que le pagan mal, que tiene una EPS de mierda, y que trabaja en instalaciones deplorables no quiera hacer su trabajo al cien por ciento, pero es que precisamente esos problemas son causados por el mismo círculo vicioso de tirar ciudadanos jóvenes a la calle con pereza de conocer las problemáticas de su país y alzar la voz contra ellas. 

No solo tenemos una policía corrupta y un escuadrón antidisturbios violento, machista, y asesino que mata y mutila a nuestros jóvenes (que en paz descanse Dylan cruz) si no que también tenemos un sistema de educación que les está matando a los niños las ganas de ejercer la ciudadanía y la democracia. 

Cierto es que nos quieren ignorantes y manipulables y encima nos ponen a pelear entre nosotros, como animalitos. Porque divide y … reinarás, dice el dicho.

Finalmente me animé a escribir este texto por lo ocurrido el pasado 26 de octubre en Chile donde el pueblo votó SÍ a reformar la constitución hecha bajo el mandato del dictador Pinochet y que esta nueva constitución sea redactada por una asamblea plenamente elegida y avalada por el pueblo en un segundo plebiscito. Recordemos que hace un año Chile explotó en protestas masivas que se hicieron virales por todo el mundo, protestas que curiosamente empezaron porque un grupo de mujeres, estudiantes de bachillerato, se organizaron para exigir que no se le subiera el precio al pasaje del transporte público, este acto creció como una bola de nieve, y un año después, un país logra crear su propia constitución.

Es cierto que el futuro está en los jóvenes, pero qué futuro nos espera como jóvenes en un país donde el desempleo crece cada día, donde muchos no tienen las habilidades para pasar a universidades públicas (resultado de una educación mediocre y despersonalizada) y tampoco tienen el dinero para universidades privadas, un país donde mucha gente pobre y perteneciente a minorías ni siquiera puede terminar el bachillerato. ¿Qué futuro nos espera en un país donde un policía asesina a un joven de 15 años por pintar paredes, o a uno de 18 por protestar, o viola muchachas en cais y patrullas de policía?. ¿Que nos espera en un país que se vende a los extranjeros con leyes medioambientales laxas y mediocres. ¿Que nos espera si seguimos tan dormidos?.

Nos espera una dictadura violenta, una dictadura que se cuece a fuego lento, así como quien no quiere la cosa. Nos espera un país lleno de muertos, un país sin agua, sin territorios indígenas, un país dividido y egoísta. 

Joven, en ti está el poder, alza la voz y no tengas miedo. Con organización y juntanza se logran cambios tangibles, la violencia espera afuera e inunda las calles de rojo, ármate de arte, de letras, de pancartas, de pintura, escribe, debate, edúcate, infórmate, y sal a la calle, ahí estamos todos construyendo la revolución y te necesitamos a ti. 

Dedicado al estudiante por Ángeles Yepes

La historia que falta en el caso Uribe: Pardo Hasche

Los hermanos Pardo Hasche son el punto que conectan la red de poder y muchos amigos en común que explican cómo ha callado la relación entre narcotráfico, políticos y empresarios, y explica todos los lazos ocultos desarrollados por Daniel Coronell.

La investigación que tiene privado de la libertad al ex senador Álvaro Uribe Vélez, tiene una historia paralela que explica la manera en que Enrique Pardo Hasche, compañero de celda de Guillermo Monsalve –testigo clave en el caso contra Uribe–, intentó servirse de sus amigos para favorecerse judicialmente. Y como sin pagar honorarios, recibe la asistencia de uno de los penalistas más reconocidos del país. 

El 17 de mayo de 2018, el periodista Daniel Coronell publicó una columna titulada “El que la hace, la paga”, en la que contó los movimientos de los abogados del hoy ex senador para convencer al testigo Juan Guillermo Monsalve de cambiar su versión, en la que vincula a los hermanos Álvaro y Santiago Uribe de conformar el bloque metro de las autodefensas.

La parte de la historia que termina conectando todo es la visita de Jaime Lombana Villalba, también abogado de Álvaro Uribe Vélez, al mismo pabellón de la Picota el mismo día en que el abogado Diego Cadena visitaba al testigo que presuntamente intentaban comprar, al ser preguntado por el periodista por la coincidencia afirmó que “(…) iba exclusivamente en una tarea familiar y humanitaria”.

Al continuar en su explicación, Lombana le dijo a Coronell que su visita a la cárcel fue “(…) por iniciativa de su suegra, doña María Mercedes Williamson Puyana, fue a ver el pariente de ella Enrique Pardo Hasche para ayudarle un recurso jurídico. Lombana admite que Pardo Hasche sí le mencionó a Monsalve pero que él inmediatamente replicó “No quiero saber nada”.

Hasta acá parece que la versión de Lombana coincide y tiene sentido, aunque en realidad con un poco de contexto parece empezar a hundirse en una vieja raíz. El señor Enrique Pardo Hasche y su hermano Mauricio fueron condenados por la Corte Suprema de Justicia por el homicidio del empresario Eduardo Puyana Rodríguez en 1992, más de 20 años después la señora María Mercedes Williamson Puyana, manda al esposo de su hija a proveer de un recurso judicial a una persona condenada judicialmente por asesinar a un familiar suyo.

Aunque la versión ya empieza a parecer inverosímil, es la historia misma del secuestro y posterior asesinato del señor Eduardo Puyana Rodríguez la parte que termina atando cabos y juntando la historia. La Corte Suprema de Justicia encontró probado que el secuestro del señor Puyana se debía a un ajuste de cuentas entre los Pardo Hasche y los Puyana Bickenbach, por la pérdida de un millón de dólares que adeudaba el señor David Puyana Bickenbach –cuñado de Andrés Pastrana– de presuntos ejercicios de lavado de activos del narcotráfico provenientes de Nueva York.

Lo interesante del ejercicio es que fue el mismo David Puyana Bickenbach, el que denunció a los hermanos Pardo Hasche por las agresiones físicas y verbales sufridas en el Country Club de Bogotá. Ambas familias eran cercanas, tenían acceso a importantes negocios y a una red de contactos con poder. Todo comienza a tener más sentido cuando se entiende que David Puyana Bickenbach es hermano de Norah Puyana de Pastrana, cuyo nombre de soltera es Nora Puyana Bickenbach.

El asunto que empieza a conectar aún más sujetos en estas puntas que le hacen falta a la historia, es un video grabado desde su sitio de reclusión por el señor Mauricio Pardo Hasche, prófugo de la justicia. En el que señala a David Puyana Bickenbach de ser el intermediario en procesos de negociación de dólares del narcotráfico, y es que el asunto que no se puede desconocer es que los Pardo Hasche más que criminales natos, eran hijos de un afamado corredor de bolsa, el señor Fernando Pardo Maldonado, así que su conexión personal y social era pública.

Para finales de la década de los ochenta, en Colombia el ingreso de grandes volúmenes de divisas del narcotráfico no solo alimentó la economía nacional, también finació campañas presidenciales y sirvierón de base para crear verdaderos imperios económicos. Sin embargo, solo un puñado de colombianos tenían la infraestructura necesaria para realizar grandes operaciones en moneda extranjera, allí es donde encajan los perfiles de Pardo Hasche y de Mauricio Puyana Bickenbach en este tipo de actividades criminales, sin que hasta la fecha se conozca de alguna condena judicial que así lo pruebe.

En el video grabado por el señor Mauricio Pardo se logran establecer algunas conexiones más, y es que en su narración señala a Luis Alberto Moreno, su primo, de haber servido de puente para contactar a Andrés Pastrana Arango, esposo de Nora Puyana, y cuñado de David Puyana, para realizar transacciones de dólares provenientes de Nueva York.

Aunque en un inicio capturaron a los hermanos Pardo Hasche posteriormente fueron liberados y huyeron a Estados Unidos, donde finalmente habían sido capturados en el Estado de Florida el 24 de octubre de 2000, y extraditados a Colombia en el año 2006. Para el momento de su captura, quien era presidente de Colombia, era un viejo conocido de los hermanos Pardo: Andrés Pastrana Arango y su embajador en Estados Unidos su amigo Luis Alberto Moreno.

De hecho, los hermanos Pardo Hasche intentaron contar su versión pero no fueron oídos. Todo el poder del gobierno nacional fue ejercido para lograr su captura y deportación a Colombia, y en su momento Pastrana intentó acallar los rumores con un comunicado de prensa

Llegando a un punto más complejo, Enrique Pardo Hasche, años más tarde, sería asistido en una labor humanitaria por el abogado Jaime Lombana, casado con la hija de la señora María Mercedes Williamson Puyana, quien le pidió presuntamente el favor de asistir legalmente a uno de los dos condenados por el secuestro y posterior asesinato de su familiar, el señor Eduardo Puyana Rodríguez, que por coincidencias de la vida, y porque más vale la casualidad que el consejo, resultó compañero de celda del testigo clave por el caso Guacharacas, y que hoy día tiene a Uribe tras las rejas.

Al final de la historia, David Puyana Bickenbach terminó escondido en el último rincón del mundo. Es el Cónsul Honorario de Colombia ante la República Democrática Socialista de Sri Lanka, decisión ratificada el 20 de julio de 2019 por el entonces canciller Carlos Holmes Trujillo. Los vínculos de Pastrana y de la familia Puyana Bickenbach con el narcotráfico no fueron establecidos judicialmente hasta la fecha.

Con esta relación se puede explicar cómo Cadena y Lombana terminan visitando dos presos el mismo día, ambos abogados de Uribe. Y ambos casos en últimas terminan conectados por la inducción de un preso al otro, en favor del caso del ex-Senador presuntamente, mientras todo el poder público en Colombia intenta seguir cubriendo de impunidad al hoy preso ex senador y ex presidente Alvaro Uribe Vélez. 

RESUMEN DE LA MINGA EN BOGOTÁ

El 18 de Octubre llega La Minga a Bogotá. Después de una calurosa y merecida bienvenida, La Minga organiza una movilización el lunes 19 de octubre que sale desde el Palacio de los deportes (lugar donde se están hospedando) hasta la Plaza de Bolívar, movilización a la cual decido ir sola pues la Alcaldesa Claudia López asegura que no habrá ESMAD ya que no es necesaria su presencia tomando en cuenta que la Minga tiene su propio cuerpo de defensa y que vienen en son de paz.(Claramente no me iría sola a ninguna movilización donde haya presencia del ESMAD pues una nunca sabe si va a terminar violada, sin un ojo o desaparecida)

Ya instalados en la Plaza de Bolívar, la Minga ejecuta una demanda contra el actual presidente Ivan Duque (representando su ausencia con una silla vacía en la mitad del escenario) por ser cómplice de la barbarie que estas minorías están viviendo en sus lugares de origen.

Bajo su mandato, los asesinatos a líderes y lideresas sociales solo han ido en aumento, la muerte y masacre de indígenas, campesinos, campesinas y personas afro se ha vuelto el pan de cada día. Y la naturaleza, ente sagrado para estas comunidades, está siendo vendida y explotada gracias a leyes medioambientales laxas y para colmo, expropiada por  grupos al margen de la ley. Estos son solo algunos de los puntos que tocan los y las representantes de la Minga, también se habló del fracking, de los feminicidios, de la estigmatización al cultivo ilícito y del mal manejo de recursos durante la pandemia por el covid 19. Además demandaron la invisibilización de sus derechos, el incumplimiento de los acuerdos de paz propuestos en la Habana y los intentos por frenar y satanizar la protesta social pacífica.

Después del discurso de varios representantes exponiendo los anteriores puntos se convoca la presencia al escenario de líderes y lideresas espirituales y naturales de diferentes tribus y colectivos para hacerle un juicio (bajo las normas de su cultura y sus costumbres) al presidente Ivan Duque. Suben al escenario docenas de hombres y mujeres y después de una breve introducción comienza una procesión con música y baile sin censura alguna al consumo de coca, chicha, tabaco, marihuana y otras sustancias autóctonas de estas comunidades.

De principio a fin la movilización fue pacífica, miembros de la guardia indigena estuvieron alrededor de toda la plaza atentos a frenar cualquier intento de violencia, y tratando de desenmascarar a los supuestos infiltrados. El evento cerró con una exposición puntual de los temas que quieren tratar con el Presidente Ivan Duque.

20 DE OCTUBRE DEL 2020 

El presidente Ivan Duque desplanta a 8000 indígenas, campesinos, y afros que viajaron casi 600 kilometros desde el Cauca, Nariño, Putumayo y alrededores, con pocos recursos y arriesgando su salud,  buscando hablar con él, no con sus ministros ni representantes, si no con él y lo que hace el presidente es mandar un comisionado de paz al Cauca, ¿Por qué al Cauca cuando los representantes de la Minga están aquí, en su patio?.

¿Por qué dilatar tanto una reunión de extrema urgencia para estas comunidades obligándolas a atravesar medio país con los pocos recursos que tienen porque el presidente, que cuenta con aviones y helicópteros, no es capaz de asistir a las reuniones propuestas por La Minga en Cali y otras sedes?

Estos actos evasivos y descarados obvian el hecho de que a Ivan Duque no le importa la violencia vivida en las periferias del país, estas acciones me hacen pensar que para el gobierno las minorías son ciudadanos de segunda clase que tiene que soportar todo tipo de vejaciones en el olvido absoluto de un gobierno ciego sordo mudo. 

21 OCTUBRE DEL 2020

Después de un  fuerte aguacero los campamentos de la Minga se ven gravemente afectados. Por redes sociales y otros medios se hacen recaudaciones de comida, frazadas, ropa y comida. La Minga no tiene más opción que devolverse a su tierra sin poder cumplir con su cometido. Parten en la mañana, no sin antes mostrar su apoyo a los marchantes que se preparan para el paro.

Ojalá el gobierno entienda que las marchas van a seguir sucediendo, y que, en efecto, son un riesgo sanitario muy alto, pero este riesgo se podría prevenir, no erradicando la protesta social de forma violenta (como se hace siempre), si no sentándose a hablar con el pueblo, con La Minga, con  los colectivos y asociaciones de trabajadores, estudiantes y mujeres, escuchando sus reclamos, sus demandas y sus problemas. 

Personalmente se me entibia el corazón al pensar en una Colombia tan diversa.

En la movilización del 19 de octubre se veían hombres y mujeres de todas las razas, madres con niños en brazos, niños y niñas tomando limonada, adolescentes uniformados, ancianos y ancianas tocando la tambora, guardias indígenas mujeres. Durante los discursos se usó el lenguaje inclusivo todo el tiempo, y se resaltó la inclusión y participación activa de personas pertenecientes a la comunidad LGBTIQ. Creo que la Minga entendió algo que nos hace falta entender a los citadinos privilegiados y tibios que no nos toca la violencia tan de primera mano, y es que cuando el enemigo es tan grande y voraz como lo es la guerra y el abandono y monopolización del estado, tenemos que unirnos a pesar de nuestras diferencias, tenemos que dejar de ver al otro como un conjunto aparte de pensamientos, religiones y creencias y empezar a verlo como un aliado. Hay una obsesión por dividir al pueblo entre izquierda y derecha, entre Uribe y Petro, entre rico y pobre, entre ateo y catolico, esta lucha que ha venido cocinandose desde el 21 de noviembre de 2019, y desde antes (pues el país ha estado sumergido en la violencia por décadas) llegará a algo cuando dejemos de estigmatizar a nuestros compañeros y nos unamos a ellos en una sola voz.

Creo que La Minga es un ejemplo valiosísimo de lucha, no todos estamos dispuestos a atravesarnos medio país, en medio de una crisis sanitaria, para exigir ser escuchados, esto es un acto admirable, pero también preocupante pues significa que la cosa está tan grave que no hay tiempo para esperar a que todo mejore. Es ahora o nunca porque nos están matando. 

Breve resumen de la movilización de la Minga por Ángeles Yepes.

No soy yo, eres tú

Ilustración por Ꮇ Ꭺ Ғ Ꭼ Ꭱ Ⴎ Ꭼ Ꭰ Ꭺ

Con la premisa de que “los hombres son hombres” se suele justificar la actitud de muchos que acostumbran a piropear a las mujeres en la calle.

Un problema que no puede seguir llamándose generosidad, galantería o cortesía, sino acoso callejero. 

A todas nos ha tocado lidiar con silbidos, roces, miradas lascivas, persecuciones y hasta algún imbécil que se le dio por sacarse el pene para que lo miremos. ¡Como si una se sintiera realizada cuando un cualquiera le recita su poesía misógina!

Ninguna está en contra de la coquetería, pero esos hombres que se hacen en una esquina a gritarle a las mujeres cosas que van desde el “¡Que rico todo eso, mami!” “Adiós princesa” hasta “¿de qué cielo se cayó, angelito?”

No lo hacen porque están “buscando el amor” o porque sean “muy queridos” lo hacen porque le están diciendo al mundo que ellos son muy machos, controlan el lugar y por eso le van a decir lo que quieran a cualquier mujer que pase. 

De ahí que, el acoso callejero es una de las consecuencias de una cultura machista que busca asentar un dominio sobre la mujer, fundamentado en la discriminación y violencia de género.

Con las frases y gestos que lanzan, se nos sexualiza, y se posterga la idea de que las mujeres somos más valoradas por nuestra función sexual y nuestro físico. Así mismo, se nos infunde una sensación de vulnerabilidad y desconfianza sobre el uso del espacio público por el que transitamos. El acoso callejero infringe de manera repetitiva nuestros derechos, nuestra tranquilidad, seguridad e integridad.

Cuando en Colombia las mujeres caminamos en las calles y nos subimos en el transporte público no solo tenemos que lidiar con la delincuencia común, sino también con el acoso, las miradas, gritos y con el miedo a ser violadas que, con razón, desde niñas sentimos. Todo esto, hace que, para muchas, nuestra experiencia en el espacio público sea degradante.

Una se hace previsora y se arma con un sexto sentido que le permite pronosticar este tipo de conductas y lo desagradables que van a resultar. Pero eso no evita que acabe agachando la cara, y sintiendo vergüenza al ser blanco de este tipo de actitudes sexistas innecesarias. 

Otras veces, con temor y rabia, volteo y hago frente a los acosadores, que son defendidos por la complicidad de las demás personas que van pasando por la misma calle, y me miran de arriba abajo como si una cargara con la culpa.

Estos también son culpables, los que se atreven a justificar diciendo que la culpa es de la ropa, de la hora y del lugar, cuando incluso mujeres que se tapan todas y niñas desde muy pequeñas son víctimas de acoso, violación y feminicidio. ¡Dejen de culpar a la víctima! 

Si un man no es capaz de contenerse, el peligro para la sociedad es él, no mi vestido. 

El acoso callejero es el preámbulo de otras formas más graves de violencia sexual, por ende, ese deseo de ejercer un control definitivo sobre el cuerpo y la vida de las mujeres se traduce en ataques que pretenden dejar marcas psicológicas permanentes. 

Sin duda alguna, la necesidad de algunos hombres de “probar su masculinidad” sometiendo otros cuerpos, requiere debates de tipo legislativo en los que se busque que las denuncias no redunden en la revictimización de la mujer y, en el peor y la mayoría de los casos, en una impunidad total. Asimismo, como lo que queremos también es un cambio social, político y cultural, hablar sobre este tema sí sirve. Por eso, el trabajo de visibilización que hacen los activistas jóvenes y feministas en las diferentes regiones del país constituyen la primera y muy importante medida para prevenir el acoso callejero desde la sanción social: la conversación. 

No hay derecho a que crean que quiero o necesito para el desarrollo normal de mi vida o para ensanchar mi autoestima, escuchar lo que escupen por la boca a modo de piropos y acoso. A que tenga que cambiar de dirección o andén cuando veo a lo lejos un grupo de hombres en la calle por la que tengo que transitar. No hay derecho a que tenga que soportar sentirme invadida y amenazada en mi propio cuerpo.  Y no, no hay derecho a que la sociedad normalice lo que nosotras debemos padecer.

La máquina de escribir y el periodista

El periodista escribe. En general su labor se define frente a una máquina de coser, cosiendo textos, ligando oraciones y narrando hechos que tal vez todos conocen, pero la función de la perspectiva es lo que otorga poder al periodista, la capacidad de indagar desde distintos puntos de vista con la humildad suficiente de no obviar los detalles pequeños, considerando que quien se dedica a escribir como mínimo tiene la sensibilidad de recoger la mierda de su mascota en las mañanas y lavar los platos en la noche, en ese acto místico que es meditar en el trance sensorial producido por el chorro de agua que corre entre la loza.

Peter Charaudeau se cuestionó si los medios son entornos de manipulación; el concepto de “Configuración Lingüística” aparece como una herramienta de la ingeniería social a gran escala,

¿los medios deberían tomar partido?

O cómo pueden informar imparcialmente si no son capaces de generar contenido conclusivo y determinante para democratizar la información. No pretendo crear un manifiesto pero sí crear una pauta para quienes escribimos en este medio que desde hace unos días viene siendo atacado y calificado como una “canallada” de complicidad con el sicariato petrista

(Lo que más detesto de Gustavo Petro es como se ubica indiscriminadamente bajo un ala misérrima que es generalizar todo lo que sea izquierda como secuaz de su proyecto socialdemócrata, cuando en lo personal, tengo ideas más radicales que generarían pavor en los sectores más reformistas de la Colombia Humana)

sinónimo de que solo nos dedicamos al asalto mediático de elementos tradicionales de la política colombiana y eso nos dejaría en un punto insuficiente para la revisión política.

El análisis periodístico y la exposición de ciertos temas es un conflicto constante, un choque polémico (y necesario) de contradicciones. Un viajado inevitable de ansiedad que recorre el cuerpo en pleno proceso de escritura, la pura rabia de no sentirse suficientemente informado por no conocer en calidad la absurda cantidad de fuentes que hay para los diversos temas, especialmente cuando se trata de un fenómeno político, donde es tan fácil caer en la narrativa épica de Homero de héroes y villanos, crear situaciones límite y accidentes que llevan a la población al extremo y donde lo espectacular y lo poco cotidiano cobra fuerza como una consecuencia del no saber apreciar nuestra valiosa normalidad.

Esos son los vicios del periodismo manifestado obedientemente por el teclado juicioso de quien lo utiliza. Ahí, en la máquina de escribir se encuentra el enaltecimiento de lo que se narra; Francois Truffaut señaló que realmente no se puede hacer una película antibélica porque según el “presentar algo es ennoblecerlo” y genuinamente creo que esto se puede aplicar a casi cualquier medio. Desde que empezamos un artículo hasta que lo terminamos tenemos una idea de qué es lo que queremos mostrar, y de quienes son los responsables de lo que escribimos, por lo tanto inevitablemente tenemos la tendencia a manifestar nuestra inclinación ideológica al tiempo que realizamos las respectivas críticas o disertaciones.

Con todo y esto, es muy fácil compartir lo principal y aun así obnubilar todo en el momento en que el panorama personal entra en discusión, por ejemplo, uno de los temas principales en

estos últimos meses ha sido sobre la polémica policial y la necesidad mínima de reformar la fuerza cívica, siempre se hará necesario para mí compartir mi opinión personal en el asunto, el entorno privado también puede ser comprometido por esto, eso hace que las opiniones personales pierdan su carácter ilustre de indudabilidad, manifiéstese en el que yo piense que lo mejor es abolir una fuerza “criminal” al servicio de los intereses de una clase dirigente, no significa que no pueda ser discutido, argumentado o polemizado por otros. El negar la intención de convencer a los demás no disminuye la capacidad de influencia que tiene una idea “al aire” sobre los espectadores, es por esto que la “excepción” hecha por el participante no puede eximir la idea de su confrontación.

Algunos valientes o desocupados quizás, que llegados a este punto de la columna podrían estar pensando que de lo que hablo no es más que un simple ejercicio de dialéctica llevado a la práctica del medio periodístico, lo resuman más simplemente. Pero aun así existe poca confrontación dentro de un medio, pocas veces las columnas reciben atención por generar polémica las unas con las otras y por eso mismo se hace imperativo que este sea un comportamiento extendido a la práctica de todos los columnistas de Desigual, reconocer no solo el deber de publicar, sino entre todos ser críticos de lo que se publica con la debida sutileza que tiene por virtud la literatura, esto no con el fin de vanagloriarse o convertir al escritor en un periodista glorificado.

También es necesario entender desde qué entorno literario se está ejerciendo la crítica, por ejemplo, si quisiéramos juzgar la columna del “Pobre viejecito” sería un error pararse desde el periodismo para juzgar una obra literaria con una intención más bien paródica del estilo de Pombo, ciertamente es un artículo publicado en el medio, pero no por eso se hace “periodismo” en ella. Desigual tiene que tener una filosofía sin filtro y con libertad de palabra, donde lo publicado sea juzgado por quienes participan.

Si genuinamente se quiere tener un medio democrático, todos los corresponsales, columnistas, periodistas y escritores deben tener la libertad de mostrar su perspectiva amparada desde sus propias ideologías, esa es la tarea primordial de construir un debate constante y flagrante sobre los temas coyunturales. Para cubrir todos los sucesos en reciente actualidad deben ser aportados por aquellos que con el valor de la palabra están no solo dispuestos a construirlo sino también a destruirlo, porque de la confrontación puede salir la deconstrucción, lo que no implica necesariamente una destrucción dogmática de una ideología, como por ejemplo, en ocasiones figuras del fascismo moderno se han reinventado dentro de los esquemas de pensamiento neoliberal, con sus paradojas se ven amparadas dentro de estructuras más suaves y digeribles para nuevas generaciones.

En su libro “En el Filo de la Navaja” Yolanda Ruiz remarca que​

“​Los periodistas contamos lo que pasa hoy porque en nuestro oficio el ayer y el mañana no tienen mucho sentido, aunque deberían tenerlo más.”

porque es necesario que en el tiempo se revise el periodismo también como la discusión histórica de conciencias que se llevó a cabo en un tiempo y entorno determinado, reconociendo sus características y cualidades; aun así el periodismo no solo se lleva a cabo dentro del entorno político (que ironicamente cobra gran parte del tiempo en pantalla de este país) y también el deportivo (otro gran monopolizador del espacio periodístico y televisivo) sino que también en el de la tecnología, la literatura, la economía o el cine etc.

El periodismo tiene que ser un sinónimo de discusión. Compartir ideas, construirlas, reconstruirlas y destruirlas o deconstruirlas, así podría existir un verdadero desarrollo de un entorno creativo y no comercial, así se acaba con la idea de que la noticia debe necesariamente aportar, cuando también puede extirpar errores existentes en la controversia, esclarecer dudas y establecer contextos totalmente nuevos para el espectador.

Un suicidio olvidado

Bucaramanga, 1951

Extrañamente existe una concepción generalizada de que el suicidio es un problema reciente, que siempre ha estado ahí pero sólo empezó a cobrar especial relevancia hasta hace tan sólo unos años, o al menos eso piensa uno con el hecho de que cada vez que hay una noticia sobre un caso alguien se exprese con el típico comentario

“¿qué es lo que está pasando?” a menudo acompañado de la típica expresión “¡por Dios!”.

Cuando esto ocurre recuerdo al icónico personaje de Margarita de la novela Betty la Fea, que pareciese nunca darse por enterada de nada, aunque el ávido seguidor sabrá que ella usualmente sí sabe que es lo que pasa. 

Ignorando las razones psicológicas y/o sociológicas que motivan este tipo de reacciones, y el hecho de que en Colombia sobran más bien las razones para suicidarse, vale la pena preguntarse ¿por qué se tiene una concepción tan cercana en el tiempo sobre un asunto tan viejo como la muerte misma?

Yo creo que esto, en parte, se debe a que los suicidios ocurridos en el pasado rara vez se nos han presentado desde una óptica que nos permita comprender su dimensión ‘cotidiana’. Pocas veces se piensa en el suicidio de los pobres, aunque mucho se ha escrito sobre el suicidio de quienes no lo son. La mayoría de las veces los primeros son tratados como una cifra, los segundos, como una historia/tragedia que vale la pena conocer.

Esto no ocurre únicamente con el asunto del suicidio, es una crítica tan recurrente como vieja a las formas tradicionales de hacer historia.

Pues bien, para demostrar que la muerte de nosotros, los pobres, tienen tanto que aportarle al estudio de la sociedad humana como la muerte de los ricos y/o famosos, he decidido traerles un relato sobre alguien común y corriente, a quien seguro no conocía nadie más que su familia y amigos y sobre quien hoy podemos dar fe de su existencia gracias a la forma en la que terminó su vida:

El domingo 7 de octubre de 1951, Antonio Jaimes, un joven albañil de la ciudad de Bucaramanga se encontró con su amigo y compañero de trabajo Luis María Lamus, cerca del icónico Teatro Santander. Hasta ahora comenzaba la tarde y ambos muchachos hicieron lo que todo joven haría después de una larga semana de trabajo, tanto en esa época como ahora: ir a beber cerveza. La iniciativa fue de Antonio, quien invitó a su amigo al parque de los Niños, no muy lejos del Teatro. 

Ese día había un bazar y los dos aprovecharon no sólo para tomar cerveza sino también chicha, bebida muy popular en esa época en casi toda la zona andina colombiana. Las horas las pasaron conversando de sus vidas, de sus amigos y de las muchachas que conocían. Aunque Luis quería seguir bebiendo y se encontraba “de buen genio”, cuando ya se empezó a hacer de noche ambos tuvieron que irse, se habían quedado sin dinero.

A eso de las seis de la tarde, bajaron por la calle 33 hacia la casa de ambos que quedaba cerca del Cementerio Católico, y en una tiendita de esas que cierra tarde se tomaron las últimas cervezas y se fueron a comer. Esa fue la última vez que Antonio vio con vida a su amigo Luis María Lamus e irónicamente, fue también la primera vez que pasaron una tarde de juerga juntos.  

La vida de Lamus no era sencilla, el año anterior, en 1950, un carro lo atropelló y le rompió la pierna. La herida que sufrió no recibió un buen tratamiento. En el hospital al que lo llevaron de urgencias no lo atendieron durante las primeras 24 horas y su hermano tuvo que buscar un médico particular, que finalmente le practicó una operación de emergencia que le costó 600 pesos. Aunque Lamus conservó su pierna, permaneció lisiado hasta el fin de sus días y su hermano siguió pagando la cuenta de los tratamientos médicos incluso un año después.

Trabajaba como marmolero con su hermano y otros amigos, haciendo y poniendo lápidas para los cementerios del centro de Bucaramanga, labor a la que se dedicaba desde 1948, año en el que salió del cuartel. Entre 10 y 20 pesos era lo que ganaba semanalmente. Sus cercanos lo describían como un joven callado, que poco salía. No tenía amores o al menos no que le conocieran y parece que su principal preocupación en la vida era su trabajo.

Luis María era oriundo del Socorro y como muchos otros jóvenes anhelaba un puesto público, un empleo con el gobierno que le brindara buenos ingresos y le permitiera, quizá, salir de ese tipo de vida que llevaba. Sin embargo, su pierna le impedía, según él, conseguir el tipo de trabajo que deseaba, pues constantemente se quejaba de que ésta no le servía para nada. Uno no puede sino imaginar la frustración que un joven de 23 años podría sentir al verse en esa condición.

Por ello, quizá, tras llegar a su casa ese domingo, Luis María quería seguir bebiendo y la oportunidad se la brindó otro de sus amigos, Aníbal Consuegra, quien llegó a su casa más tarde en la noche. Ambos salieron un rato más, en esta oportunidad se dirigieron al Café Barranquilla y pidieron dos cervezas cada uno. No estuvieron mucho tiempo, pero alcanzaron a conversar. A lo mejor como previendo lo que se venía, Luis María le pidió a su amigo Aníbal que se encargara de su hermano y de su madre, pues el lunes (al día siguiente) pensaba irse de viaje a Venezuela. 

A pesar de que Luis no era muy cercano a su familia, pues la mayoría de sus pensamientos más profundos los reservaba para sus amigos, parecía tener un gran amor filial, o al menos una gran preocupación por lo que pasara con su anciana madre. Le pedía a su amigo Aníbal que tuviera mucha paciencia con ella.

Al dar más o menos las nueve de la noche, ambos salieron del café en donde estaban y caminaron hasta el parque Benjamín Herrera, allí se separaron y cada uno se fue para su casa. Aníbal, al igual que Antonio, no presentía que esa era la última vez que hablaría con su amigo, pues, de hecho, esperaba encontrarse con él para despedirlo antes de su supuesto viaje al vecino país.

Lamus llegó a su casa a eso de las diez, nadie sabe que pasó por su cabeza en esa caminata en soledad desde el parque hasta su vivienda, pero la última persona que lo vio y que habló con él fue Lola Acevedo, quien vivía en la misma casa de Lamus y su familia. Él tocó la puerta y ella lo recibió. Lamus se dirigió hacia su cuarto y encendió una vela. 

La noche de Lola se vio afectada cuando algunos minutos después de haberse acostado empezó a escuchar ruidos raros en la habitación de Luis. Intranquila, se levantó de su cama e intentó poner atención a los sonidos, pero como vio la vela encendida supuso que Lamus estaba despierto y le dio pena entrar a ver, pero los ruidos seguían. Caminó por un corto rato por la casa, pensando qué hacer, si entrar o no a ver que pasaba. Tenía un mal presentimiento, y al final éste la llevó a actuar. 

Entró a la habitación de Luis María y lo encontró acostado en su cama, como asfixiándose. Angustiada comenzó a moverlo y a llamarlo por su nombre, pero él no le contestaba. Finalmente, él la tomó por un brazo y le dijo “dígale a mi mamá que yo estoy envenenado”. Ella entendió inmediatamente lo que pasaba y en medio de la angustia le preguntó porque había hecho lo que hizo y él le respondió con una frase lapidaria: “porque estoy cansado con la vida”.

Esa última conversación con Lola fue la que permitió conocer cómo se había suicidado. Luis María le contó a su compañera de casa que se había tomado veintiocho pastillas de nembutal, y que las habían conseguido comprándolas de dos en dos, en distintas partes. Tras esas cortas palabras Lola advirtió al hermano y la madre de Luis lo que sucedía y rápidamente lo vistieron y consiguieron un carro para llevarlo al Hospital San Juan de Dios, allí los médicos intentaron salvarle la vida, mandaron a su hermano a comprar dos ampolletas de estricnina, éste las llevó y es de suponer que se las aplicaron, pero fue demasiado tarde. En la madrugada del 8 de octubre de 1951, Luis María Lamus Suárez murió. 

En los días siguientes los investigadores de la ciudad de Bucaramanga se encargaron de recoger los testimonios de las últimas personas que vieron con vida a Luis, y de esa manera reconstruir los hechos para determinar si detrás de aquella muerte podría haber un crimen. Al comprobarse el suicidio, el caso se cerró (¡dos años después!), y el expediente fue guardado en los archivos judiciales de Bucaramanga. 

Décadas más tarde, este expediente junto a miles más fue trasladado al Archivo Histórico Regional de la UIS, sitio donde reposa actualmente. 

El suicidio de este joven obrero seguramente sea olvidado, como otros cientos de miles, por el gran peso de la historia “verdaderamente importante”, sin embargo, gracias a él, podemos acercarnos un poco más a la dura vida de la clase trabajadora bumanguesa de mitad del siglo XX, conocer sus emociones, experiencias, anhelos y desilusiones. Comprobar, además, que el suicidio es un fenómeno tan interesante como doloroso. Yo, por ejemplo, no dejo de pensar desde el día en que leí este expediente, que Luis María seguro pasó los últimos días de su vida pensando en cómo acabar con ella. Preparó su muerte meticulosamente y poco a poco, muriendo de una sobredosis de barbitúricos, misma sustancia que 11 años más tarde y que en unas circunstancias muy similares, le quitaría la vida a la famosa Marilyn Monroe, razón por la que este medicamento calmante se haría tristemente famoso. 

Lo más complejo de la muerte de Lamus es comprobar, también, que las condiciones de vida de esa época, hace ya casi 70 años, siguen siendo tan similares para miles de colombianos

¿Cuántos suicidios más no serán olvidados e invisibilizados por el peso de las estadísticas? ¿Cuántos suicidios en cuarentena no serán para la historia sino una cifra más? 

Sin negar la profunda importancia de trabajos de investigación como El Suicidio de Emile Durkheim, si hablamos de clásicos, me quedo con el pequeño y recientemente traducido trabajo de Marx, Acerca del Suicidio. Sin demeritar los aportes del francés, me parece que los del alemán suscitan más el tipo de sensibilidad de la que hoy necesitan nuestros trabajos. Creo yo que mientras la muerte de un banquero siga siendo noticia mundial y la de un albañil un número en un historial, quienes nos dedicamos a la historia tenemos una ardua labor por delante, ojalá guiada por lo que nos enseñan corrientes como la de la Microhistoria o la del Grupo de Estudios Subalternos. Bien lo señalaba Bertolt Brecht sobre Tebas y sus 7 puertas, pero también George Steiner en su famosa y discutida frase “lo que no se nombra, no existe”

Luis María Lamus Suárez si existió.

A su memoria. 

Notas finales: 

  • Este escrito deriva de un proyecto de investigación histórica, actualmente en curso, sobre el fenómeno del suicidio en Bucaramanga en la primera mitad del siglo XX. Su principal objetivo es la divulgación, por ello no tiene ni la estructura, ni la rigurosidad ni la pretensión de objetividad del trabajo del que nace.  
  • Ojalá ayude a motivar la investigación sobre la historia de los grupos subalternos en Bucaramanga, así como el fortalecimiento de la inversión en esta área del conocimiento.
  • Imagen tomada de la página del Cementerio Católico Arquidiocesano de Bucaramanga

Crónica de una pandemia, academia y desempleo

Hoy es un día de esos en los que me siento frente al teclado con todo revuelto, las ganas revueltas y los recuerdos mas extraordinarios que me acosan la mente como las ganas de bailar en un antro hasta que la luz del sol reaparezca tras los cerros. Las cosas no han sido sencillas, existir siempre es un obstáculo en sí mismo, es curioso como la inercia de la vida (si se deja a su merced) lleva inevitablemente a su mas indudable contradicción.

Me dediqué a salir a las calles, a conocer personas y lugares de los que desde mi llegada a Bogotá ya me parecían mas mitos y leyendas urbanas que realidades factibles; pienso que debería dejar de fumar porque mis pulmones me rogaban descanso en el trayecto para llegar allá, no tanto por la distancia (que en una ciudad de siete millones de habitantes resultaría mas bien risible) sino por el esmog, el polvo y el hollín que se acumula en la Avenida Primero de mayo o en la Boyacá, estar ahí se sintió como el equivalente a embutirme dos cajetillas de Piel roja en media hora y ciertamente no soy un fumador compulsivo.

De igual forma, como escribo esto es una sensación mezclada de desesperanza y confusión constante, como una rescilencia a tener fe en la conciencia colectiva de la literatura, la crónica se hace cada vez mas absurda y sobrecargada de información en estos tiempos digitales, gracias a la abundante pero invisible cantidad de medios que hay para su difusión, también la explosión informativa que hace de esta un medio reiterativo e innecesario, como un apéndice que va muriendo poco a poco y que servirá solo para la revisión histórica de los hechos en un futuro lejano para estudiantes de archivística que disfruten de la arqueológica exploración de las hemerotecas del futuro.

La implosión del espacio

Tras el COVID el espacio exterior ha sido reducido tanto que se ha hecho esencial la vida herméticamente sellada de los departamentos, residencias y piezas que habitamos. Para los estudiantes que chapados a la antigua disfrutaban de largas travesías surfeando las bibliotecas públicas, su escape académico de la realidad se convirtió en un martirio de lectoescritura en Word y PDF, la oportunidad de escapar de una reducida y limitada vida de habitación o claustrofóbicas relaciones familiares quedo vetada por mas de un año, esto le sumo importancia a la distribución espacial y arquitectónica de los mal considerados hogares.

Para muchos estudiantes foráneos (es decir que habitan itinerantemente en la región donde se encuentra la universidad pero migran a sus sitios de origen cuando el semestre termina) se quedaron atrapados o huyeron tan pronto como se anunciaron las clases virtuales y ahora la relegada arquitectura colombiana adquiere un papel tan esencial como diverso pero al tiempo es la responsable de que el aislamiento sea ameno, los encerrados monoambientes estilo caja de zapatos, o las habitaciones colmena de residencias estudiantiles que tenían mas habitaciones de las que una casa de barrio podría soportar asfixian la creatividad y la capacidad humana que antes solo se ocultaba en tan lúgubres cuevas con el único fin de descansar, sin duda esto ha demostrado una de las muchas fragilidades que tenemos, cuando nuestra salud mental en sí requiere de algo que antes tal vez consideramos como secundario.

El Exhaustivo sendero del desempleo

Al tiempo que escribo esta crónica me veo abrazando un nuevo papel de desempleado en medio de una pandemia y una crisis económica mundial, algunos ahorros y el apoyo de familiares me da un respiro mientras encuentro una nueva labor paga

porque elegir en Colombia el camino de la literatura es el equivalente a un desesperado sendero Jattiniano de hambre y miseria

pero la búsqueda de empleo en Bogotá es una aventura desabrida y costosa de la que solo algunos privilegiados pueden darse gusto, gastar los ahorros en pasajes de transmilenio para ir a zonas francas y ostentosos edificios empresariales con medidas absurdas de bioseguridad para el máximo de 25 oficinistas que tuvieron la mala fortuna de ser indispensables para la operación, no es una transición placentera al shock del desempleo.

Tras el matinal y vespertino alargue del esfuerzo físico que representa la búsqueda de trabajo, las caminatas por los imponentes edificios cristalinos del norte de la ciudad, resolví ignorar la desesperación mundana y abrazar la retentiva melancolía del atardecer, ver el sol caer y morir tras los edificios y alejadas planicies que se extienden hasta el nevado del Tolima sentado en una absurda cavilación banal cargada de desasosiego.

Es hastiante el madrugar significativo y llenar de sentido una rutina extenuante de recorridos obtusos y abrumados por la esperanza, así, mientras el viento se terminaba de fumar mi cigarrillo solo vino a mi mente un recuerdo de mi mamá orgullosa por el descubrimiento que hice en el balcón del departamento, en el que durante el día las cortinas se escapaban siguiendo la brisa y en la noche se acomodaban como huyéndole a la sombra del sol. Tal vez pensó que de aquella observación había algún talento oculto que sacaría a mi familia de esa cuerda floja que es la clase media vergonzante, creo que lo único que logre fue identificar un ciclo mas de la humanidad, escapar del encierro para poder romanizarlo y luego volver placidamente a el como una pluma descendiendo levemente sobre el suelo después de una ventisca.

Sin embargo de algún modo Bogotá, esta ciudad superpoblada y desorganizada, atrapada en el subdesarrollo por una serie de problemas urbanísticos que se han venido acumulado por los años, donde las localidades se desarrollaron como pueblos y se quedaron permanentemente en esa etapa villera y semi-rural donde cuya demografía en aumento solo trajo problemas mas rápido de lo que podían resolverse; tiene su encanto, el vigor del frío nocturno y la brisa que recorre mi nuca en las tardes solo me hace alimentar una imaginación emocional y abierta de libertad, para alguien de una región cualquier metrópolis siempre vendrá acompañada de la fantasiosa puerta abierta de las oportunidades que ofrece la gran ciudad y este al final del día es el gran consuelo del desesperado joven estudiante, o trabajador, o ambos, o ninguno que se enfrenta en soledad a un mar de nubes, imponente y desapegado al dolor de las personas

donde la individualidad es sinónimo de insignificancia y la colectividad es una manifestación amenazante para el poder, de ahí el miedo al prójimo y la asociación.

La indolente levedad del asesinato

Esa es la conclusión definitiva de que el poder siempre que exista en su forma jerárquica, masiva y organizada a modo autoritario existirá como un triunfo magistral del individualismo, la pasividad de las masas ante el homicidio de estado que para el día de hoy parece mas bien un efecto común de la “nueva normalidad” que dejo el COVID, una serie de decretos autoritarios y un poder ejecutivo concentrado que, obsesionado con el control se ha dedicado a la acumulación de los poderes constitucionales y el desconocimiento de las demás ramas del poder público, la negativa a acatar el fallo de la corte constitucional a cerca de los hechos del pasado 21 de noviembre del 2019 donde cayo asesinado Dylan Cruz a manos de un agente del ESMAD y ante el reciente asesinato de Juliana Giraldo, una mujer trans, a manos de un militar en un retén vía al Cauca.

Desconocer la muerte es demasiado fácil, ignorar la complejidad de la esencia humana y reducirla a “fiambre” o el muerto, o el “muñeco” es parte de la naturaleza mas propia e intima de nuestra pírrica identidad nacional, si hay algo que es sencillo de identificar entre nosotros (y nuestros dirigentes) es esa manera de alimentar la insensibilidad e invisibilizar el misterio de una conciencia entera que se borra, ciertamente esto no es nada que no se haya dicho ya, poner una frazada o una bolsa negra sobre un cadáver e ignorar el hecho de que se está cerrando el telón de un compendio de sueños, aspiraciones y posibilidades tras un ultimátum que no escucharon a tiempo y del que no estuvieron realmente consientes hasta el momento en el que todo desaparece;

los chistes entre amigos, los romances, las notas de amor, los mensajes de cariño de mama en las mañanas, las tareas incompletas, los besos pendientes, todo eso se esfuma como una colilla desamparada que se quema hasta las cenizas en sus últimos minutos, una última mirada al cielo enrojecido por la cascada de sangre que bombea el cuerpo a la cabeza.

Si muero en medio de todo esto, solo quiero que se me entierre en Bucaramanga, asi, si dejo este mundo bajo circunstancias obscuras, que por lo menos mi familia me pueda visitar de ves en cuando, como dejando de consuelo la fantasía de que algún día podre concretar este sueño pendiente que es el mundo al cual le escribo.

Siempre cerve, nunca incerve

No hay nada mas hipócrita que unos mal llamados «influencers»

ya que en lo único que influyen es en que la ciudadania bumanguesa tenga cierta pena por vivir acá,

se queden en silencio y complicidad con las injusticias que le SUCEDEN al ciudadano de a pie; y luego salgan en sus redes a diestra y siniestra a protestar contra la violencia

¡Dizque esto es una democracia! Esto es una monarquía, y la impunidad la reina de Colombia.

Fernando Vallejo

Frases como la anterior me ha perseguido desde que realice que ser colombiano es mucho mas allá de que le pongan problema al entrar a cualquier país desde que usted presenta su pasaporte en cualquier migración. Lastimosamente es nuestro pan de cada día, en Colombia día a día se mata, se persigue, se perfila, y se roban; prácticamente todo lo que sucede en la novela la divina comedia, si Dante viera todo esto que ha pasado en este país estaría seguro que el ultimo circulo del infierno esta conformado en buscar justicia por el aparato judicial colombiano o ir a una conciliación de la Fiscalía. Tan mal se ha estado que ya se convirtió en una redundancia, lo chistoso es que rara vez depende de nosotros hacer justicia, pero cuando tenemos la oportunidad; nos tomamos un cóctel de impunidad en promoción 2×1.

Hace ya casi un año, en la noche del Sábado 21 de septiembre del 2019, Ernesto Vera salió a rumbear, no buscaba problemas o encontrarse con gente que se creyera típico matón de Salvatore Mancuso; solo quería pasarla bien con sus amigos. Como usted o como yo. Fue al lugar que estaba de moda en la ciudad y el cual nadie se preguntaba de donde salió, ya una gran parte de Bucaramanga es pura moda y presuntos lavadores de dólares de La Gata, lo que nadie se esperaba es que horas después sin razón Ernesto iba ser arrojado brutalmente hacia una acera por gente contratada por el mismo bar, luego de estar ensangrentado en el piso los dueños de este establecimiento lo humillaron y se negaron auxiliario.

Lo único que hicieron fue adoptar las politicas de los amigos de Marta Lucia Ramirez, con ayuda de las fuerzas armadas limpiar la sangre e intentar eliminar pruebas que puedan incriminarlos.

¿Que hizo la gente? siguió la rumba; pues la sangre de Ernesto no les salpico.

Lastimosamente la pesadilla de Ernesto no terminaba ahí , no terminaba luego de levantarse en la cama de un hospital preguntándose ¿por qué estaba todo ensangrentado?, ¿por qué estaba sin dientes?, ¿por qué tenia un dolor interminable? ¿por qué le hicieron eso? muchas preguntas, ninguna respuesta.

Desde ese día los de la CERVE tenían una deber moral, y no no era responderle a Ernesto y a sus padres, era hacerlo quedar como un culo para que la gente les siguiera comprando trago chicipato a precio de Andres D.C y no dejaran de ir a ese lugar; donde tratan a los clientes como guerrillero en proceso de paz.

El plan malevolo de estos arribistas comenzó como el de todo lavador de dólares cuando se siente acorralado, dándoselas de juristas comenzaron a intimidar a Ernesto a través de una bodega de perfiles falsos como todo Uribista, y a pesar de que estos fueron los que no le respondieron tuvieron el descaro de amenazarlo con persecución judicial si seguía hablando, de una u otra forma lo querían callar; yo me pregunto, si estas personas fueron tan inhumanos de amenazar a una persona la cual casi perdió la vida en su portal a Mordor ¿de qué otras formas pensaban actuar? Pues casi lo matan, lo de menos era terminar el trabajo ¿no?

Ya luego de que lo intimidaron y amenazaron con denunciarlo penalmente, tenían ellos que lavarse las manos y ahora sí y darle la espalda a la justicia ¿por que no les cerraron esa cueva? pues si ya una vez mataron a alguien en ese lugar (Drinks) y lo que hicieron fue cambiarle el nombre y todo como si nada, para ellos hacer que no les cerraran el lugar era algo tan fácil como evadir impuestos.

Contrataron de pura coincidencia al hermano del ex personero de Bucaramanga Ronald Picón, como si Bucaramanga no haya sido cuna de grandes juristas que tienen experiencia defendiendo gente con mañas de paracos como Jaime Lombana, optaron por un familiar de primera linea de la persona la cual por constitución tuvo que haber velado por la justicia y por el cumplimiento de la ley.

¿El ex personero qué hizo por este caso? ¿Le dio garantías a Ernesto? ¿O se fue a rumbear mientras Ernesto necesitaba su ayuda?

pues me imagino que la situación económica de los Picón estaba grave luego de que Fredy Anaya no ganara la alcaldía, para Rafael Picón Sarmiento; persona «honorable» que ha sido denunciado por obtener ese puesto de forma amañada a través de Wilson Mora, haya abandonado su juramento por la patria y dejar a un ciudadano desamparado para que el contrato de su hermano no se le dañara.

Pero vengan, yo puedo estar equivocado y Picón sí se dio la pela haciendo su trabajo. Pero ¿cerraron el bar? no ¿se cumplió la ley? no ¿se sanciono a la empresa de seguridad? no ¿alguien pago por un claro intento de homicidio? no ?¿Ernesto se sintió respaldado? no

Entonces una de dos; Rafael Picón se hizo el huevon o es un huevon.

¿Quién fue el responsable?

Los de la CERVE: Roberto Acuña, Camilo Rodríguez, Juan Diego Padilla, Betico Uribe, David amado, Brandon Leiva (entre otros parroquianos) dicen que no, que nada tienen que ver y que prácticamente los de la empresa de seguridad en puro acto de altruismo decidieron intentar matar a alguien. ¿Entonces qué paso con la empresa se seguridad? Pues ¿qué se puede esperar de una empresa de seguridad (Staff Pro) que tiene la misma estructura que la de un niño en Divercity? La mayoría de los empleados de Staff Pro son extranjeros sin papeles, sin permiso para trabajar, sin capacitación, sin contrato, sin prestaciones y sin garantías la laborales.

Lo surrealista es que las autoridades se tiran con toda con las personas que venden Frunas en la calle pero a estos manes les dejan operar como dejan operar a Sarmiento Angulo. Una de las personas que casi mata a Ernesto no estaba documentada por la empresa, no se le pudo hacer nada jurídicamente ¿esas son las garantías que ofrece Staff Pro a sus usuarios? ¿Dónde está la sanción? ¿dónde está la super intendencia? me imagino que ocupada jodiendo a gente que vende replicas triple AA de los Yeezys o a la típica miscelánea.

El dueño de esta vaina, Oscar Eduardo Calderon (ni si quiera se puede llamar empresa) es tan descarado que no le dio ninguna relevancia a lo que le sucedió a Ernesto, lo que si hizo fue burlarse en la cara de Ernesto y todos sus familiares.

Se ideo toda un a campaña publicitaria junto a los socios del local para justificar lo que le hicieron a Ernesto. Primero argumentaron que Ernesto estaba muy borracho, ocasionando problemas que atentaban contra la integridad de los demás asistentes. Lo curioso de esto es que los videos de las cámaras de seguridad de esa noche se puede claramente evidenciar que Ernesto no tenia nada que ver con los del problema.

Pude haber con Ernesto luego y me comento que se tomo solo un par de tragos, pero nada para estar borracho. ¡Aun dicho esto, es una discoteca! obviamente allá se toma licor, eso y nada justifica lo que le hicieron. Les juro por la biblia de Alejandro Ordoñez que a Betico y sus amigos los vamos a ver pronto rogándole a Carlos Cardenas que les dejen vender trago ¿pero no que es peligroso Betico?

Argumentaron que el protocolo es el mismo que implementa la policía, y yo ellos si les acepto esta excusa; pues estos mismos protocolos policiales son conocidos por ser un completo abuso de autoridad y violar de derechos humanos, protocolos que estas semanas les ha cobrado la vida a mas de 13 colombianos.

Los medios tradicionales como Canal Tro (canal público) le dieron fue el espacio al hermano del personero para que de una u otra manera le lavara las manos a los de la CERVE y tirara indirectas que fue culpa de Ernesto y que gracias a el los estaban amenazando.

Ya con este plan en marcha le faltaba les faltaba poco para coronar, lograr su cometido con total impunidad, y la sociedad se olvidara de lo sucedido. Se inventaron campañas como «Siempre Cerve nunca Incerve» la cual lejos de funcionar daban pena ajena, yo creo que ni Dago Garcia se inventaría una campaña tan patética, pero luego de un tiempo dieron en el clavo que era.

Trajeron a la farándula chichipata, que a pesar de ser chicipata muchos bumangueses tienen cierta actitud de lamboneria hacia ellos, como sí un par de BOTS quitara lo arribista.

Estos personajes comenzaron a frecuentar la CERVE, a subir historias, patrocinar eventos, promocionar tragos 2×1, invitar amigos, y atacar a Ernesto tratándolo de borracho, y problemático. Se encargaron de hacer que la CERVE volviera a estar en la moda bumanguesa, ya a cuatro meses de lo sucedido ese lugar parecía una reunión del Centro Democratico; lleno, pero de hampones y arribistas.

El aparato judicial colombiano no fallo justicia, pero a diferencia de la mayoría de los casos donde la injusticia abunda, esta vez se podía hacer algo, esta vez dependia de la ciudadania darles a los de la CERVE su merecido ¿cómo? fácil, dejando de ir. Pero al parecer una gran parte de los bumangueses como lambones se fueron de fiesta de impunidad.

Personalmente soy amigo de algunos influencers bumangueses que han salido adelante a punta de creatividad; se han equivocado tanto como han acertado; otros viven de esa forma políticamente incorrecta que es de admirar, se el trabajo que eso conlleva y estoy consiente que muchas veces no es tan fácil como parece.

Pero eso no quita que la gran mayoría sean una partida de hijueputas;

Acá se puede dar el mismo argumento de no generalización «ay no generalices, algunos son buenos por que se dignan a saludarme o a tomarse una foto conmigo» bueno, es entendible; la generalización en ciertos contextos tiende a ser injusta, Pero si usted es de estos «influencers buenos» y ve injusticias, burlas, y impunidad y no dice nada; usted es complice. «Callarse es estar del lado del opresor»

Estos personajes pueden justificar estas acciones con cosas como «es mi trabajo» «me estaba pagando» pero entonces

¿en qué se diferencian de un matón? ¿todo vale siempre y cuando me sirva para ganar plata?

Basados en esta logica, a esta gente la da igual sé si burlan de alguien que casi perdió la vida, si no se hace justicia o si se asesina indiscriminadamente. Lo importante es que los vean dándoselas de Gretta Thumberg o Francisco Vera en Instagram para dárselas de sibaritos.

Ninguna de estas personas va a sacar un video denunciando y afirmando que lo que le pasó a Ernesto es detestable y merece todo el reproche de la sociedad bumanguesa . No van a salir a llamar a los de la CERVE y a los de Staff Pro como lo que son: Unos pirobos inhumanos. Eso no da tantos me gustas como sacar videos hipócritas sobre la violencia nacional. Este mismo silencio veremos de estos personajes con la causas que no son lo suficientemente mediaticas, con las causas que generan un debate local, de eso nunca veremos

Tuve la oportunidad de conocer a Ernesto, no es por lambonearlo pero realmente es una persona muy fuerte; Al ver que un incidente del cual el no tuvo nada que ver le cambio la vida de una forma radical, el solo quiere que no exista impunidad, que le respondan; que los de Staff Pro y Roberto Acuña, Camilo Rodríguez, Juan Diego Padilla, Betico Uribe, David amado, Brandon Leiva; no se sigan burlando de él; o lo continúen amenazando a lo típico paramilitar.

Pudo haber sido cualquiera, y quien sabe que tal que sea usted mañana ¿va a decir «Siempre Cerve nunca incerve?

Cuando te duele la patria

Despiertas un día cualquiera del 2020 predispuesto al caos, te sientes medianamente bien con tu existencia y en apariencia todo marcha de forma natural, los vecinos despertaron hace mucho y escuchas que quizás hay más ruido en el ambiente de lo habitual, ¿muchas personas hablando a la vez?

Quizás… Piensas que muy posiblemente andas paranoico y para distraer tu mente de dichas disertaciones revisas por primera vez tu móvil, es tarde, pero qué más da, el tiempo en pandemia transcurre distinto, de repente abres la siempre caótica sección de noticias nacionales, las lees por rutina, las lees solo para tener el primer enojo del día, eres colombiano, disfrutas ese primer ¡arrecheron!

Igual… Qué más da, estas predispuesto a todo, sabes que el caos es tu cotidianeidad y nada puede perturbarte más de lo suficiente, te preguntas que sucederá hoy en el país de la eterna distopía ¿quizás una reforma laboral que jamás te permitirá acceder a la pensión? ¿será una nueva licitación fraudulenta y acomodada? ¿hay una nueva jugadita de Uribe? O en cambio ¿un nuevo préstamo del Estado a una multinacional extranjera? Te preguntas con que te indignaras hoy, y entonces sientes nervios, pues cualquier titular podría desencadenar tu primera indignación matutina, pero lo que no sabes es que quizás no estabas lo suficientemente predispuesto al caos, lo que lees en primera plana te desborda, te derrumba, lees una y otra vez el titular mientras no sabes cómo reaccionar ante las palabras que superan tu razón: “murió tras procedimiento policial”.

Te preguntas como es eso posible, que clase de procedimiento policial hace que uno se muera, ¿acaso dicho procedimiento estará en los estatutos de esa institución y no lo sabias?

Lo piensas una y otra vez, no eres tonto, es imposible que algo así sea plausible, no tiene sentido que la policía un organismo de protección civil pueda matarte aplicando alguno de sus procedimientos y entonces sabes que has llegado a una certeza, una certeza irrefutable, no murió tras procedimiento policial, sabes que Javier Ordoñez fue brutalmente asesinado por la policía. 

Ahora solo buscas que los medios de difusión masiva confirmen tu hipótesis, no se necesita una inteligencia desbordada para llegar a ella, pero entonces… Nada. En las noticias perpetúan la misma premisa de encubrimiento en donde no se admite abiertamente la responsabilidad de ningún policía, ni se usan los vocablos idóneos para referir la situación; reproducen el video una y otra vez, oyes las palabras “por favor, por favor, ya, ya por favor”, mientras piensas que en su situación no serias tan educado,  fantaseas con todos los improperios que les proferirías, mientras sientes como en carne propia cada una de las descargas, te das cuenta que te duelen, sientes como con cada disparo del taser se te eriza la piel, te percatas entonces de que te duele la patria, y te duele justo en el alma.  

Estas más que indignado, pues en ningún momento la palabra asesinato fue siquiera contemplada como la idónea, en cambio la que si se usa es “presunto”, sabes que en Colombia el presunto aplica a todo contexto y comprendes ahora que de los medios masivos ya no obtendrás la verdad ni siquiera su asomo. 

Es otro día más en Locombia, aunque este se siente especialmente gris, hoy no serás el mismo, pues las palabras de Javier Ordoñez se reproducen una y otra vez en tu cabeza, no tienes hambre… Sales a la calle como para tantear la situación y entonces vez la ciudad llena de policía, sientes miedo, te sientes especialmente vulnerable.

Pasa una patrulla y corriendo con el corazón a mil te cambias de acera, ahora lo confirmas, le temes a la policía, le temes más que al COVID,

descubres además que también los odias, les quieres gritar ¡asesinos! Les quieres materializar tu enojo, pero luego recuerdas que ellos mataron a un ciudadano como tú sin contemplación, no quieres morir, no hoy. Vuelves a casa, publicas tu indignación por redes sociales como placebo y como terapia, pero aun te sientes impotente, sigues enfermo… Te duele la patria.